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Mostrando entradas de junio, 2010

Normas cívicas

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Si este verano va usted al norte de Europa le aconsejo que no haga ciertas cosas a las que está acostumbrado. Si se le ocurre cruzar una calle en Alemania, debe saber que sólo lo puede hacer por los pasos de peatones. Además hay que hacerlo cuando el semáforo de los viandantes esté en verde. No vale disculparse con que no venían vehículos o que no había ningún policía cerca. Es más, si se atreve a burlar la norma, cualquier otro ciudadano le echará una bronca en un idioma ininteligible, con un tono que parecerá que le están mandando a Auschwitz, hasta el punto que echará de menos la presencia de un agente al que pagarle una multa. A cualquier extranjero le alucina, como dicen por aquí, la falta de civismo de los españoles. A alguno de ellos lo he visto con cara de estupefacción en los bares de las estaciones de tren de Mérida y Badajoz, donde está prohibido fumar pero hay una humareda impune. Pero no se te ocurra velar por la educació

Manual de maquillaje

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Make up en inglés puede significar maquillaje o inventar . En su día me pareció curioso y extraño, pero con el tiempo me di cuenta de que tenía su lógica: cuando alguien dedica buenas horas a pintarse delante de un espejo es porque está inventándose un nuevo ser. Quienes entienden algo de maquillaje saben que su objetivo principal es el de ocultar los defectos y mejorar la apariencia. El éxito absoluto se consigue cuando el artificio se hace tan sutil que es imperceptible a los ojos de los demás. Otra forma de maquillaje es el retoque fotográfico digital, que ha permitido que todos los candidatos electorales luzcan pieles bronceadas, sin arrugas ni imperfecciones físicas. En ocasiones se usa de forma tan desmedida que nos cuesta reconocer en los carteles a nuestros alcaldes y concejales. Dicen que Grecia también se ha dedicado a maquillar. En lugar de maquear rostros, ha modificado sus datos económicos durante años sin que en Br

José Saramago

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El 8 de octubre de de 1998 leí en el teletexto la noticia de la concesión del premio Nobel de literatura a  José Saramago , y minutos después recibí la llamada de mi madre, que quería felicitarme y darme la noticia. Le di las gracias y comencé a hablar con una alegría e ilusión desbordante, hasta que me di cuenta de lo ridículo de la situación, puesto que el premiado no era yo, que jamás he escrito nada medio decente. Entonces comprendí que cuando premian a un escritor, los lectores asiduos recibimos también un pequeño galardón. Mientras veía las imágenes de José Saramago en el aeropuerto de Frankfurt, recordé aquella tarde del viernes 28 de mayo de 1993, cuando me firmaba un ejemplar de  Historia del cerco de Lisboa  en la Avenida de Huelva de la capital pacense, apretaba mi mano y era interrumpido por  Pilar del Río , que le daba la triste noticia del infarto de  Julio Anguita . Desde entonces he ido leyendo sus libros y mentiría si dijera que todos me han gustado y apasionado

Ideologías apolíticas

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Dicen las malas lenguas que en los últimos años se ha empezado a vender de forma inesperada un libro de Gonzalo Fernández de la Mora titulado El crepúsculo de las ideologías. Por un momento pensé que se debía a la torpeza para comprar por internet de quienes devoran novelas de vampiros , pero algunos datos me hicieron dudar y preguntarme si el ministro de la dictadura habría logrado convencer a buena parte de la población. Uno de esos datos es que el adjetivo apolítico sea hoy un sinónimo de bondad, y que cualquier ente revestido de ideología sea considerado una reencarnación de satanás. Hay quienes creen que el abstencionismo, la apatía o el desinterés por los asuntos públicos les convierte en seres celestiales y virginales. En cambio, siempre he considerado que ser apolítico es una imposibilidad metafísica, porque el silencio o la inacción ante la realidad son también una forma de decantarse tan responsable (o irresponsable) como la del más ruidoso de los activistas. El apolítico

Sindicatos y seguros

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Las compañías de seguros no son un dechado de virtudes. Hay algunas que te resuelven los problemas de mala manera y casi todas esconden con letra microscópica una cláusula traicionera. En cambio, son pocos los insensatos que van por ahí sin suscribir algún tipo de seguro porque, a pesar de lo mejorable de muchos servicios y prestaciones, es algo que se nos ha ido quedando en nuestra cultura de lo cotidiano. No ocurre lo mismo en otros países, en los que la palabra póliza se confunde fácilmente con paliza . Aquí también nos han quedado restos de tercermundismo en algunos aspectos de las costumbres vitales y en el ejercicio de la ciudadanía. Así, mientras en los países escandinavos apenas se concibe trabajar sin estar sindicado, aquí se ha extendido el bulo de que hacerlo es meterse en jaleos, ser un protestón o un buscador de líos. Incluso nombras la expresión caja de resistencia y algunos van a buscarla junto a la de los fusibles. Si me pusiera a detallar aspectos criticables de cada