La semana pasada me hicieron llegar una noticia publicada a través de una conocidísima red social y en el perfil de una emisora de radio local vinculada a la Iglesia católica. La publicación la protagonizaban once jóvenes de Mali que estaban viviendo en las calles de Badajoz durante uno de los inviernos más fríos, lluviosos y desapacibles que se recuerdan.
Parece que esta situación llegó a oídos de un párroco pacense y buen conocedor de aquel país africano, quien decidió ayudar en la medida de sus posibilidades para que estos once chicos pudieran dormir en condiciones, comer o ducharse durante esos días tan duros. Muchos conocemos de cerca a diferentes colectivos de personas anónimas, unas vinculadas con organizaciones religiosas y otras con el simple compromiso humano de ayudar a quienes más lo necesitan, que ya han dado muchas muestras de solidaridad hacia las personas más débiles y que son dignas de admiración.
Mientras escribía estas líneas volví a mirar cómo iba aquel asunto en la red social y el resultado era inquietante. Un total de 1299 personas habían expresado un sentimiento sobre la noticia, a más de mil les había gustado, a 160 les había encantado y a 24 les importaba desde lo más profundo de su corazón. Aunque solo eran 13 los enojados por la acción del párroco, la gran mayoría de los 710 comentarios sí que eran despiadados hacia los chicos de Mali, insultantes hacia quienes defendían la acción de Miguel Gamín, y mostraban un ultranacionalismo excluyente que conjuntaba con sus fotos de perfil plagadas de guerreros de las santas cruzadas y de símbolos de épocas grises.
Pero junto a tanta bilis segregada en forma de palabras, también he podido recopilar respuestas llenas de solidaridad con los más necesitados, de citas de San Mateo que ponen en ridículo a quienes se creen más papistas que Ratzinger o Wojtyla, que jamás leyeron a Bergoglio en su encíclica de 2020, y que tampoco oyeron el mensaje de León XIV en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado del pasado mes de julio.
Cada vez estoy más convencido de que tras tanto comentario miserable en una noticia como la difundida por la emisora episcopal podrían estar las “granjas de bots”, que es como denominan a todas esas cuentas falsas y automatizadas que fabrican estados de opinión a golpe de click y que nos hacen creer que el matonismo prevalecerá por encima de cualquier pensamiento y sentimiento bondadoso. Las que auxilian a los que nada tienen y quienes se solidarizan con quienes huyen de la muerte, son quienes vencerán a tantas granjas de desalmados. Eso espero.
Publicado en el diario HOY el 18 de febrero de 2026
Nota: esta columna aparece en HOY con el título acortado de "Migrantes sin abrigo" por un error mío. Pero dejo aquí en el blog este título tan largo y que, por mi culpa, impedía la maquetación correcta. Así que pido disculpas por mi torpeza, añado aquí a las gentes solidarias y no paso por alto a todos esos perfiles desalmados que en determinadas redes parecen ser legión y tal vez sean granjas de perfiles carentes de toda alma.

