29 abril, 2026

Prioridades

 

La lectura del libro de Andrés Neuman titulado “Hasta que empieza a brillar” me lleva un tiempo entretenido comparando las definiciones reales y académicas con las que fue recopilando María Moliner en su diccionario de uso del español. Sin embargo, ha sido la actualidad la que me ha despertado la curiosidad por saber cómo habían resuelto aquellos y la lexicógrafa aragonesa una palabra que se ha vuelto a poner de moda: la prioridad.

 

Los reales académicos de la lengua lo dejaron en “anterioridad de algo respecto de otra cosa, en tiempo o en orden” y luego se enredaron en definiciones complicadas, de esas que hay releer cuatro veces para entenderlas, y en las que llega a intervenir hasta la Santísima Trinidad. En cambio, la aragonesa Moliner nos la relacionaba directamente con la palabra primacía y con la “anterioridad en consideración y superioridad en importancia”.

 

Así que quienes teníamos olvidadas ya casi todas las prioridades, incluso aquellas que nos preguntaban en los exámenes teóricos para obtener el carnet de conducir, nos hemos vuelto a desayunar con prioridades que nada tienen de celestiales y que parecen ideadas en el mismísimo infierno. Debates que considerábamos totalmente superados se vuelven a poner encima de la mesa, mientras los dos primeros artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos son descuartizados con motosierra ante el regocijo de los más intolerantes y el consentimiento tristón de quienes son mansamente arrastrados hacia estribor sin calcular sus consecuencias.

 

Todos los seres humanos nacen libres e iguales y todas las personas son iguales con independencia de su raza, color, sexo, idioma, religión, política o el lugar donde hayan nacido. Quizá deberían ser estas las primeras frases que nos enseñaran en casa, en la escuela, en los lugares de trabajo y en las calles. Quienes trabajan en paritorios y en funerarias coinciden en que al principio y al final de la existencia las fragilidades nos igualan a todos, pero que hemos ido diseñando recorridos intermedios (a los que llamamos vida) donde las desigualdades y discriminaciones, aquellas que se fueron difuminando durante el último siglo gracias a las luchas de hombres y mujeres concienciadas, se encuentran ya al borde del abismo: hoy son los extranjeros pobres, mañana pueden ser las personas que aman de manera distinta y pasado mañana quienes hablan un idioma diferente.

 

Hay quien aplaude hoy las primacías que dictan los dictadores de turno, valga la redundancia, porque creen que siempre tendrán prioridad, que es lo que en materia de tráfico ocurre con quienes siempre giran a la derecha. Complicados tiempos en los que hasta quienes no tenemos fe nos hemos emocionado al escuchar las palabras del obispo canario José Mazuelos: A mucha gente habría que meterla en un cayuco y estar cinco días en el Atlántico sin comer, para que vean qué hacemos cuando llegan. Pues habrá que acogerlos y habrá que cuidarlos, si se quiere ser cristiano y ya no solamente cristiano, si se quiere humano”.

 

En la sala de espera de las urgencias hospitalarias de la Sanidad Pública la prioridad no es la del primero que llega, ni del que más dinero tiene, sino la del ser humano que más lo necesite, sea de donde sea. No es complicado.

Publicado en el diario HOY el 29 de abril de 2026


 

 

15 abril, 2026

Lunáticos

Imagino que en la prehistoria los seres humanos se entretenían cada noche viendo en el cielo un círculo de luz que iba menguando o creciendo cada vez que el sol se escondía. Pasaban veintiocho días, el ciclo volvía a comenzar y aquella extraña bola influía en las vidas de nuestros antepasados tanto como hoy esas pantallas que llevamos en nuestros bolsillos y que creemos que nos traen a la palma de nuestras manos todas las verdades que en el universo existen.

 

Las nuevas imágenes de la luna nos han permitido ver mejor que nunca los detalles de la cara oculta más mencionada en la historia. Una cara oculta que luego hemos utilizado en símiles, metáforas y comparaciones para describir a quienes muestran una apariencia y esconden una naturaleza y características totalmente diferentes a las que aparentan.

 

Hace ya tiempo que nos convencimos de la inexistencia de selenitas: el paseíto de Armstrong y Aldrin en 1969 no les permitió encontrar evidencia alguna de ellos y el pobre de Collins, que quizá fue el primer viajero defraudado con su agencia de viajes, se pasó media vida contando que estuvo allí y poco más, como quien cuenta que ha estado en Frankfurt porque su avión hizo escala en su ruta hacia Japón.

 

Selenitas parece que no hay, pero nos sobran lunáticos. Los académicos de la lengua definen a estos últimos como a esos seres que padecen locura pero no de manera continuada sino por intervalos. Antes de que las reformas laborales se inventaran a los trabajadores fijos discontinuos, ya habían afinado bien los lexicógrafos endilgando la raíz de nuestro único satélite a todos estos que no pueden ser diagnosticados de ninguna dolencia mental por falta de constancia, pero que de vez en cuando se suben por las paredes.

 

Las decisiones descabelladas no son producto de la postmodernidad ni de los tiempos contemporáneos, porque ya tuvimos a uno que nombró senador a su caballo y más recientemente a senadores que votaban con los pies por el compañero ausente. De nuestros monarcas pasados tenemos diversos ejemplos con escasas luces y otros a los que alguna luz les encaminó a tierras lejanas con las sacas bien repletas, ya fuera de joyas en el XIX o de divisas en el XXI.

 

Si repasamos los últimos cien años recordaremos que el mundo jamás se libró de tener lunáticos al frente de gobiernos y naciones: Hitler, Mussolini o Stalin son de los que ya nos aparecían en los libros de texto, pero hubo un Bokassa en el centro de África que se construyó un trono de oro, Idi Amin en Uganda con costumbres caníbales, otro en Camboya que se cargaba a los de gafas por tener un aire intelectual y un paraguayo con apellido sospechosamente alemán que protegía a nazis y masacraba a mansalva.

 

¿Tenemos hoy lunáticos como los mencionados al mando de países, ejércitos, bancos, multinacionales, instituciones y hasta medios de comunicación? ¿Los tenemos solo en lejanos países o están ya más cerca de lo que creemos? En un mundo en el que para entrar a trabajar te piden una analítica, quizá no sería mala idea que, además de votos, quien nos vaya a regir esté en sus cabales.

Publicado en el diario HOY el 15 de abril de 2026






01 abril, 2026

Trazas de racismo y odio

    Dicen que es necesario leer los prospectos de todo lo que ingerimos. Las normativas han llevado a los fabricantes de alimentos a indicar si cada producto envasado pudiera contener alguna pequeña cantidad de frutos secos u otros derivados lácteos capaces de provocar una reacción de efectos nocivos. En las cartas de los restaurantes también nos colocan iconos para advertirnos de si un plato suculento puede jugarnos una mala pasada al contener cereales con gluten, huevo o marisco.

    Trazas: así es como denominan a esas cantidades pequeñas de determinadas sustancias que pueden pasar a convertirse en un problema grave para la salud. Por eso las normativas de seguridad alimentaria han determinado que cada producto las tenga todas bien identificadas, incluso cuando se trate de alergias raras que afectan a muy pocas personas. Del mismo modo que un quirófano o la cocina de un restaurante deben estar en las mejores condiciones higiénicas y de salubridad, también habría que abordar la eliminación de todos los mecanismos y prácticas de las autoridades que pudieran contener trazas de la existencia de sesgos racistas, animadversiones basadas en prejuicios o prohibiciones tan cargadas de estulticia que pretenden eliminar incluso lo que no existe.

     El 21 de marzo se conmemoraba la jornada mundial contra la discriminación racial, recordando aquel día de 1966 en Shaperville (Suráfrica) en el que la policía del régimen de Pretoria acabó a tiros con más de 250 personas que protestaban contra el apartheid. Desde el pasado 21 de marzo hay en marcha una campaña de Amnistía Internacional para intentar acabar con una práctica habitual en nuestras calles como es la del sesgo racial de las identificaciones policiales en España. ¿Cuántas veces le han pedido las fuerzas del orden que se identifique cuando va por la calle? ¿Saben ustedes que la oscuridad de la piel puede ser un rasgo determinante para ser interceptado en redadas que pudieran contener importantes trazas de racismo?

     Mañana se cumplen once años de la publicación de aquella Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, que acabó con el apodo de “mordaza”, y que en su primer año de vigencia llegó a imponer 34.000 sanciones por ejercer los derechos de reunión, expresión o manifestación. Más de cuatrocientas organizaciones y colectivos se están sumando este año a una campaña destinada a que gobiernos e instituciones se dediquen más a parar el racismo en lugar de parar por la calle a personas que por su aspecto pudieran, simplemente, proceder de otras latitudes.

     Junto a estas trazas de racismo también tenemos las de odio puro y duro. La semana pasada el Ayuntamiento de Badajoz aprobó una moción para prohibir el menú halal de todos los colegios de la ciudad. La propuesta del grupo de extrema derecha salió adelante con los votos a favor del propio gobierno municipal, sin caer en la cuenta de que en Badajoz no hay ni un solo centro educativo en el que se suministre. ¿Nos molestaría que a una niña le facilitaran un menú escolar sin gluten, sin huevo o sin lactosa? ¿Para qué prohibir algo que no existe? ¿Prohibiríamos a alienígenas verdes residentes en Las Vaguadas asistir a los plenos municipales sabiendo que no existen? ¿O sí?





18 marzo, 2026

Distancias y olvidos

Una vieja canción mexicana nos equiparaba a la distancia con el olvido. Sin embargo, la neurología considera que es el paso del tiempo el factor más determinante para que dejemos de recordar lo que nos pasó. Ignorar los horrores que padecen personas que jamás conocimos, que se encuentran en lugares remotos o que vivieron en tiempos pasados es un brebaje de gran utilidad para que no nos afecten los agobios y las desesperanzas cotidianas.

 

No han pasado ni tres semanas desde el primer ataque coordinado de Trump y Nethanyahu sobre Irán y muchos habrán tenido que buscar dónde diantres está ese lugar tan estrecho al que llaman Ormuz. Habrá quienes tampoco se preocuparon demasiado al conocer la muerte de Alí Jameneí y llegarían incluso a aplaudirla como un paso para liberar del terror a las mujeres de aquel país. Lástima que la liberación de las mujeres iraníes comenzara, paradójicamente, en una escuela llena de niñas a las que aplastó uno de esos “inteligentísimos” misiles Tomahawk, que no fue capaz de identificar que su objetivo llevaba ya tiempo siendo una escuela y no la instalación militar que constaba en mapas descoloridos.

 

La preocupación por lo que ocurre en aquella zona del mundo ha ido aumentando al ver que los iraníes respondían sobre territorios cuyos nombres conocemos por su presencia en las camisetas de algunos equipos de fútbol cercanos, de esos a los que no les importa hacer caja con petrodólares que servirán para fichar a la penúltima estrella del mercado de invierno. Falta poco para que todo el mundo sepa por dónde cae Ormuz. No hará falta buscarlo en Google Maps ni leyendo las noticias, porque será un descubrimiento en diferido, como la mítica indemnización que recibió Bárcenas según el relato de Cospedal. Bastará con acercarnos a los surtidores de combustible para que más de uno se eche las manos a la cabeza e intente preguntarse cuándo empezó todo esto, por qué no nos avisaron de los efectos secundarios, o a quién se le ocurrió tocarle las narices a China sabiendo que por Ormuz pasa la mayor parte que del crudo que necesita el gigante asiático para mantener su poderosa industria.

 

No sé si volverán a resonar cánticos contra las guerras como los que escuchamos hace veintidós años. Entonces nos movilizaron las 191 personas que murieron en los trenes de cercanías de Madrid porque sí vimos la conexión entre la participación activa en un conflicto lejano y sus crueles consecuencias cercanas, que tenían nombres y apellidos fáciles de pronunciar porque coincidían con los nuestros.

 

Hace mucho tiempo que no se habla de construir una cultura para la paz. Quizá sea porque es más rentable hablar de una economía de guerra bien distinta de la que nos contaban nuestras profesoras de Historia: la de los cuantiosos beneficios que se embolsarán quienes lleven la muerte a miles de kilómetros de distancia de sus sofás y que nos recomendarán que olvidemos para siempre las penas y los rostros de tantas víctimas como podríamos dejar enterradas. No sabemos hacia dónde apuntarán los señores de la guerra las próximas semanas: quizá la distancia sea larga, pero que no haya olvido.

 

Publicado en el diario HOY el 18 de marzo de 2026

 


 

04 marzo, 2026

El des(orden) mundial

A principios de los 80 llegó al colegio un misionero que nos habló del nuevo orden mundial, expresión repetida tantas veces durante una hora que acabó por permanecer en nuestra memoria para siempre. Venía de Bolivia, un país que había sufrido más de una treintena de golpes de Estado desde su independencia y con una población sumida en la pobreza, soportando dictaduras atroces como la del General Hugo Banzer, que en 1971 inició un ciclo de muerte en Sudamérica al que se sumaron Chile, Uruguay o Argentina. 

 

Desde entonces me aficioné a leer las páginas de internacional de los periódicos, a situar en el mapa la guerra entre Irak e Irán iniciada en 1980, las matanzas de Sabra y Shatila en el Líbano (1982), las sucesivas intifadas en territorios palestinos a finales de los 90 y a principios de este siglo, las dos guerras de Irak en 1991 y 2003, la tragedia de Siria de la que solo recordamos el nombre de un niño muerto en una playa, o la siempre olvidada población kurda, a la que maltratan desde todos los puntos cardinales ante la indiferencia generalizada. A finales de los 70 ya había caído la dictadura del Sha de Persia y fue sustituida por un régimen teocrático en el que los avances en derechos ciudadanos fueron muy escasos para los varones e infinitamente negativos para la población femenina. 

 

Hace muchos años que todos los esfuerzos de personas sensatas por lograr un orden mundial pensado con la materia gris han acabado aplastados por los de quienes optan por valerse de otra sustancia, la de la testosterona cubierta con gruesas capas de ignorancia y carente de valores éticos que consideren a todos los humanos como seres que nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

 

Quienes conocemos el aprecio de Trump por los Derechos Humanos sabemos que no le importaba nada la situación que sufren las mujeres iraníes. No sé si estarían Israel y Estados Unidos bombardeando Teherán de no ser por las inmensas reservas de petróleo de aquel país y, además, por ser Irán el principal suministrador de esa energía a un país como China. Ya solo nos faltaría que China se sintiera amenazada para complicar más el panorama internacional. ¿Y si el presidente norteamericano se estuviera comportando como el zumbado que se entretiene apaleando avisperos sin pensar en sus consecuencias?  ¿Cuándo subirá el consumo de cordura y se abandonará esta miserable escalada de ir detonando los derechos humanos que nacieron un 10 de diciembre de 1948?

 

Con apenas trece años no supimos entender qué era ese orden mundial por el que abogaba el misionero boliviano. Al final de su charla nos dijo que estaría unos días por aquí y que podríamos llevarle plata para su labor misionera en el altiplano. Fue cuando me enteré de que esa plata no era el preciado metal sino el vil dinero. De momento tenemos un desorden mundial que se dirige como un tornado a bombardear países, a sus sátrapas y quizá también a la población civil e inocente que ande por allí, a la que acabarán llamando daños colaterales en los informes oficiales y en más de un medio de comunicación.

 

Publicado en HOY el 4 de marzo de 2026






23 febrero, 2026

Una entrevista que me hicieron


Sigo dedicando algún tiempo al activismo en favor de los Derechos Humanos. Con mayor o menos intensidad desde principios de los años 90 del pasado siglo. En Extremadura hacemos un boletín que os podéis bajar aquí y en el último número me han hecho unas cuantas preguntas. Creo que es la segunda entrevista que me hacen, la primera me la hizo Florián Recio para HOY allá por agosto de 2014




 

18 febrero, 2026

Migrantes sin abrigo, gentes solidarias y perfiles desalmados

La semana pasada me hicieron llegar una noticia publicada a través de una conocidísima red social y en el perfil de una emisora de radio local vinculada a la Iglesia católica. La publicación la protagonizaban once jóvenes de Mali que estaban viviendo en las calles de Badajoz durante uno de los inviernos más fríos, lluviosos y desapacibles que se recuerdan.


Parece que esta situación llegó a oídos de un párroco pacense y buen conocedor de aquel país africano, quien decidió ayudar en la medida de sus posibilidades para que estos once chicos pudieran dormir en condiciones, comer o ducharse durante esos días tan duros. Muchos conocemos de cerca a diferentes colectivos de personas anónimas, unas vinculadas con organizaciones religiosas y otras con el simple compromiso humano de ayudar a quienes más lo necesitan, que ya han dado muchas muestras de solidaridad hacia las personas más débiles y que son dignas de admiración.

 


Habían pasado pocas horas desde que la red social de Zuckerberg publicara la acción solidaria del párroco Miguel Gamín y ya había centenares de lectores mostrando con iconos sus adhesiones (o sus críticas) a una acción tan poco dudosa como cobijar a once seres humanos de la intemperie. No tardaron en aparecer los comentaristas ofendidos, a los que les hervía la sangre por haber visto a un párroco dando refugio a seres humanos desamparados, de piel muy oscura y que no parecían compatriotas.


Mientras escribía estas líneas volví a mirar cómo iba aquel asunto en la red social y el resultado era inquietante. Un total de 1299 personas habían expresado un sentimiento sobre la noticia, a más de mil les había gustado, a 160 les había encantado y a 24 les importaba desde lo más profundo de su corazón. Aunque solo eran 13 los enojados por la acción del párroco, la gran mayoría de los 710 comentarios sí que eran despiadados hacia los chicos de Mali, insultantes hacia quienes defendían la acción de Miguel Gamín, y mostraban un ultranacionalismo excluyente que conjuntaba con sus fotos de perfil plagadas de guerreros de las santas cruzadas y de símbolos de épocas grises.


Pero junto a tanta bilis segregada en forma de palabras, también he podido recopilar respuestas llenas de solidaridad con los más necesitados, de citas de San Mateo que ponen en ridículo a quienes se creen más papistas que Ratzinger o Wojtyla, que jamás leyeron a Bergoglio en su encíclica de 2020, y que tampoco oyeron el mensaje de León XIV en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado del pasado mes de julio.


Cada vez estoy más convencido de que tras tanto comentario miserable en una noticia como la difundida por la emisora episcopal podrían estar las “granjas de bots”, que es como denominan a todas esas cuentas falsas y automatizadas que fabrican estados de opinión a golpe de click y que nos hacen creer que el matonismo prevalecerá por encima de cualquier pensamiento y sentimiento bondadoso. Las que auxilian a los que nada tienen y quienes se solidarizan con quienes huyen de la muerte, son quienes vencerán a tantas granjas de desalmados. Eso espero.

Publicado en el diario HOY el 18 de febrero de 2026

 


 

Nota: esta columna aparece en HOY con el título acortado de "Migrantes sin abrigo" por un error mío. Pero dejo aquí en el blog este título tan largo y que, por mi culpa, impedía la maquetación correcta. Así que pido disculpas por mi torpeza, añado aquí a las gentes solidarias y no paso por alto a todos esos perfiles desalmados que en determinadas redes parecen ser legión y tal vez sean granjas de perfiles carentes de toda alma.   


Prioridades

  La lectura del libro de Andrés Neuman titulado “ Hasta que empieza a brillar” me lleva un tiempo entretenido comparando las defi...