27 mayo, 2016

Los Derechos Humanos en 5 países

A continuación podéis leer, cada uno de un color, un parrafito con el resumen de violaciones de derechos humanos en cinco estados en el último informe de Amnistía internacional.  Las iniciales de cada estado son H A V E M. De uno sabrás casi todo.  ¿Sabías algo de los otros cuatro? ¿Sabrías identificar a cada país? Deja un comentario con tu solución.


Continuaban las agresiones y la intimidación contra defensores y defensoras de los derechos humanos y contra periodistas. Las personas que se oponían políticamente al gobierno afrontaron juicios sin garantías y encarcelamientos. Hubo nuevas denuncias de uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y de las fuerzas de seguridad; tal práctica se saldó con decenas de muertes, algunas de ellas en circunstancias que apuntaban a que podía tratarse de homicidios ilegítimos. La mayoría de los responsables de graves violaciones de derechos humanos cometidas durante las protestas de 2014 no comparecieron ante la justicia, y preocupaba la falta de independencia del poder judicial. Se deportó, desalojó forzosamente y maltrató a personas refugiadas y solicitantes de asilo. Continuaban la violencia y el hacinamiento en las prisiones. Las sobrevivientes de violencia de género tenían que hacer frente a considerables escollos para acceder a la justicia.

Persistía la impunidad por violaciones graves de derechos humanos, como la tortura y otros malos tratos, las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales. Más de 27.000 personas permanecían desaparecidas o en paradero desconocido. Continuaban las amenazas, el acoso y los homicidios contra periodistas y defensores y defensoras de los derechos humanos. La cifra de detenciones, expulsiones y denuncias de abusos contra personas migrantes en situación irregular a manos de las autoridades aumentó considerablemente. La violencia contra las mujeres seguía siendo generalizada. Se llevaban a cabo proyectos de desarrollo en gran escala y proyectos de explotación de los recursos naturales sin contar con un marco jurídico sobre el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades indígenas afectadas.

En un contexto general de delincuencia y violencia, los defensores y defensoras de los derechos humanos, los dirigentes indígenas, campesinos y afrodescendientes inmersos en conflictos de tierras, los activistas del colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI), los funcionarios y funcionarias de la administración de justicia y los periodistas eran objeto de violencia e intimidación por parte de agentes del Estado y de delincuentes como represalia por su labor. La debilidad del sistema de justicia penal y la corrupción contribuían a un clima de impunidad generalizada por dichos abusos.

La libertad de reunión se vio restringida por nuevas disposiciones legislativas. Se denunciaron nuevos casos de malos tratos y uso excesivo de la fuerza por parte de funcionarios de la policía. Las fuerzas de seguridad llevaron a cabo expulsiones colectivas e hicieron uso excesivo de la fuerza contra personas que trataban de entrar de forma irregular en el país. La impunidad continuaba siendo motivo de honda preocupación.

El gobierno continuaba restringiendo severamente la libertad de expresión, asociación y reunión. Las autoridades detenían, enjuiciaban y encarcelaban a quienes llevaban a cabo labores de defensa de los derechos humanos y criticaban al gobierno, en aplicación de la legislación antiterrorista de 2014 y otras leyes, y a menudo tras juicios sin garantías. Entre las personas detenidas había presos y presas de conciencia. La tortura y otros malos tratos bajo custodia continuaban siendo práctica habitual. Seguían celebrándose juicios sin garantías ante el Tribunal Penal Especial, establecido para conocer de casos de terrorismo; en algunos se impuso la pena de muerte. Las mujeres estaban discriminadas en la ley y en la práctica, y no recibían protección adecuada contra la violencia sexual y de otros tipos. Se efectuaron miles de devoluciones sumarias de personas migrantes, muchas a países en los que corrían peligro de sufrir graves violaciones de derechos humanos. Las autoridades hicieron amplio uso de la pena de muerte y llevaron a cabo más de 150 ejecuciones.



18 mayo, 2016

El tren que necesitamos


El sábado pasado hubo en Badajoz una interesante mesa redonda en torno al tren de alta velocidad en Extremadura y estuvo precedida de una ponencia a cargo de Paco Segura, secretario de Ecologistas en Acción, que aportó datos que sabemos desde hace mucho tiempo pero que algunos no acaban de comprender.

España, en general, no es un territorio con déficit de infraestructuras. Aunque en cada pueblo tengamos nuestras quejas particulares tenemos muchas más autopistas y autovías que países como Francia o Alemania. Hace unos meses contaba J. R. Alonso de la Torre en su contraportada que a una alemana residente en Extremadura le preguntaban sus compatriotas dónde estaban los coches en la A-66. Y es que mientras que en Europa solo se construye una autovía cuando el tráfico medio es superior a 10.000 vehículos diarios, aquí teníamos un plan para unir ciudades entre las que no se mueven ni 3.500 al día.

Pero si hay un asunto en el que somos la comidilla en el mundo es la red de alta velocidad, puesto que ya hemos superado a Japón y solo tenemos por delante a China. Además, somos el país del mundo con más kilómetros por habitante, aunque sigamos siendo el de menos pasajeros. El propio Secretario de Transportes del gobierno de Obama se quedó impresionado en 2009 por nuestro plan para llevar trenes a 350 por hora a todas las capitales de provincia y lamentó que su país, ¡Estados Unidos!, no tuviera tanto dinero para hacer algo parecido.

Hay quien todavía mantiene que si otras regiones de España tienen trenes con tres tipos de clase, a 350 km/h y con precios prohibitivos para la mitad de la población, Extremadura debe exigir lo mismo y no bajarse del burro. Ni siquiera tras saber que Portugal ha desterrado totalmente este tipo de dispendio y que va a optar por lo más sensato: conectar Évora con la frontera española con una vía electrificada que admitiría trenes muy superiores a los 200 km/h y compatible con el tráfico de mercancías.
Las promesas de AVE para todo el mundo que se hicieron hace quince años no son sostenibles, ni económicamente ni desde el punto de vista medio ambiental, así que es hora de plantear y acordar qué tren necesitamos y qué hacemos con las obras de la plataforma que ya están avanzadas. La solución es que aprovechemos lo construido, que coloquemos vías electrificadas, que tengamos trenes rápidos y seguros, con comodidades pero sin lujos, que nos sirvan para llevar nuestras mercancías hasta el puerto de Sines, para llegar a Madrid y Lisboa en tiempos adecuados al siglo que vivimos y para que las ciudades que vertebran Extremadura estén comunicadas y no pierdan, de nuevo, el tren de la historia.

El sábado le pregunté al conferenciante cómo había venido a Extremadura y me respondió que en autobús. Así que le respondí con aquello de “no haré más preguntas”. ¿Van en tren a Madrid nuestros diputados y senadoras? Me gustaría saberlo.

Publicado en el diario HOY el 18 de mayo de 2016.

04 mayo, 2016

La pereza democrática

Confieso que aposté a que en el último momento se formaría un gobierno y no habría que volver a las urnas. Pero ayer se publicó en el BOE la convocatoria de elecciones y se ha levantado una ventolera de pereza democrática, con contertulios y analistas políticos angustiados por votar de nuevo y criticando a los partidos por no haberse puesto de acuerdo.

Si he de ser sincero, no lo entiendo. En los últimos ocho años habría deseado fervientemente que me consultaran un montón de cosas que no me habían planteado los partidos ni en las generales de marzo de 2008, ni en las de noviembre de 2011.  Me habría gustado opinar sobre los recortes decretados por Zapatero en 2010 y su reforma laboral, sobre la modificación del artículo 135 de la constitución en pleno mes de agosto, sobre la nueva reforma laboral del PP en 2012, sobre la Ley Mordaza, sobre la LOMCE o sobre la locura del ministro Soria con las energías renovables. Me habría molestado menos votar sobre seis o siete cosas fundamentales para nuestras vidas en este periodo que, por ejemplo, bajar la basura todos los días. Y no sé por qué está tan extendida esa idea de que la gente se cansa más de votar que de aguantar los cambiazos que los gobiernos nos dan una vez sentados en sus despachos ministeriales.

Muchos de los argumentos contrarios a la repetición de comicios no se fundamentan en la pereza democrática sino en el excesivo gasto que supone una nueva convocatoria. Y en eso sí que hay una buena parte de razón, porque en España pusimos un sistema de votación en 1977 y no hemos cambiado nada. ¿Se imaginan que en las casas o en los trabajos siguiéramos con las mismas herramientas y métodos de hace 39 años? Pues así estamos. No se ha avanzado nada en sistemas electrónicos de votación y, lo que es peor, mantenemos un método de votación único e incomprensible para la inmensa mayoría de los países: aquí seguimos permitiendo que los partidos impriman sus papeletas las manden a cada una de nuestras casas con una carta personalizada del candidato y nos las cobren a todos, queramos o no queramos. Según estimaciones publicadas, el PP y el PSOE pudieron haber gastado en buzoneo más de seis millones de euros cada uno el pasado diciembre y C’s casi tres millones. Cuando se imprima una sola papeleta por elector (lo habitual en casi todos los países) y cada votante entre en una cabina a hacer su elección, habremos dado un gran paso para una madurez del sistema de votación que nunca alcanzamos.


Me gustaría ver una campaña austera, sin carteles, sin vallas, sin grandes mítines y con debates cruzados a dos como en Portugal. ¿Se imaginan uno entre PP y C’s para ver si son diferentes? ¿O uno entre Rivera y Sánchez aunque pereciera tongo? ¿Y Rajoy frente a Iglesias? ¿Y otro monográfico de economía? Nos aclararían mucho más que lo que hemos visto.

Publicado en el diario HOY el 4 de mayo de 2016



El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...