29 octubre, 2012

Negrita



Las normas de estilo de este periódico aconsejan que los nombres propios de persona aparezcan con letra negrita en artículos y columnas. Si comenzara la de hoy mencionando a Brad Pitt, Shakira o Cristiano Ronaldo, podría captar más fácilmente la atención de ese lector despistado, que mira de reojo las páginas de opinión y que solo empieza a leer cuando le pica la curiosidad. Hoy me hubiera gustado llenar todo la columna de nombres, contar algo de cada hombre, de cada mujer, de cada niña negrita que perdió su vida entre Alhucemas y Almería. Ya nos han dicho que eran subsaharianos, sin explicarnos si el adjetivo llega hasta Mali, Zambia o incluso a los rubios de Sudáfrica. Pero cuando escribo estas líneas todavía no sabemos el número exacto de seres humanos que viajaban en la patera, y Ztardaremos en conocer sus nombres y apellidos. Quizá no los sepamos nunca, porque quien huye de la muerte en lo último que repara es en llevar unos papeles que acabarán mojados, literal y metafóricamente hablando. Tampoco serviría de nada llenar este espacio con nombres raros, impronunciables, con haches intercaladas entre varias consonantes y que nos habrían sonado a chino cantonés. Todo el fin de semana pensando en el drama de José Miguel Domingo, ese señor de 54 años al que le encajaban todas las acepciones del verbo desahuciar, y vemos decenas de vidas ahogadas que soñaban con nuestras migajas, para quienes nuestras miserias eran un pequeño paraíso. No habrá funerales de estado para las víctimas de estos nuevos terrorismos: ni pésames, ni abrazo de las autoridades. Nada. Ni siquiera un nombre que poner en negrita.  

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de octubre de 2012.

22 octubre, 2012

No se distraigan



En un programa de la tele desvelaban los trucos de magia y hoy tiene mucho éxito otro en el que descubren el modus operandi de estafadores y ladrones. En ambos casos la clave está en distraer al sujeto y hacerle mirar hacia otro sitio. Ves los programas y no sabes si exclamar qué listos son o qué tontos estamos. Conocidos estos entresijos, empiezas a tener la sensación de que tenemos señuelos por doquier, que estamos rodeados de carteristas que te gritan que tienes una mancha en la camisa para robarte fácilmente la cartera. Es lo que ocurre con los que llevan el foco de los debates hacia detalles para que pase inadvertido lo fundamental. Y al final consiguen que la población más acrítica acabe pensando que los problemas del mundo los provocan los que protestan contra las injusticias y no las injusticias en sí mismas. Ya hemos discutido si es moral una huelga de padres de alumnos en lugar de levantarnos contra el desmantelamiento de la educación pública, donde los niños pueden pasar diez jornadas sin clase real porque ese es el tiempo que tardan en cubrirse las bajas por enfermedad. No sabemos si es peor que nos consideren unos panolis o, como declaraba la filósofa Susan George, ratas de laboratorio a las que están probando para saber cuánto castigo aguantan sin rebelarse. Les adelanto los resultados del experimento: aguantaremos lo que nos digan y más. Pero no porque no seamos conscientes de que nos están poniendo a prueba, sino porque entre nosotros mismos hay demasiado pusilánime que cree que se salvará de la quema si traiciona a los de su clase. Así que no se distraigan, por favor.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 22 de octubre de 2012.

15 octubre, 2012

Izar y arriar


Me gustan los sufijos que convierten en verbo cualquier sustancia. Caramelizar y cristalizar tienen música propia y sugieren imágenes de postal o texturas de mil sabores. Lo malo de atiborrarse de verbos acabados en -izar es que hay que reparar bien en las contraindicaciones y efectos secundarios, no vaya a ser que para curar un dolor de cabeza estemos provocando una úlcera de estómago. El viernes celebraban algunos los 520 años de aquellas aventuras para descubrir, conquistar, castellanizar y evangelizar lo que llamaban nuevo mundo, mientras otros nos llevábamos las manos a la cabeza a causa de las palabras wertidas por el ministro de educación. Se equivoca Wert si cree que los anhelos independentistas de cada rincón de las Españas se atajan contando en los libros de texto que somos una unidad inquebrantable y unánime desde que Isabel se casara con Fernando. Y no sólo es inútil, sino que puede tener un efecto contrario al deseado: la mejor manera de convencer a quien quiere abandonarte para que no lo haga no es forzándole a ser como tú. De hecho, es mucho más recomendable realizar el viaje en sentido inverso, intentando comprender y parecerte a la otra persona. Pero la verdad es que no veo el patio castellano muy dispuesto a catalanizarse ni un solo milímetro. Lo más grave de este asunto es que el mismo ministro que hace unos meses eliminó algunos Derechos Humanos del curriculum de la asignatura de Educación para la Ciudadanía por considerarlos adoctrinantes, el miércoles pasado no tenía reparo en ir a españolizar Cataluña. En estos asuntos de banderas siempre es mejor arriar que izar. Creo.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 15 de octubre de 2012.

08 octubre, 2012

En las calles


Cuando uno cambia la disposición de los muebles en casa tarda un tiempo en acostumbrarse. Incluso el eco es diferente y uno no termina de acomodarse hasta que llega un día en el que ya no te acuerdas de cómo estaba antes. Abandonamos la contraportada y nos colocamos en las páginas del medio, como más resguardados, con la tranquilidad de que ya no veremos nuestra fotografía en una esquina de la barra y con manchas de café. Al abrigo de las páginas centrales da la sensación de que se puede escribir cualquier cosa y que podríamos afirmar más facilmente, por ejemplo, que el que ha prohibido comer en las calles de Roma es un mentecato. Pero no sería ni elegante ni inteligente. Primero porque dudo de que se llegara a enterar del insulto el alcalde Gianni Alemanno y, en segundo lugar, porque las ofensas y las agresiones no suelen servir para modificar los comportamientos ajenos. ¿Acaso creen que el juez Pedraz va a ser otro tras haber escuchado lo de pijoácrata? Mas vale dejarse de insultos y preocuparse por lo único que le queda a los que nada tienen: la calle, ese lugar al que te envían -precedido de cuatro letras- cuando ya no quieren que estés en un sitio. En Roma no te dejan ni dar bocado al aire libre y por aquí quieren modificar las leyes para que quienes ponen en tela de juicio el orden establecido no formen grupos, circulen y se disuelvan. Ya murió el que dijo que la calle era suya, pero algunos de sus secuaces estarían dispuestos a superar, en pleno siglo XXI, la ya mítica frase del fundador del partido. Acabarán privatizando la intemperie y cobrando el IBI a los sin techo. Al tiempo.


Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 8 de octubre de 2012

01 octubre, 2012

La chica del jersey rojo


Tenía el cabello un poco rizado y ligeramente rojizo, pulseras en la muñeca y números romanos sobre el pecho de su jersey rojo. Estaba en la calle, intentando ser una ciudadana y hacer uso de esos artículos que garantizan poder decir lo que se piensa. De repente la empujan, la arrastran y la apalean. De nada sirvió que vinieran en su ayuda porque la decisión arbitraria de la ira vestida de azul se había cernido sobre ella. La agarraron por los pelos, siguieron descargando con saña fuertes porrazos en su espalda y le apretaron el cuello sin contemplaciones. La chica del jersey rojo fue detenida y querían condenarla a cinco años de cárcel por atentar contra las altas instituciones de la nación. En otras ocasiones se habría tragado la pena que hubieran querido los jueces, acostumbrados a dar mayor veracidad al testimonio de un funcionario que al de una ciudadana, pero hoy nada es como antes: todo el mundo tiene una cámara en el bolsillo y hemos podido ver que la chica del jersey rojo no había hecho nada punible para ser detenida. Sus heridas y malos ratos son consecuencia del azar y la arbitrariedad irracional. Y nadie explica por qué los antidisturbios apaleaban a unos y no a otros, por qué detenían a unos y no a otros, por qué se infiltraban entre los manifestantes y eran los primeros en lanzar las piedras. Pero Rajoy no respondió, se fumó un puro en Nueva York y se apuntó en su haber a todo el que no estaba esa noche junto a la fuente de Neptuno. Lo resumía el martes un señor atemorizado en un andén de Atocha: vergüenza. Es lo que hemos sentido algunos al ver a la chica del jersey rojo.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 1 de octubre de 2012.

El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...