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Mostrando entradas de enero, 2011

Hombres buenos

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Cuando vi a Morgan Freeman haciendo de Mandela en Invictus pensé que todos los políticos del mundo deberían ver esa película. No es que sea una obra maestra del cine, incluso tiene exceso de melés , pero es capaz de trasmitir muchas enseñanzas imprescindibles para quienes han de lidiar con graves conflictos. A mediados de los años 90 el líder surafricano habría tenido toda la legitimidad del mundo para vengar las afrentas sufridas por él mismo y por los suyos, pero optó por tender la mano a sus más crueles opresores para construir una nueva sociedad. Que cada uno lo lea como quiera, pero la paz y la convivencia, aquí y en China, necesitan inteligencia y generosidad a partes iguales, una fórmula que tal vez no se use demasiado. Es más fácil no tener piedad con el enemigo que huye, aunque el refranero aconseje ponerle un puente de plata, que arriesgarse a poner los pilares de una difícil coexistencia entre quienes fueron víctimas y verdugos. Entraba Madiba en el hospital cuando con

Lenguas hermanas

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Siempre me ha interesado observar la relación que existe entre hablantes de lenguas hermanas. Alguien me dijo que los holandeses entienden a los alemanes , y los noruegos a los suecos , pero esa capacidad de comprender no se da en sentido inverso. Parece ser que no se trata de complejas causas lingüísticas sino de otras un tanto inconfesables. La semana pasada saltó la polémica en España por culpa del uso del catalán, gallego y euskera en el Senado . Se supone que ese es el foro donde los territorios están representados, pero se impedía hablar a ciudadanos españoles en su propia lengua materna. Como quizá da vergüenza reconocer cierta aversión a esas lenguas, todo el revuelo se ha camuflado en el derroche que supone pagar traductores. Y la pregunta que me hago es por qué se han contratado traductores de las tres lenguas. He de reconocer que el euskera es un idioma difícil de entender y que, por su singularidad, merecería tener el mismo tratamiento que damos a otras joyas de nuestro pat

Obsolescencia y decrecimiento

  En la campaña electoral de 1993 escuché por primera vez el concepto de obsolescencia programada . Recuerdo que en una de las tertulias de Jesús Hermida hubo alguno que se hartó de reírse y ridiculizar al político , sobre el que bromearon en torno al adjetivo obsoleto . El domingo de la semana pasada nos ofreció La 2 un documental sobre cómo se organiza la producción industrial. Todo lo que utilizamos podría tener una duración mucho más larga, pero está predeterminado para que tengamos que convertirlo en basura antes de lo debido. El documental acababa hablando de decrecimiento , un concepto sobre el que tendremos que debatir muy seriamente en los próximos años. La verdad universal de la economía se basa en que hay que producir más, vender más, transformar más materias primas, consumir más energía para que las cuentas de resultados tengan más beneficios que el año anterior y puedan repartir más dividendos. Seguimos viendo como lejano el día en que los recursos finitos del pla

Obsolescencia programada

Magnífico documental que emitió La 2 el pasado domingo Comprar, tirar, comprar

Vale

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En la televisión portuguesa había un humorista que imitaba a los españoles diciendo constantemente la palabra “vale”. Luego fui reparando y me di cuenta de que, quizá inconscientemente, nuestras conversaciones están plagadas de esas cuatro letras, que ya han perdido por completo el sentido latino que exhortaba a cuidarnos en salud, y que se usaba como colofón de todas las cartas. Hoy sirve para todo. Los padres lo usan de forma intermitente y remarcando la primera sílaba cuando sus hijos pequeños no dejan de joder con la pelota, como diría Serrat . Una señora en el tren respondió catorce veces con la palabrita a una llamada en su móvil. Incluso los llamados Reyes Magos también han empezado a abusar de la expresión y dejan sobres en cuyo interior se puede leer algo tan prosaico como “vale por un jersey”. Así que las tiendas se han llenado este fin de semana de quienes querían convertir el cartoncito o la tarjeta de regalo en una prenda de abrigo de lana. Más gente que nunca, menos perso

Nebulosas grises

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Recuerdo mis primeros días de Facultad como grises, nebulosos y asfixiantes. No hablo del clima de aquellas fechas, ni es una descripción psicológica de sentimientos. Me refiero al interior de las aulas, sobre las que sobrevolaba una neblina que impedía ver los trazos de tiza del profesor Rebollo o del inolvidable Ángel Rodríguez Sánchez . Los pupitres corridos se llenaban de improvisados ceniceros de papel y el asma me obligaba a acercarme a las puertas que daban a unas terrazas desde las que veíamos la montaña cacereña. En alguna ocasión intenté abrir la ventana para respirar, pero la inmensa mayoría de mis compañeros, con su Ducados en la mano, se abalanzaron sobre mí tachándome de insensato e insolidario: las rendijas de aire fresco que me permitían respirar eran para ellos un frío insoportable y asesino.  Parece mentira. Y nos lo parecerá también dentro de unos años, cuando contemos a nuestros nietos que hubo un tiempo en el que tomar una café y una tostada sin humo era muy difí