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12 agosto, 2013

La vida por la tierra

la vida por la tierra
Pocos recuerdan ya el nombre de Chico Mendes, aquel sindicalista brasileño que defendió los bosques amazónicos frente a los codiciosos intereses de la industria maderera, y que fue asesinado hace ya 25 años. La trágica muerte de Gonzalo Alonso nos ha traído a la memoria el triste sino de los que en el mundo se dedican a preservar el espacio que habitamos. El mismo país, Brasil, y los mismos móviles del crimen. Chico y Gonzalo se preocuparon mucho por nosotros y por nuestros nietos, arriesgaron sus propias vidas por defender a la madre tierra en la peligrosa tarea de luchar contra quienes no tienen más leitmotiv que llenar sus bolsillos hoy, sin pensar en pasado mañana.

También supimos la pasada semana que se lo van a poner difícil a los que quieren producir su propia energía alternativa: media Europa suspirando por tener nuestras horas de sol, Alemania usando diez veces más de energía solar que nosotros, y aquí no se nos ocurre otra cosa que penalizar a los que ponen placas en sus tejados y no contaminan. Todavía no nos han dado una razón lógica de esta persecución y, de momento, tenemos la suerte de que aquí no van pegando tiros a los ecologistas como en otras épocas y lugares. Mientras unos dan su vida por la tierra, otros se pliegan a los intereses de las grandes eléctricas sin ruborizarse, quizá porque esperan un suculento puesto en sus consejos de administración cuando abandonen la política.

Es urgente cuidar el planeta, el único habitable que conocemos. Para ello necesitamos convencernos de que la lucha de Chico y Gonzalo hay que continuarla en cada rincón de la tierra. Es cuestión de vida.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 12 de agosto de 2013

29 junio, 2009

Las leyes de la lógica


Quienes establecen normas y dictan leyes no siempre consiguieron un aprobado en aquella parte de la filosofía de tercero de BUP llamada lógica. Cuenta Eduardo Galeano que un preso llamado Noueched fue sancionado, allá por el año 1973, a cinco días sin salir al patio por incumplir el reglamento. En éste se establecía que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda, pero Noueched fue castigado ya que ponía una sola mano: era manco. De nada vale esgrimir la lógica cuando hay alguien dispuesto a seguir al pie de la letra lo que ha sido dictado. Algo parecido les ha pasado a unos amigos de Plasencia, que han tenido la feliz idea de rehabilitar una casa e instalar energía solar. No fue fácil el proceso para obtener una pequeña ayuda pública: tras conseguir toda la documentación que debían aportar los interesados, el arquitecto, la empresa constructora y la instaladora de los paneles, cuando ya creían que todo había llegado a buen puerto, resulta que les faltaba un pequeño requisito. No tenían el certificado de empadronamiento en dicha vivienda. Y es ahí donde se empantana todo porque cualquier intento de explicación cae en saco roto. ¿Cómo se va uno a empadronar, en pleno siglo XXI, en una casa sin electricidad? No sé cómo ha acabado esta historia, si al final tendrán que renunciar a la ayuda de unos mil euros o deberán optar por empadronarse en la vivienda antes de vivir en ella. Lo que sí parece fuera de toda duda es que las ficciones de Kafka y las realidades vividas por Nouched se encuentran, en demasiadas ocasiones, a la vuelta de la esquina.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de junio de 2009.

Crisis humanitarias y de humanidad

Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución s...