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29 agosto, 2011

Breves instantes

Una aldea despoblada de Aragón a la que suelo ir desde niño me recibía en pleno mes de agosto con un luminoso navideño. Imagino que era la única manera de adelantarse a los grandes almacenes y han optado por dejarla como si fuera una hoja perenne. Durante la infancia el tiempo es eterno y la vejez nos hace ver que todo pasa rapidamente, que ayer empezó el verano y que esta misma semana todo volverá a ser igual. Está prohibido vivir el momento porque todo tiene que disfrutarse antes de lo previsto: el dos de enero están colocando los escaparates de rebajas y no se te ocurra comprarte unas chanclas o protector solar después del 15 de agosto, porque las estanterías estarán llenas de carteras, libros de texto y uniformes escolares. Me pregunto si son cuestiones estudiadas de la dichosa mercadotecnia o que quieren que nuestras vidas sean rápidas para que nos parezcan menos dolorosas, como si vivir fuera un ejercicio eterno de depilación a la cera. La moda de vivir lentamente no ha calado en casi ningún lugar, a pesar de sus indicaciones cardiosaludables, y la premura se hace un hueco entre las virtudes más apreciadas. Ya se adelantaron las elecciones, como pedían a gritos, y todavía es necesario apresurarse más. Un refrán dice que las prisas son malas consejeras, pero nuestros locutores televisivos nos indican que todo lo veremos en breves instantes. Sí, no era suficiente que un instante ya significase porción brevísima de tiempo. Hasta eso nos tienen que reducir. El sosiego y la calma acabarán siendo delitos en un mundo trepidante, donde los descansos reciben el tendencioso nombre de tiempo muerto.

14 marzo, 2011

Prisa


Todos tienen prisa y nadie tiene tiempo. Las ciudades de ese Occidente que muchos llaman civilizado se definen así, con esas dos frases categóricas. La velocidad, esa magnitud física que expresa el espacio recorrido durante un determinado tiempo, se ha convertido en un derecho al que nadie está dispuesto a renunciar. Solamente se piensa en el día a día, sin poner los ojos más allá de pasado mañana. Da igual que acabemos volviendo a ir en burro, pero que ninguno se atreva a decirnos a cuántos kilómetros por hora tenemos que desplazarnos. Las portadas de los periódicos de hace 37 años son iguales que las de hoy: hablan de Gadaffi, de los límites de velocidad, de la crisis económica y del precio del combustible. En algunos países del norte de Europa aprendieron a desplazarse por las ciudades sin usar gasolina y todavía lo siguen haciendo a pesar de los rigores del clima. En cambio, en las zonas más cálidas de Europa, seguimos atando los perros con longanizas y maldiciendo a quien pone obstáculos al transporte en vehículo privado. Y quizá la solución no esté tanto en penalizarlo como en apostar en serio por el transporte público. Habría que hacerlo tal manera, que sólo los muy tontos no acabaran optando por él. Y para eso nos queda mucho camino por andar: desde bajar radicalmente los precios del ferrocarril hasta llenar de carriles para bicicletas todas las calles y avenidas. Si no hacemos nada, los periódicos volverán a hablar de lo mismo dentro de 37 años. Cambiarán los actores pero el texto será prácticamente el mismo. Así que habrá que darse prisa: no tenemos tiempo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de marzo de 2011

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...