21 octubre, 2020

Actuar en consecuencia


Anteayer escuché en la radio la descripción de un tuit que dibujaba con tres imágenes lo que muchas veces pasa en este país: un letrero prohibiendo alimentar a los patos, un señor dándoles bolsas de pan y ese mismo señor quejándose de lo gordos que están los animalitos.

Poco después, el boletín horario informaba de tres nuevas muertes por la pandemia en Extremadura y una de ellas era una mujer de 48 años y sin patologías previas que la hicieran especialmente vulnerable. También vi en el telediario un reportaje grabado en una UCI y he de reconocer que me estremeció. Uno de los profesionales sanitarios lamentaba pasar horas allí intentando salvar vidas, poniendo en peligro su vida y la de su familia, y encontrar terrazas abarrotadas y botellones a la salida de su turno. Todo el mundo debería ver ese reportaje porque nos aleja de los habituales gráficos de frías cifras y nos acerca a un drama humano que vemos siempre lejos hasta que un día le toca a alguien conocido.

Ayer por la tarde anunciaban cinco muertes más en la región, 223 casos nuevos y aislamientos perimetrales en diversas localidades. Ya han llegado las lluvias de otoño y estamos muy lejos de estabilizar la situación pandémica. Si bien es cierto que la mayoría cumple las normas, también hay que reconocer que un importante número de personas las burlan y sobrepasan sin rubor. La sensatez colectiva debería llevarnos a ser más estrictos, a no llegar a los límites que nos permiten las normas sino a ser capaces de autoimponernos, de manera voluntaria, unos usos y costumbres que ayuden a que la segunda ola de la pandemia no acabe con tantos muertos como la primera.

No quisiera estar en la piel de quien tiene que tomar decisiones en un año como este. Me recuerda a aquellos juegos de dilemas inventados en los que te ponían una tesitura y tenías que decir a quién salvarías y por qué. Espero que esto no acabe en un “sálvese quien pueda” sino un “salvémonos todos”. Y para ello habrá que parar y dar pequeños pasos hacia atrás antes de caer de nuevo en un precipicio.

Sí. Hemos querido dar zancadas largas hacia la normalidad y es el momento de establecer prioridades, de proteger a las personas más vulnerables, de reducir los traslados y movimientos a los estrictamente necesarios, de continuar con el teletrabajo allí donde pueda realizarse con un 100% de efectividad, de compaginar presencialidad y videoconferencias en las enseñanzas donde sea posible, y de aparcar durante un tiempo nuestros fervientes deseos de socialización tumultuosa y bulliciosa del sur de Europa.

Me gustaría que las tres imágenes del tuit que comentaba al principio de este artículo desaparecieran: que no fuera necesario prohibir con carteles o decretos lo que es de sentido común y que nadie incumpliera las normas que nos hemos dado entre todos para poder convivir. Pero la más preocupante de todas es la tercera imagen, la del que vocifera y se queja de las consecuencias de sus propios actos, sin caer en la cuenta de que es su ignorancia y su falta de conciencia ciudadana la causante de sus posteriores lamentos.

 

Publicado en HOY el  21 de octubre de 2020

 


 

07 octubre, 2020

Hermanos todos

Un viejo amigo y profesor de historia me dijo que cuando leía cualquier texto quería saber las condiciones y condicionantes de quien lo había escrito. La opinión de un varón blanco, de un país occidental, sin problemas económicos y con todas sus necesidades cubiertas, puede ser bien diferente de la de una mujer africana, migrante, con cargas familiares y sin trabajo ni ingresos de ningún tipo. A pesar de que las circunstancias explican muchas cosas en esta vida, mi tendencia ha sido la de pararme a juzgar solo los contenidos expresados y no el perfil biográfico del sujeto, aunque solo sea por dar la razón a Juan de Mairena con su teoría de la verdad, Agamenón y su porquero.

 

Así que puede ocurrir que alguien se declare ateo, poco amigo de la beatería y el agua bendita, y sienta como suyas muchas de las palabras de Jorge Mario Bergoglio en su última encíclica. No hace falta creer en lo divino ni en el más allá para temer a los nacionalismos ciegos que todo lo solucionan a base de banderas, para propugnar que las fronteras no excluyan a nadie, para entender que los migrantes no están siendo tratados humanamente, para que no se califique de justa ninguna guerra o para hacer una llamada a la fraternidad universal.

 

Me temo que las palabras del papa Francisco en su último escrito a quienes sí pueden descolocar es, precisamente, a los que llevan ya tiempo queriendo parecer más papistas que el papa, a los que se han quedado con el discurso ultraconservador de Wojtyła o Ratzinger y se suman hoy a planteamientos sectarios – ¡y tan poco cristianos! – como los de Orbán, Salvini, Le Pen, Trump o Steve Bannon.

 

Quizá lo más novedoso de Fratelli tutti, que es como ha titulado Francisco su tercera encíclica, no sean algunos de los postulados mencionados que ya se vislumbraban en sus discursos e intervenciones, sino la claridad y el ímpetu con que defiende opiniones que, a buen seguro, levantarán sarpullidos en las misas de 12 de los barrios más acomodados. Su denuncia de la globalización económica, del neocolonialismo, de los partidos políticos racistas y xenófobos, de la extensión de las desigualdades o de la necesidad de reformar las Naciones Unidas, hacen de este texto uno de los de mayor contenido político que se recuerda en Roma.

 

Pero es que, además, en la encíclica se atreve a poner en tela de juicio posiciones que muchos políticos de misa diaria tomaban por axiomas: el mercado no lo resuelve todo y el consumismo no nos hace más humanos. Si su segunda encíclica puso encima de la mesa la ecología y la urgencia de un desarrollo sostenible, esta es una clara apuesta para que el mundo se guíe por preceptos como la igualdad, la fraternidad, la justicia y la defensa de los más desprotegidos.

 

Habrá que leer en profundidad el texto de esta encíclica y esperar que la próxima lleve por título Sorelle tutte, para que la institución que dirige no deje olvidada, una vez más, a la mitad de la población. Mientras tanto, bienvenidas sean estas palabras porque siempre nos debe importar más el mensaje que el mensajero.

 

Publicado en el diario HOY el 7 de octubre de 2020

 


 

El artículo 40

Algunos de los que más énfasis ponen en llamarse a sí mismos constitucionalistas, suelen padecer olvidos selectivos del texto. Les encantan ...