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Mostrando entradas de octubre, 2012

Negrita

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Las normas de estilo de este periódico aconsejan que los nombres propios de persona aparezcan con letra negrita en artículos y columnas. Si comenzara la de hoy mencionando a   Brad Pitt ,   Shakira   o   Cristiano Ronaldo,   podría captar más fácilmente la atención de ese lector despistado, que mira de reojo las páginas de opinión y que solo empieza a leer cuando le pica la curiosidad. Hoy me hubiera gustado llenar todo la columna de nombres, contar algo de cada hombre, de cada mujer, de cada niña negrita que perdió su vida entre Alhucemas y Almería. Ya nos han dicho que eran subsaharianos, sin explicarnos si el adjetivo llega hasta Mali, Zambia o incluso a los rubios de Sudáfrica. Pero cuando escribo estas líneas todavía no sabemos el número exacto de seres humanos que viajaban en la patera, y Ztardaremos en conocer sus nombres y apellidos. Quizá no los sepamos nunca, porque quien huye de la muerte en lo último que repara es en llevar unos papeles que acabarán mojados, literal

No se distraigan

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En un programa de la tele desvelaban los trucos de magia y hoy tiene mucho éxito otro en el que descubren el modus operandi de estafadores y ladrones . En ambos casos la clave está en distraer al sujeto y hacerle mirar hacia otro sitio. Ves los programas y no sabes si exclamar qué listos son o qué tontos estamos. Conocidos estos entresijos, empiezas a tener la sensación de que tenemos señuelos por doquier, que estamos rodeados de carteristas que te gritan que tienes una mancha en la camisa para robarte fácilmente la cartera. Es lo que ocurre con los que llevan el foco de los debates hacia detalles para que pase inadvertido lo fundamental. Y al final consiguen que la población más acrítica acabe pensando que los problemas del mundo los provocan los que protestan contra las injusticias y no las injusticias en sí mismas. Ya hemos discutido si es moral una huelga de padres de alumnos en lugar de levantarnos contra el desmantelamiento de la educación pública, donde los niños pued

Izar y arriar

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Me gustan los sufijos que convierten en verbo cualquier sustancia. Caramelizar y cristalizar tienen música propia y sugieren imágenes de postal o texturas de mil sabores. Lo malo de atiborrarse de verbos acabados en -izar es que hay que reparar bien en las contraindicaciones y efectos secundarios, no vaya a ser que para curar un dolor de cabeza estemos provocando una úlcera de estómago. El viernes celebraban algunos los 520 años de aquellas aventuras para descubrir, conquistar, castellanizar y evangelizar lo que llamaban nuevo mundo, mientras otros nos llevábamos las manos a la cabeza a causa de las palabras wertidas por el ministro de educación. Se equivoca Wert si cree que los anhelos independentistas de cada rincón de las Españas se atajan contando en los libros de texto que somos una unidad inquebrantable y unánime desde que Isabel se casara con Fernando. Y no sólo es inútil, sino que puede tener un efecto contrario al deseado: la mejor manera

En las calles

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Cuando uno cambia la disposición de los muebles en casa tarda un tiempo en acostumbrarse. Incluso el eco es diferente y uno no termina de acomodarse hasta que llega un día en el que ya no te acuerdas de cómo estaba antes. Abandonamos la contraportada y nos colocamos en las páginas del medio, como más resguardados, con la tranquilidad de que ya no veremos nuestra fotografía en una esquina de la barra y con manchas de café. Al abrigo de las páginas centrales da la sensación de que se puede escribir cualquier cosa y que podríamos afirmar más facilmente, por ejemplo, que el que ha prohibido comer en las calles de Roma es un mentecato. Pero no sería ni elegante ni inteligente. Primero porque dudo de que se llegara a enterar del insulto el alcalde Gianni Alemanno y, en segundo lugar, porque las ofensas y las agresiones no suelen servir para modificar los comportamientos ajenos. ¿Acaso creen que el juez Pedraz va a ser otro tras haber escuchado lo de pijoácrata ? Mas vale dejarse de insul

La chica del jersey rojo

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Tenía el cabello un poco rizado y ligeramente rojizo, pulseras en la muñeca y números romanos sobre el pecho de su jersey rojo. Estaba en la calle, intentando ser una ciudadana y hacer uso de esos artículos que garantizan poder decir lo que se piensa. De repente la empujan, la arrastran y la apalean . De nada sirvió que vinieran en su ayuda porque la decisión arbitraria de la ira vestida de azul se había cernido sobre ella. La agarraron por los pelos, siguieron descargando con saña fuertes porrazos en su espalda y le apretaron el cuello sin contemplaciones. La chica del jersey rojo fue detenida y querían condenarla a cinco años de cárcel por atentar contra las altas instituciones de la nación. En otras ocasiones se habría tragado la pena que hubieran querido los jueces, acostumbrados a dar mayor veracidad al testimonio de un funcionario que al de una ciudadana, pero hoy nada es como antes: todo el mundo tiene una cámara en el bolsillo y hemos podi