A principios de los 80 llegó al colegio un misionero que nos habló del nuevo orden mundial, expresión repetida tantas veces durante una hora que acabó por permanecer en nuestra memoria para siempre. Venía de Bolivia, un país que había sufrido más de una treintena de golpes de Estado desde su independencia y con una población sumida en la pobreza, soportando dictaduras atroces como la del General Hugo Banzer, que en 1971 inició un ciclo de muerte en Sudamérica al que se sumaron Chile, Uruguay o Argentina.
Desde entonces me aficioné a leer las páginas de internacional de los periódicos, a situar en el mapa la guerra entre Irak e Irán iniciada en 1980, las matanzas de Sabra y Shatila en el Líbano (1982), las sucesivas intifadas en territorios palestinos a finales de los 90 y a principios de este siglo, las dos guerras de Irak en 1991 y 2003, la tragedia de Siria de la que solo recordamos el nombre de un niño muerto en una playa, o la siempre olvidada población kurda, a la que maltratan desde todos los puntos cardinales ante la indiferencia generalizada. A finales de los 70 ya había caído la dictadura del Sha de Persia y fue sustituida por un régimen teocrático en el que los avances en derechos ciudadanos fueron muy escasos para los varones e infinitamente negativos para la población femenina.
Hace muchos años que todos los esfuerzos de personas sensatas por lograr un orden mundial pensado con la materia gris han acabado aplastados por los de quienes optan por valerse de otra sustancia, la de la testosterona cubierta con gruesas capas de ignorancia y carente de valores éticos que consideren a todos los humanos como seres que nacen libres e iguales en dignidad y derechos.
Quienes conocemos el aprecio de Trump por los Derechos Humanos sabemos que no le importaba nada la situación que sufren las mujeres iraníes. No sé si estarían Israel y Estados Unidos bombardeando Teherán de no ser por las inmensas reservas de petróleo de aquel país y, además, por ser Irán el principal suministrador de esa energía a un país como China. Ya solo nos faltaría que China se sintiera amenazada para complicar más el panorama internacional. ¿Y si el presidente norteamericano se estuviera comportando como el zumbado que se entretiene apaleando avisperos sin pensar en sus consecuencias? ¿Cuándo subirá el consumo de cordura y se abandonará esta miserable escalada de ir detonando los derechos humanos que nacieron un 10 de diciembre de 1948?
Con apenas trece años no supimos entender qué era ese orden mundial por el que abogaba el misionero boliviano. Al final de su charla nos dijo que estaría unos días por aquí y que podríamos llevarle plata para su labor misionera en el altiplano. Fue cuando me enteré de que esa plata no era el preciado metal sino el vil dinero. De momento tenemos un desorden mundial que se dirige como un tornado a bombardear países, a sus sátrapas y quizá también a la población civil e inocente que ande por allí, a la que acabarán llamando daños colaterales en los informes oficiales y en más de un medio de comunicación.
Publicado en HOY el 4 de marzo de 2026

