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Brutal y formidable

Llevo unos cuantos años escuchando el adjetivo brutal para referirse a algo formidable . Además, suele usarse en intervenciones aisladas y contundentes que valen para ensalzar la sublime calidad de un plato, de una canción, de un traje nuevo o del último peinado innovador.     Al principio pensé que sería una moda pasajera de gente joven hasta que también se lo comencé a oír personas de mediana edad e incluso tirando hacia la tercera. Así que me fui al diccionario más académico y vi que aún no habían recogido ninguna entrada para ese nuevo uso tan alegre y entusiástico del adjetivo. Recurrí a María Moliner y mi paisana me confirmó que, de entre todos los usos posibles de esas seis letras, no había ninguno digno de aplauso y admiración: el bruto era alguien falto de inteligencia e instrucción, que hacía uso de la fuerza física, que practicaba la imprudencia y la falta de respeto hacia todo ser viviente.   No sé si ya hay alguien investigando cuándo se empezó a dar la vuelta al

Desde el tren

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En los últimos dieciséis años he recorrido unos 360.000 km en tren sin salir de Extremadura. Podría haber dado nueve veces la vuelta al mundo, pero todo se ha resumido en un paseo diario por las Vegas Bajas del Guadiana. Es allí donde esbozo las frases que están leyendo ahora, mientras por la ventanilla veo pasar la historia reciente del ferrocarril en la región.  Cuando empecé esta singladura estaba reciente aquella promesa de Durão Barroso y Aznar en la cumbre de Figueira da Foz de 2003. Se esperaba que en siete años podríamos tener unos trenes supersónicos que nos colocarían en cualquier capital ibérica en un santiamén. En 2007 empecé a ver movimientos de tierras, a sufrir retrasos debido a las obras y poco después supimos que todo se alargaría mucho más de lo previsto.   La crisis de 2008 tardó un par de años en escribirse en rojo en los presupuestos generales. Había dado tiempo a tener construida la plataforma entre Novelda y La Garrovilla para poner en el futuro un par de vías de

Perdonar la Historia

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No lo pasé bien con los profesores de Matemáticas que me tocaron en suerte, pero me fue algo mejor con las de Historia. Desde niño me interesó la asignatura gracias a aquella serie titulada  Érase una vez el Hombre , que era entretenida y servía para que no te sonara a chino lo que luego te explicaban en el aula. Sin embargo, el capítulo que se tenía que haber emitido por TVE el 29 de abril de 1979 fue censurado íntegramente y tuve que esperar unos cuantos años hasta que un profesor de la Facultad llamado Ángel Rodríguez nos desvelara las razones de toda aquella polémica.   En las últimas semanas se ha reavivado un debate sobre la necesidad de pedir perdón por muchas cosas, desde atentados en las calles o abusos en internados, hasta otras de mayor enjundia y en las que intervienen políticos, jefes de Estados y hasta pontífices. En principio, me inclinaría a pensar que no hay que pedir disculpas a nadie, porque los crímenes de los antepasados no los heredan los descendientes. Además, t

Calcular dimensiones

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Llevamos casi 20 años manejando euros y todavía hay quien necesita traducir a pesetas las grandes cantidades: no les digas que un piso cuesta 180.000 € porque solo se harán a la idea del precio cuando se lo traducen a 30 millones. Desde que el volcán comenzara a echar fuego, hemos ido aprendiendo a medir la velocidad de la lava en metros por hora y a equiparar el islote formado con el parque del Retiro o el estadio Bernabéu, dando por supuesto que todo el mundo calibra bien esos lugares, ya vivas en Almería o en Finisterre. Hace años vi un libro escolar infantil en el que cada imagen novedosa aparecía junto al dibujo de algún objeto cotidiano, ya fuera un lápiz o un paraguas, y que servían de referencia para conocer su dimensión real. Así se evitan sorpresas como las de esos chavales urbanitas que visitan una granja-escuela: todos se quedan de piedra al ver que las vacas son mucho más grandes que los dálmatas y que no llegan a acariciarles el lomo ni subiéndose a

Otoños sin patriarcas

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Todos los libros de estilo desaconsejan que las noticias o las columnas de opinión parafraseen los títulos de obras conocidas. Al pobre de García Márquez es al que más hemos maltratado y seguro que en medio mundo ya habrán encabezado textos que hablan de un concejal que no tiene quien que le escriba o de una crónica de una derrota o una dimisión anunciada.   Esta tarde llega el otoño, la que para algunas personas es esa estación preferida en la que no hace demasiado frío, tampoco mucho calor y no se sufren tantas alergias. El festival de tonos ocres y amarillentos, que a otros hace entrar en un proceso de decaimiento y tristeza, hay quienes lo recibimos como el inicio de todo. En nochevieja hay quien se come las uvas pensando un deseo y hay quienes hemos dejado de tomarlas porque disfrutamos más viendo la imagen de quienes se pelean segundo a segundo por llegar a la meta sin atragantarse.     Mientras esperamos el último veranillo del membrillo, me gustaría que este

Hijas de la educación pública

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Escuché hace unos días una entrevista de Mara Torres a Javier Gómez Santander , uno de los guionistas de la serie La Casa de Papel (a la que le sobran disparos y metralla) y en la que se definía como un hijo de los de abajo, un niño de la educación pública con una madre que se dedicaba a coser y un padre taxista. Ayer, cuando entregaban las medallas de Extremadura, recordé esas palabras mientras recibía el premio el instituto público en el que estudié los últimos cursos del bachillerato y que, como casi todo el mundo estará de acuerdo, son los años clave para definir los caminos que una persona va a recorrer, aunque la experiencia nos dice que las bifurcaciones y los giros de guion en la vida pueden ser tan inesperados como los de la serie de moda.   Hasta 1839 en Cáceres y 1845 en Badajoz no hubo una institución pública en Extremadura encargada de la enseñanza secundaria de los jóvenes. Ellas, las jóvenes, tardaron mucho más tiempo en tener acceso a estos niveles educativos y

Una maestra llamada Justa

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Algunas ciudades de Estados Unidos optaron por el sentido práctico y nombraron sus calles y avenidas con números que avanzan o disminuyen según te diriges a cada punto cardinal. En la vieja Europa, donde los enrevesados cascos antiguos son lo menos parecido a una hoja cuadriculada, hemos acabado por honrar a personajes más o menos ilustres que ponen apellido a plazas y paseos.  Una de esas calles dedicadas tenía hasta ayer el nombre de una maestra llamada Justa y fallecida en 1965. Justa Freire había sido una profesora vinculada a la Institución Libre de Enseñanza, fue la primera directora de una escuela pública y una pedagoga que fue divulgando sus innovadoras experiencias en las aulas.   Tras la guerra sufrió represalias, como tantas y tantos docentes, y un Consejo de Guerra la condenó a seis años de cárcel. Fue puesta en libertad tras pasar dos años entre rejas, pero le impidieron regresar a su plaza de maestra durante once años más. No fue hasta 2018 cuando el Ayuntamiento