En la radio de finales del siglo pasado todavía existían espacios de canciones dedicadas. Se escribía por carta a la emisora, la locutora leía la misiva del oyente con felicitaciones para el familiar que cumplía años y acababa pinchando la canción favorita del homenajeado. Como hoy ya puedes felicitar con un vídeo y música a través de las redes sociales, imagino que apenas quedarán ya cadenas de radio a las que lleguen cartas escritas a mano, con destinatario, remitente y sellos de franqueo.
Sin embargo, sí que se continúan componiendo y dedicando canciones, ya sea a personajes ilustres o a personas anónimas. Se siguen musicando poemas escritos hace siglos e imagino que también se escribirán nuevas letras para melodías que ya existían. El galardonado Bob Dylan nos cantó la historia del boxeador Rubin Carten en “Hurricane”, los australianos de Midnight Oil reivindicaron la devolución de tierras a la población aborigen en su canción más conocida, y el Enola Gay” de OMD nos hablaba de la primera bomba atómica lanzada en Hiroshima.
A algunas personas nos gusta que siga habiendo músicos e intérpretes que dediquen canciones a buenas causas verdaderas. Aquel mismo sábado en el que ejecutaron a balazos a Alex Pretti, Bruce Springsteen compuso de un tirón Streets of Minneapolis. La grabó cuatro días después y, al igual que hacían los juglares y trovadores que recorrían el mundo contando cuentos e historias, sus palabras se han convertido en un auténtico himno para quienes no creen en el racismo, en la xenofobia, en la militarización de estética neonazi de cuerpos parapoliciales que solo aportan inseguridad, arbitrariedad, violencia y muerte a quienes no parecen ser auténticos americanos.
No sé si volverán a ponerse de moda canciones que sigan la senda de aquellas jarchas que reclamaban libertad sin ira, de los compases que nos recordaban a los últimos fusilados al alba, de guitarras que galopaban con versos de Alberti, de la lluvia a cántaros que pedía Pablo Guerrero, de los poetas andaluces de Aguaviva, de la libertad de Miguel Hernández cantada por Serrat, de L’Estaca de Llach, del Grândola de Zeca Afonso, de la playa Girón de Silvio o de los homenajes que Labordeta y Amaral rindieron a Víctor Jara con 50 años de diferencia.
Reconforta saber que en el mundo de la música hay generaciones de jóvenes con talento que siguen dedicando canciones a quienes más lo necesitan, ya sea a las olvidadas de Pedro Pastor, o de nanas urgentes para Palestina como la de Marwan. Pero no quisiera pasar por alto las palabras de Billie Eilish, de tan solo 24 años, en la entrega de los premios Grammy. Lejos de cerrar los ojos ante esas infames patrullas que detienen a niños, disparan sin preguntar e intentan detener por extranjera a una mujer cherokee, ella supo resumirlo todo en una frase: nadie es ilegal en tierras robadas.
Ojalá la canción de Bruce siga despertando las conciencias dormidas y se cree un estado de opinión que acabe con las barrabasadas del ICE y de quienes los alientan ideológicamente, tanto al otro lado del Atlántico como aquí, donde seguro que habría voluntarios para hacer algo parecido.
Publicado en el diario HOY el 4 de febrero de 2026

