No todo iban a ser libros de autores muertos, viejecitos y consagradísimos. También hay lugar para autores jóvenes. Ángel Campos me habló de él por primera vez, encontré La mala memoria en una estantería de mi hermana y he de decir que me encantó a pesar de que un piso del año 77 oliera a silicona. El vano ayer me pareció una novela más madura y me llegó especialmente por tratar de asuntos de los que había hablado en infinidad de ocasiones, en tertulias de café y discusiones nocturnas. Desde que ocupa el lugar del inolvidable Javier Ortiz, Isaac Rosa es una referencia de eso que llamo escritores que piensan y escriben de la realidad en la prensa diaria. Un auténtico lujo.
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