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Fiat lux

En dos días hemos oído hablar del precio de la luz más que en las últimas décadas y, desde ayer, casi todos tenemos un imán en la nevera sujetando un papel que nos indica a qué hora merece la pena poner en marcha el lavavajillas o cuándo es prohibitivo enchufar la secadora o el aire acondicionado.   No sé si esta medida de discriminar horarios servirá para que hagamos un uso más eficiente de la energía, para que nos pensemos dos veces si poner en marcha la lavadora con media carga o para ir apagando bombillas innecesarias. Imagino que con el nuevo sistema habrá quienes puedan permitirse el lujo de no mirar el reloj, porque la factura mensual no les supone perder ni un minuto de sueño, ni les preocupa que una ola de frío les haga pagar cien o doscientos euros de más en el siguiente recibo.   Bien diferente es el caso de otros muchos hogares, aquellos que durante los años de dura crisis nos hicieron descubrir que existía una pobreza apellidada energética, la que sufren quienes no

Los nadie de Oriente Medio

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Llevo años dedicando una parte de mi tiempo a preocuparme por gente que sufre injusticias y viven muy lejos de aquí. No tiene demasiado mérito por mi parte: una reunión semanal y un reparto de tareas que nunca sabemos si son de utilidad, pero ya dejé de plantearme si las acciones de solidaridad merecen o no la pena en función de los logros conseguidos, porque lo único inútil en la vida es la pasividad y el lamento. Hace unos días conocí la historia de Núria Marcet , que tiene 91 años y que todavía aparece por su barrio cada mañana que desahucian a alguien del vecindario. Si admirable me parecen las acciones de Núria, no se pueden imaginar lo que pienso de las cooperantes que están en la franja de Gaza, donde han muerto en los últimos días 198 palestinos, de los que 58 son menores y 34 mujeres, además de 1.300 heridos. Sí, también han muerto ocho adultos y dos menores israelíes a casusa de los ataques terroristas de Hamas, pero la desproporción del sufrimiento que se desprende de

Hoy no hablo de Madrid

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De vez en cuando necesitamos desintoxicarnos, dejar de ingerir siempre el mismo alimento y con los mismos condimentos. Es la mejor manera de evitar el hartazgo y otras consecuencias gástricas más desagradables. Mentiría si les dijera que no me importan los resultados de ayer en las elecciones de una comunidad autónoma que, por cierto, ni es las más extensa ni la más poblada. Pero, tras varias semanas escuchando todo lo que ocurre en la villa y corte, creo que ha llegado el momento de dejar de hablar de los madriles.   Sí me gustaría, en cambio, recordar todos esos lugares y a todas esas gentes que llevan meses sepultadas por el mismo asunto monotemático. Hace poco naufragaron y murieron un centenar de personas en el Mediterráneo. Sí, me dirán que uno más, pero las personas fallecidas eran únicas y tenían familiares y amigas que las amaban como a nada en el mundo. Contaba la periodista Helena Maleno que si hubiera sido un accidente de avión, habríamos visto a los

Ni George Floyd, ni KKK

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Dentro de unos días conoceremos el veredicto sobre la muerte en Minneapolis de George Floyd, que soportó durante nueve minutos y 29 segundos la rodilla y el peso del policía Derek Chauvin sobre su cuello.   De nada le valió a George repetir 28 veces que no podía respirar. Cualquiera que vea sin cortes esos nueve minutos eternos tendrá bien claro el veredicto, pero la justicia tiene muchos giros de guion inesperados y la defensa del policía argumenta que fue la adicción a las drogas de George, unida a una cardiopatía, lo que realmente le causó la muerte.   Desde aquel 25 de mayo de 2020 han pasado muchas cosas en este mundo: una pandemia, Trump perdió las elecciones, supremacistas blancos tomaron el Capitolio y una marea de gente rompió confinamientos para reclamar que las vidas humanas importaban, independientemente del color de la piel.   El odio, el desprecio y el rechazo no se producen tanto por la oscuridad de la piel como por la pobreza. Es a los pobres a los que más s

Patentes y cartas de presentación

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He leído la carta de intenciones de quien va a llevar las riendas de la educación y de la cultura en la región de Murcia, una diputada de ultraderecha que acaba de cambiar de chaqueta y que se esfuerza en disimularlo. Un colectivo de docentes se ha molestado en realizar una corrección de los errores cometidos por Mabel Campuzano en apenas dos folios y medio del texto. Sin ser adivino, ya les anuncio que pocas mejoras cabe esperar en el panorama educativo y cultural de aquella región si quien ha de dirigirla se ensaña de tal manera con su propia lengua, la que tanto dicen valorar y defender, y en la que se supone que era su carta de presentación en sociedad.   Releo ese texto que me cuesta comprender y no entiendo ni por qué lo hizo público, ni por qué nadie le advirtió de la pésima redacción. Imagino que, demasiadas veces, cualquiera que llega a un alto puesto tiende a elegir asesores que saben menos y que siempre dicen que sí a todo lo que se les pregunta, justo lo contr

Preocupaciones de gente normal

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La banda británica Pulp compuso a mediados de los 90 una canción titulada Common People , de la que el grupo Manel grabó una versión magistral , y que hablaba de la gente normal y corriente. Reconozco que no sería capaz de dar una definición académica de ese concepto y, como mucho, me atrevería a divagar a ciencia incierta. Cada vez que escucho debates de presunta alta política, me doy cuenta de que hay demasiados próceres que están muy lejos de pisar el mismo suelo que el común de los mortales. Las palabras que enlazan son el producto recién horneado de fábricas de argumentos, discursos escritos en los que se mezclan dimes y diretes, descalificaciones ad hominem , reproches furibundos a la paja en ojo ajeno y un “no sé de qué me habla usted” cuando les mencionan la viga en el propio. La gente corriente y con sentido común no entiende que los parlamentos se parezcan a un corral de gallos de pelea, que los intentos de atajar la corrupción se apaguen con más corrupción y venta

El mercado, la vivienda y el aire

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Tengo dos buenos amigos que dan clases de Derecho Constitucional y echo de menos un café con ellos para que me expliquen cosas que nunca he llegado a comprender. Mis pobres conocimientos de leyes no se llevan bien con mis conceptos de igualdad, justicia y equidad. Quizá es por eso que nunca he entendido lo fácil que tienen algunos para conseguir que los jueces proporcionen seguridad jurídica a los derechos adquiridos de unos cuantos y, en cambio, no encuentren la forma de asegurarlos para otras muchas personas.   Una vez me explicaron que los derechos de los que tienen las espaldas bien cubiertas son mucho son fáciles de proteger que los de aquellos que no tienen ni donde caerse muertos. Y así, cada 6 de diciembre alabamos el texto aprobado en 1978 y durante el resto del año vamos apuntando los detalles de todo lo que ocurre.   El derecho al trabajo que viene en el artículo 35 no se puede reclamar en sede judicial y con el derecho a la vivienda del artículo 47 ocurre otro tanto