25 enero, 2023

Entre ilustre y non grata

Hace muchísimos años leí un texto de Vázquez Montalbán en el que mostraba su preocupación por unos aplausos. Era diciembre de 1982, el ministro Barrionuevo no llevaba ni diez días en el cargo y tuvo que responder a una pregunta parlamentaria sobre una actuación policial. Mientras alzaba la voz para definirla como “correcta, meritoria y ejemplar”, la bancada de Alianza Popular se ponía en pie y ovacionaba al recién nombrado ministro del PSOE, con más fervor que al mismísimo Fraga o a Martín Villa. 

 

Montalbán, que parecía extrañado por el entusiasmo que la oposición sentía hacia aquel ministro del partido rival, se preguntaba cómo se devuelven unos aplausos si, con el paso del tiempo, se descubre que la actuación fue incorrecta, poco meritoria y nada ejemplar, como así dictaminó un juez en 1985. De aquellas palabras me acuerdo con frecuencia, especialmente cada vez que escucho ovaciones prolongadas. De hecho, me he dado cuenta de que casi siempre evito aplaudir, incluso aunque me esté gustando el discurso que escucho.

 

Tampoco me gustan las declaraciones de persona non grata. Hace unos meses quisieron que el pleno del Ayuntamiento de Badajoz declarara como tal a una humorista por un chiste de dudosa gracia. Creo que las instituciones deberían tener ocupaciones y preocupaciones más importantes que ir valorando y juzgando todo lo que se diga o haga sobre un escenario, ya sean titiriteros haciendo juegos de palabras o monologuistas intentando arrancar carcajadas. También considero inapropiado que se boicoteen las conferencias que imparten en foros académicos quienes están en nuestras antípodas ideológicas. Hay dos opciones mejores: no ir a escucharlos o preparar una buena y educada respuesta para rebatir sus argumentos. 

 

Me alegra que se haya dejado de declarar non grata a la gente, porque eso solo nos traía recuerdos de tribunales de honor y costumbres decimonónicas. Así que mi esperanza de futuro es que evitemos los vaivenes y dejemos de regalar galardones como si fueran caramelos en una cabalgata del 5 de enero. La misma Universidad Complutense que ayer nombró alumna ilustre a quien preside la Comunidad Autónoma de Madrid, anduvo repartiendo más de un doctorado honoris causa que hubo que retirar, como el concedido a Mario Conde en 1993 y del que fue desposeído en 2016.

 

No sé si cada título de ilustre debería seguir un proceso tan minucioso como el de las canonizaciones, con su abogado del diablo incluido para evitar que suba a los altares quien tiene un pasado lleno de vergüenzas y actos poco lustrosos. Lo que sí sería interesante es que en el mundo académico (y fuera de él) se premie y se homenajee a quienes investigan, profundizan en el conocimiento y difunden el saber. Y también será mejor que las diferencias y reproches se hagan con razonamientos y no con abucheos.

 

Aunque ayer nos dijeron que se está frenando, el mundo da muchas vueltas: aquel ministro aplaudido de los 80 y aquel banquero galardonado de los 90 acabaron en la cárcel, los dos.  Y Vázquez Montalbán se nos fue en el aeropuerto de Bangkok, sin saber cómo se devuelven los aplausos que repartimos profusamente y sin cautelas.

 

Publicado en HOY el 25 de enero de 2023.

 


 

11 enero, 2023

Brasilia y Washington

Los dos países más poblados de América tienen como capitales a ciudades que no son ni las más grandes ni las más famosas del país. Con una diferencia de dos años y dos días, ambas han sido portadas de todos los noticiarios del planeta debido a sucesos casi idénticos en su origen, desarrollo y desenlace, con unas puestas en escena muy similares y donde hasta el vestuario o el maquillaje parecían una imitación deliberada.

 

Estos dos episodios han fracasado al otro lado del Atlántico por varias razones, pero la principal de todas es que tanto Estados Unidos como Brasil, a pesar de sus diferencias, son dos Estados con mayúsculas, dos países en los que fantochadas de este tipo jamás podrían salir victoriosas. Si la legalidad constitucional permitió a Trump y a Bolsonaro vencer en sus elecciones de 2016 y 2018 respectivamente fue porque los sistemas electorales y de garantías funcionaron, tanto cuando ganaron como cuando perdieron.

 

Aunque el pueblo ha descabalgado a estos dos personajes, las ideas de extrema derecha se extienden por el mundo y ya han alcanzado el poder en algunos países europeos o en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos cercanos. No necesitan programas muy elaborados para convencer porque la consigna gritada tiene más eficacia. Cuentan, además, con el apoyo de comunicadores de gran audiencia que dulcifican a diario discursos xenófobos, machistas y ultranacionalistas, que extienden la inquietud por todo lo diferente y esparcen entre las clases medias-bajas el miedo y el odio hacia el paupérrimo que viene de fuera, es de otra raza o profesa otra religión

 

Ya pasó en Hungría, en Polonia o en Italia, así que no nos debería extrañar si algún día los tenemos, ya sea en solitario o del brazo de algún hermano mayor, escribiendo en boletines oficiales normas que poco tendrán que ver con el respeto a los Derechos Humanos y con los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad que fundaron nuestra era contemporánea.

 

Anteayer escuché de la voz de un joven brasileiro el devenir histórico de aquel país, desde la huida a Rio de Janeiro de la corte portuguesa en el XIX, hasta la última dictadura militar, la que empezó en 1964 y se extendió hasta 1985. Nos mostró también un vídeo de la toma de posesión de Lula, recibiendo la banda Presidencial de las manos de un niño negro de São Paulo, de un anciano de la Amazonia, de una cocinera de Paraná, de un profesor de portugués o de un activista por los derechos de las personas con discapacidad. Se suponía que era Bolsonaro quien debería haberle entregado la banda, pero andaba ya por Florida divirtiéndose y, sinceramente, creo que hemos ganado con el cambio.

 

Hay quien teme que lo ocurrido en Brasilia y Washington pueda contagiarse. Yo quiero creer que puede actuar como vacuna: si logramos la condena clara de todas las organizaciones demócratas, si conseguimos que nadie coquetee con los que se alimentan de las ideas de Steve Bannon, entonces sabremos que las capitales de nuestros países, sean grandes o pequeñas, no engrosarán la lista y se salvarán de los ataques de tipos con tantos cuernos, tantas banderas, tantos cartuchos, tanta ignorancia y tanta maldad.

 

Publicado en el diario HOY el 11 de enero de 2023 

 


 

28 diciembre, 2022

Me has convencido

Hace tiempo anduve un par de años metido en lecturas sobre resolución de conflictos, mediación, debates constructivos, estrategias para convencer y otras cosas por el estilo. Me olvidé de los autores de aquellos libros prestados y de vez en cuando me acuerdo de ideas sueltas, dinámicas, juegos o frases que escuché en talleres de formación que solían ser entretenidos e interesantes.

 

El jueves pasado, mientras leía en este periódico una columna de Beatriz Muñoz sobre la denominada “fatiga de la persuasión”, recordé épocas en las que me empeñaba con ahínco en argumentar para convencer a los demás de que determinadas opciones eran mejores o que las ideas de otros provocaban mayores injusticias.

 

No sé si hoy existe un cansancio generalizado para intentar convencer a quien tiene posiciones diferentes. Lo que sí hay es un número importante de personas que han clavado sus puntos de vista en la tierra como si fueran cimientos de un edificio. El problema radica en que muchas de estas posiciones se alimentan día a día con una dieta en la que siempre están los mismos ingredientes: solo leen un periódico, siempre a los mismos analistas, escuchan exclusivamente a sus contertulios preferidos de la radio y creen a pie juntillas a las presentadoras de sus magacines favoritos de la tele.

 

Si a todo esto añadimos que las redes están llenas de bulos y noticias falsas que se propagan a gran velocidad y con enorme audiencia, nos encontramos con amplios entornos sociales donde los dogmas y prejuicios se anteponen a cualquier intento de escucha activa: gentes que necesitan saber quién lo dice y cuál es su bandera antes de decantarse por una opción, ya que les rige un estado de pereza intelectual para buscar datos, entender hechos y sacar conclusiones de forma autónoma.

 

Quizá sea por eso que muchos hemos abdicado del intento de convencer a alguien que sabemos que no va a atender a nuestras explicaciones y que no modificaría ni un milímetro su inalterable opinión alimentada a base del monocultivo preferido. Si esto es algo que nos ocurre en tres reuniones familiares anuales y una junta de vecinos, el asunto no es de especial gravedad, pero se complica si estos cierres en banda se extrapolan a espacios donde es imprescindible quitarse vendas, escuchar otros argumentos, leer opiniones diferentes o informarse de fuentes distintas y contrastadas.

 

¿Recuerdan haber cambiado de opinión sobre un asunto tras escuchar o leer a alguien con un planteamiento diferente del que ya tenían? Esa era una tarea de aquellos talleres que mencionaba al principio de este artículo: la de atender de forma activa a las explicaciones de alguien, dialogar sobre las razones e intereses que llevaban a tener posturas diferentes, y hacer un esfuerzo por ponerse en la piel del otro y entender sus motivos. Sé que no estamos en condiciones de someternos a sesiones de terapia colectiva para subsanar la falta de diálogo y el enconamiento de posiciones, pero tal vez sí deberíamos intentar conjugar más a menudo el verbo convencer, tanto en voz activa como en pasiva, para dejar de sentir la fatiga de la persuasión y que no nos dé vergüenza decir: “oye, me has convencido”.

 

Publicado en el diario HOY el 28 de diciembre de 2022

 


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14 diciembre, 2022

Comprar con sensatez

Desde hace un par de semanas las furgonetas de reparto se detienen sin rubor en las paradas de autobuses o en las plazas habilitadas para personas de movilidad reducida. Les urge llamar rápidamente al timbre y entregar el envío en el tiempo previsto. No sé cuándo decidimos importar en un mismo paquete la fiesta de halloween junto a ese viernes negro de compras compulsivas, y me sigo preguntando por qué dejaron fuera del pedido el día de Acción de Gracias con su pavo y su agradecimiento a los peregrinos, ya que quizá se podría haber conseguido una jugosa oferta de 3x2.

 

El caso es que los contenedores azules están abarrotados. Cada compra a golpe de teclado a la empresa de Jeff Bezos se sustancia en cuatro envíos diferentes desde distintos lugares del planeta, cada uno con su envoltorio y con origen en diferentes almacenes de distribución repartidos estratégicamente. Alguna ciudad ya se ha atrevido a poner una tasa al reparto de mercancías compradas a través de internet. Se trata de un intento de que el trasiego y el impacto de tantas furgonetas y camiones, moviéndose por la ciudad a todas horas, repercuta de alguna manera en las arcas municipales. Se da la paradoja de que al pequeño comerciante se le hace pagar impuestos por su actividad económica, por la recogida de basuras o el uso de espacio público, mientras que el mayor multimillonario del mundo invade las ciudades repartiendo cajas de cartón con sonrisas al tiempo que las tiendas de toda la vida languidecen y dejan desiertas las calles de los barrios y cascos antiguos.

 

No sé si servirá de algo una tasa de ese tipo porque los multibillonarios (con b) no soportan que le rasquen un céntimo del bolsillo. En cuanto esté en marcha la nueva norma es probable que el sr. Bezos repercuta esa tasa directamente al comprador de la ciudad en cuestión y santas pascuas. Es lo que ocurre cada vez que se intenta mitigar el exceso de beneficios de la banca o de las eléctricas, que te lo acaban cobrando en forma de comisiones o se inventan una derrama especial por desgaste de los cables de alta tensión.

 

Una campaña nos recordaba hace unos días que las grandes tiendas de internet jamás apoyan las fiestas de tu barrio o que los pequeños comercios locales, que están en peligro de extinción, merecerían la misma protección que el lince o la cigüeña negra. El alcalde de Madrid, sin embargo, se lamentaba el pasado fin de semana de que en Bilbao las tiendas estuvieran cerradas los domingos. Quizá no sepa Almeida que en las comunidades autónomas en las que los comercios no abren los días festivos es donde las pequeñas droguerías, ferreterías o tiendas de ropa han conseguido sobrevivir a los centros comerciales y a las multinacionales del comercio electrónico.

Este mes, en el que se suele comprar por encima de lo necesario, es un buen momento para recapacitar de qué manera podemos consumir de manera más sensata. Y una de ellas es apoyando a los comercios que tienes a tu lado, a los que dejan aquí todo el valor añadido y pagan sus impuestos. 

 

Publicado en el diario HOY de Extremadura el 14 de diciembre de 2022




 

30 noviembre, 2022

Hemerotecas

Cuando estuve en Grecia descubrí que por las mañanas nos decían algo así como calimera, que a mis acompañantes les recordaba a un dibujo animado de nuestra infancia y que conseguí descifrar que escondía un saludo de buenos días.


La etimología ( Del gr. ἡμέρα hēméra 'día' y -teca) me hizo evocar la biblioteca de la avenida de Europa en Badajoz, en cuya planta baja había un lugar llamado hemeroteca en el que podías consultar no solo los periódicos y revistas del día, sino también bucear en lo que había ocurrido el día que naciste o releer lo que se contó y comentó en aquellas fechas históricas que acabaron por reducirse a un guarismo y a la inicial del mes.

 

La digitalización de todos aquellos diarios nos permite a los curiosos de hoy pasar horas consultando reportajes, artículos o editoriales. Reconozco que la lectura aleatoria de las hemerotecas puede convertirse en una adicción a pasar páginas en las que todo te sorprende, desde las esquelas a los anuncios de presentación de damas en sociedad, pasando por la publicidad de edificios con ascensor de subida y bajada o por los acuses de recibo de limosnas a un rincón de los pobres que existía en las redacciones.

Las hemerotecas se han usado como el más fácil recurso para desacreditar a quien dijo digo y ahora dice Diego, para desenmascarar al chaquetero o al veleta, pero también para descubrirnos que aquel que creíamos trasnochado en sus predicciones era en realidad un gran visionario. Imagino que las hemerotecas también deben de ser un tesoro para antropólogos, sociólogas o historiadores de lo más reciente, porque las páginas amarillentas nos ofrecen escenas detalladas de un tiempo y un lugar tal y como lo contaron los testigos presenciales.

Ayer, cuando se inauguraba la sede física de la hemeroteca de este periódico, me preguntaba si dentro de 40 años serían fiables todas las hemerotecas que nos cuenten lo que está pasando ahora. Hace cuatro décadas había que sopesar cada letra que se imprimía en papel para hacerse pública, mientras que hoy recibimos billones de datos que no siempre son noticia, que a menudo no se han contrastado, que muchísimas veces son mentiras prefabricadas y que, con demasiada frecuencia, se reducen a ataques de violencia verbal (o escrita) ante los que es muy difícil protegerse.

 

El pasado viernes, al acabar la manifestación del día contra la violencia de género, se recordaron en voz alta los nombres de las mujeres asesinadas en lo que va de año. Hasta comienzos del siglo XXI no se empezaron a computar estos feminicidios, pero las hemerotecas de papel sí conservan todavía aquellas secciones de sucesos en las que todas las semanas se daba cuenta de varios crímenes que dulcificaban con el adjetivo de pasionales.  Estoy seguro de que una lectura en profundidad de nuestras hemerotecas nos serviría para sacar a la luz la magnitud de un problema que seguimos padeciendo, como es el de la violencia de género, y sobre el que cada vez es más frecuente escuchar voces negacionistas.

 

Sí, tengo la certeza de que las hemerotecas del futuro serán fiables, porque sé que seguirá habiendo profesionales que pongan la verdad por encima de todo en unos tiempos en los que no siempre es fácil.

 

Publicado en el diario HOY el 30 de noviembre de 2022




16 noviembre, 2022

  ¿Qué le pasa o cuánto tiene?  

Hace dos semanas acudí a mi centro de salud para unos análisis. Todo fue rápido: diez minutos de cola y me realizó la extracción una estudiante de enfermería en prácticas, que lo hizo de manera impecable. Mañana me verá los resultados el especialista, como cada seis meses, en un gran hospital de la región. El lunes tengo que acercarme de nuevo al centro de salud para una vacuna y la cita para el médico de familia me la dan para dentro ocho días.

 

Sé que no todo el mundo puede contar la misma historia. Quienes viven en las zonas rurales de nuestra región lo tienen muchísimo más complicado y hay comunidades autónomas en las que el personal sanitario y los pacientes, en el más amplio sentido del término, han salido a la calle a defender una sanidad pública y de calidad.

 

Los que hasta hoy hemos tenido tanta suerte a la hora de tratar con nuestro sistema de salud y sus profesionales, podemos entender la desesperación de quien no tiene cita para la pediatra hasta dentro de veinte días, o la de quienes han de esperar un año hasta que los vea un especialista. Habrá quién pueda permitírselo y pagará de su bolsillo una consulta privada, pero me temo que hay millones de personas cuyas economías familiares quebrarían si no existiera un sistema público de salud donde al llegar solo te preguntan cómo te encuentras.

 

También conozco a quienes padecen enfermedades crónicas y no podrían costearse individualmente los tratamientos que necesitan, si no fuera porque se los pagamos entre todos a través de ese fondo común -alguna lo llamaría “comunismo”- que son los impuestos. A quien le sobra el dinero para pagarse un seguro médico privado que le evite colas y esperas, pensará que todos esos impuestos para construir hospitales públicos se los están robando de su bolsillo. Eso llevan años pensando hace mucho tiempo en Estados Unidos y es una política que provoca casos como los de Alec Smith. Este diabético de Minnesota falleció con 26 años al comenzar a usar menos insulina de la necesaria, porque la subida del precio en 2017 le suponía gastar 1300 dólares al mes, una cantidad que no tenía. En 2020 se ha aprobado allí una ley que lleva el nombre de Alec y que garantiza que esa sustancia vital no sea un lujo para nadie.

 

Los enemigos de los sistemas públicos, ya sean de salud o de otras cosas, saben bien cómo salirse con la suya. Thatcher fue una maestra en dejarlos sin medios, propiciar su deterioro y esperar a que todo el mundo aplaudiera cualquier privatización. El domingo ocuparon las calles de Madrid quienes desean mejorar el servicio público de salud, algo que aplaudiría el más liberal del universo si necesitara un trasplante de órganos o un tratamiento de esos que cuestan más de seis cifras.

 

Se puede y se debe mejorar nuestra sanidad pública, pero seguiré pagando a gusto más impuestos para que en nuestros hospitales y centros de salud curen y atiendan a quien llegue a la puerta pidiendo auxilio, para que solo le pregunten qué le pasa y no cuánto tiene. 

 

Publicado en HOY el 16 de noviembre de 2022




02 noviembre, 2022

Calor de noviembre

Ayer empezó noviembre y ya no tenemos necesidad de comprar en los puestos de castañas y calentarnos las manos con el cucurucho de papel de periódico. Las temperaturas empezarán a bajar un poco a partir de hoy, pero hemos podido pasar casi la mitad del otoño de manga corta y con sandalias, para regocijo de quienes gustan de todo lo cálido.

En lugares del norte de Europa se han alcanzado récords absolutos desde que comenzaron a registrarse diariamente las indicaciones de los termómetros, a finales del XIX. Lo que no deja de ser un hecho anecdótico se suma a toda una serie de evidencias científicas que apuntan a un calentamiento global. 

Mientras buena parte del mundo no se quiere enterar y la mitad del planeta tiene necesidades básicas urgentes que le impiden ocuparse de estos problemas, unos cuantos adolescentes se dedican a simular simbólicos ataques a obras de arte que están protegidas por un cristal para llamar la atención sobre el problema.

No creo que la mejor idea para protestar por esta emergencia universal sea abrir una lata de sopa de tomate en un museo: no me parece lo más limpio, creo que no sirve para concienciar más y quizá sirva para todo lo contrario, para alejar de la defensa del medio ambiente y de la preservación del planeta a muchas personas. Confieso que tampoco me escandalizo y me llevo las manos a la cabeza con estos incidentes televisados, porque sé que hay otras acciones relacionadas con este asunto que sí que son de extrema gravedad y ante la que no se están poniendo las medidas necesarias. 

Tenemos diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible para esta década y siete de ellos están estrechamente relacionados con este asunto, desde lograr una energía asequible y no contaminante hasta proteger los ecosistemas terrestres y marinos, pasando por la construcción de ciudades sostenibles o propiciar una producción y un consumo sostenible. Debemos exigir a los gobiernos y a las autoridades que cumplan sin excusas, pero también deberíamos plantearnos qué cosas están en nuestra mano para salvar al mundo del colapso y no las estamos haciendo.

¿Tiene sentido que a final de este mes de noviembre haya un viernes negro que se salde con miles de millones de productos viajando de un lado al otro del mundo para satisfacer necesidades absolutamente prescindibles?  ¿No habría que exigir también a las empresas un compromiso con los seres vivos que esté por encima de los guarismos de sus cuentas de resultados? Todas estas y muchas preguntas más deberían formar parte de nuestros debates urgentes, pero de poco valdrán las consideraciones que se hagan en las cumbres entre estadistas si no se extiende antes una conciencia colectiva para salvaguardar la habitabilidad del planeta. Y después de la conciencia tendrán que llegar la coherencia y la actuación en consecuencia.

Si a finales de noviembre sigue haciendo calorcillo, no se entusiasmen. No tener que poner la calefacción durante este mes nos podrá proporcionar una pequeña alegría a la hora de pagar la factura del mes que viene, pero detrás de este calor de noviembre quizá les estemos acortando la esperanza de vida a esos adolescentes de los museos.

 

Publicado en HOY el 2 de noviembre de 2022

 


 

 

Entre ilustre y non grata

Hace muchísimos años leí un texto de Vázquez Montalbán en el que mostraba su preocupación por unos aplausos. Era diciembre de 1982, el mini...