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Mostrando entradas de diciembre, 2013

1983

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Entre mis pocas habilidades está la de acordarme de casi todos los años vividos: me dan una cifra y la sitúo en el tiempo, con hechos que fueron noticia o con anécdotas de las que fui testigo. En 1983 estaba todavía en el instituto, en las clases de Filosofía comenzábamos a razonar y debatir sobre lo que en aquellos momentos era actualidad y recuerdo, como si fuera hoy, que estuvimos hablando sobre la ley del aborto de aquel año, partiendo de la lectura de un artículo de Savater . Jamás pude imaginar que en una cuestión como la interrupción voluntaria del embarazo podríamos regresar treinta años atrás, como si fuéramos  Michael J. Fox   en una de esas películas que tanto reponen en estas fechas . Todo parece indicar que empezaremos de nuevo, que volverán a anunciarse viajes a Londres para las que tengan dinero, y que regresarán los insalubres abortos clandestinos para las pobres. Lo que no sabemos es si la influencia en el Gobierno de las sectas religiosas se

En estos días

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Unos amigos mantuvieron durante bastante tiempo la sana costumbre de aprovechar estas fechas para un gran viaje anual, normalmente a lugares más cálidos, y en los que apenas hubiera un atisbo navideño. Al regreso nos contaban historias curiosas de Senegal o de la Amazonia brasileña, alejados de comilonas, compromisos, excesos, compras, derroches, regalos y mil sustantivos similares que pueden imaginar.   Seguro que todo el mundo conoce a alguien a quien le gustaría huir durante estos días, pasar rápidamente las hojas de este calendario construido sobre ritos y celebraciones, en los que el sol y la luna fueron sus primitivos protagonistas naturales, y sobre los que dioses, reyes y tribunos han ido colocándose para mayor gloria de sí mismos. Pero no voy a plantarles una monserga y ponerme a maldecir sobre los divertimentos del personal. En un mundo en el que cada vez son más frecuentes los encuentros virtuales y donde el roce de la piel o la mirada en los ojos es

Tener y no tener

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Han pasado más de diez días desde que nos dejó Mandela y algunos sentimos cierta indignación ante el espectáculo de hipocresía que hemos podido presenciar: apenados asistentes al funeral, como Cavaco Silva , que en su día se negaron a pedir su libertad, por no hablar de mandatarios de partidos políticos que tildaron a Madiba de terrorista hasta anteayer. Pero esto no es nada comparado con la  vergonzosa doble moral que durante dos semanas se viene derramando por parte de medio mundo y que se refiere a otros sistemas de apartheid y de discriminación que en nada se diferencian de aquel contra el que el venerado líder africano luchó durante toda su vida. Hoy nos avergonzaría discriminar abiertamente en función del color de la piel pero no hay ningún rubor en hacerlo por otros motivos. Así, por ejemplo, permitimos que un rubio con dinero se instale a vivir en una casa de Mallorca, aunque impedimos que una mujer de Mali y su hija intenten salvar sus vidas cruzando a este lado de

Puentes

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Hay algunas personas que no sentimos excesiva pasión por lo que hay detrás de nuestros días festivos, bien porque no comulgamos con una constitución que nos gustaría reformar de cabo a rabo, o bien porque no acabamos de creernos misteriosas concepciones inmaculadas. Eso no nos resta interés y alegría por disfrutar de algún día vacacional extraordinario, incluso si se tiene la suerte de ejercer una profesión entretenida y gratificante, porque el trabajo es muy importante en el vida, sin duda, pero no es la vida. Resulta curioso que cada vez que se juntan tres días de holganza, que no es lo mismo que la holgazanería, salga una legión de voceros apocalípticos con un sermón sobre la productividad que parece salido del cajón de guionistas de Intereconomía . Y es que quienes hacen los números sobre lo que se pierde en estos fines de semana prolongados suelen ocultar muchos datos, como el hecho de que seamos el segundo país europeo con menos festivos . Además, tampoco tienen en

Fundido a negro

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Ya han liberado en Rusia a todos los activistas de  Greenpeace , aquellos que estaban  encarcelados desde septiembre  por encadenarse a una plataforma de  Gazprom  en el ártico. En cambio, tres de las cantantes de  Pussy Riot continúan encarceladas  por un crimen tan horrible como el de actuar en una iglesia. No hace falta que les diga que no corren buenos tiempos para expresar lo que se quiera y para protestar contra lo que no se está de acuerdo: hace un frío que parece llegado de Siberia, y sus aires represores se han colado hasta el Consejo de Ministros en forma de anteproyecto de  seguridad ciudadana . Y allí está tan pancho  Jorge Fernández Díaz ,  esperando a que le demos las gracias por haber atenuado algunas barbaridades con respecto a las primeras filtraciones de dicha ley. Mientras tanto, la radiotelevisión valenciana  se funde a negro , dejando en la estacada a cientos de periodistas y técnicos, a los que les obligaron a realizar programas vergonzosos y emitir inform