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08 marzo, 2017

Evaluando errores

No me gustan demasiado las cifras y evito hacer valoraciones numéricas siempre que me permitan expresarla de forma más extensa y razonada que con unos guarismos escritos en rojo. Sin embargo, de vez en cuando hay algunos números que se te cuelan en la vida y te tienes que parar a pensar un rato en ellos.  

Algo así me ocurrió hace unas semanas, cuando andaba navegando por la red y tuve que buscar algo relacionado con ordenadores y Extremadura. Entre los resultados de la pesquisa me encontré con algunas noticias de 2003 en varios periódicos y que se referían a la instalación en todas las aulas de secundaria de la región de 45.000 ordenadores por valor de 61 millones de euros. Reconozco que ya me había olvidado por completo de aquella historia, que tuvo su hueco hasta en el Washington Post, y que me parecía casi del pleistoceno. No pude dejar de preguntarme qué habría sido de todos aquellos ordenadores, si mereció la pena el gasto, si se les sacó el mejor de los provechos, si estarán todavía en uso o forman parte de las toneladas de basura cibernética que amenaza con extenderse como el camalote en el Guadiana.

Mientras buscaba un documento con una exhaustiva evaluación de aquella idea del ordenador por cada dos alumnos, que cambió la fisonomía de las aulas y que nos iba a convertir en los líderes mundiales de la cuarta revolución industrial, encontré una tabla estadística con el número de víctimas de la violencia de género desde ese fatídico año 2003. Son ya 761 mujeres las que han sido asesinadas por sus parejas y me temo que las cifras han dejado de impresionarnos, que solo conseguimos hacernos una idea de la magnitud de este drama mediante comparaciones que siempre son odiosas: en apenas 14 años el machismo ha causado tantas muertes como ETA desde la aprobación de la Constitución, hace 38 años.  

Observo unos instantes la tabla y me doy cuenta de que tras la aprobación de la ley contra la violencia de género en el año 2008, en el que murieron 76 mujeres, se produjo al año siguiente un ligero descenso en el número de víctimas que con el tiempo se ha ido desbaratando. En lo que llevamos de año son ya 17 las víctimas y, si seguimos con este macabro ritmo, al final de año podríamos superar todos los récords desde que se empezaron a contabilizar a la víctimas de violencia de género, que fue muchos años después de que ellas fueran actrices secundarias de los llamados crímenes pasionales narrados por un periódico llamado ‘El Caso’.

Hoy es 8 de marzo, un día en el que se hablará de las mujeres y en el que quizá deberíamos plantearnos si estamos valorando las políticas como es debido, si hacemos un seguimiento de los resultados obtenidos, si estamos al tanto para rectificar desaguisados y si asumimos responsabilidades cuando las cosas se hacen rematadamente mal. Porque no evaluar errores nos está costando demasiadas vidas.

Publicado en HOY el 8 de marzo de 2017

09 marzo, 2009

Igualdad


Sabemos que desde aquel primer 8 de marzo las cosas han cambiado bastante. Todos nos hemos reído con ese contrato para maestras del año 1923, uno que casi todo el mundo ha recibido por e-mail, y en el que se les prohibía frecuentar heladerías y montar en coche con hombres que no fueran el padre o el hermano. Y nos hace gracia porque hoy nos parece increíble algo que nuestras abuelas vieron como normal. Que se haya avanzado mucho no significa que una tarea esté acabada: todavía estamos lejos de acabar con la discriminación de género incluso en el llamado primer mundo. Lo que debiéramos plantearnos, antes de continuar por rutas equivocadas, es si todo el camino que nos queda por recorrer hacia esa igualdad debe hacerse en el mismo sentido y con los mismos protagonistas. Si la igualdad consiste en que las mujeres asuman papeles que tenían prohibidos y que eran privilegio de los varones, podemos acabar reproduciendo, en otros cuerpos, los mismos errores de los que pretendíamos salir. Maldita igualdad si con ella sólo logramos que las mujeres puedan alcanzar altísimas responsabilidades en las que pasar trabajando 18 horas diarias, manifestando frialdad, incomprensión y falta de sentimientos humanos. Tal vez no sea preciso que las mujeres se parezcan más a los varones sino que éstos muevan ficha y busquen la igualdad haciendo un recorrido inverso que les permita disfrutar de todo lo que el machismo les ha impedido desarrollar plenamente: participar de cerca en la educación de los hijos, mostrar sensibilidad, dar rienda suelta a los sentimientos y adquirir esa virtud que llaman empatía.  No es poco.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de marzo de 2009.

08 marzo, 2009

8 de marzo

Hace tres años publiqué algo sobre los dichosos días mundiales. El 8 de marzo es diferente y creo que es una de esas fechas en las que debemos pararnos y reflexionar. Mañana dedico mi columna a la igualdad entre varones y mujeres, sin mucha profundidad, con las limitaciones que tiene una columna. Por eso creo que hay que pensar y repensar muchos de los problemas que nuestras sociedades tienen.

La inmensa mayoría de las mujeres del mundo continuan sin recibir la consideración de ser humano pleno de derechos. Siguen existiendo, en papel o de facto, títulos de propiedad de ellas como si fueran ganado o parcelas. Por lo tanto, a la hora de abordar los problemas de la mujer en el mundo, deberíamos colocar en primer lugar esa cuestión y no otra. No nos vale el relativismo cultural ante violaciones de derechos humanos muy graves que se cometen con el beneplácito de los gobiernos de casi todo el mundo.

Si nos fijamos en los problemas que tenemos en el llamado primer mundo, vemos que todo tiene una gravedad menor. Eso no significa que no sea importante y que las luchas feministas hayan dejado de tener sentido aquí y ahora. Por mucho que les pese a quienes quieren desprestigiar la palabra feminismo, intentando equipararla con el hembrismo, las mujeres siguen teniendo más dificultades que los varones en muchos aspectos de la vida y es por eso que el feminismo sigue siendo necesario.

Muchas veces nos hartamos de hacer leyes para resolver problemas y no nos damos cuenta de que la cuestión no radica en una nueva norma sino en hacer efectivas las existentes. Si el artículo 14 de la Constitución y el 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos fueran vigilados en su cumplimiento con el mismo celo que se hace con el pago del IVA o con el exceso de velocidad (allí donde hay radares) estaríamos hablando de más. Quizá sea ese uno de los escollos: no podemos poner un radar en cada ciudadano que nos haga saltar las alarmas ante discriminaciones por razón de sexo.

Me escandalizo cada vez que leo un estudio en el que se habla de la discriminación salarial de las mujeres. Siempre me hago la misma pregunta. ¿Por qué no cogen las nóminas en las que se demuestra esa discriminación, van a la inspección de trabajo y ponemos una sanción lo suficientemente gravosa como para que no merezca la pensa volver a discriminar?

Otra cosa que no consigo entender es las normas que se hacen para conseguir la reconciliación familiar y que parten de un concepto equivocado: los hijos (y los mayores) son una responsabilidad de la mujer y "subsidiariamente y en algunas ocasiones" también de los varones. Cuando se legisla ad mulierem en esos aspectos, se está discriminando en el intento de hacer desaparecer la discriminación.

Creo que la discriminación en nuestros países llamados occidentales parte de las relaciones humanas. En las parejas sigue existiendo (incluso en las más progres) una desigualdad que marca de un modo definitivo. Es muy difícil legislar en este sentido, porque si una mujer consiente la discriminación que ejerce su propia pareja poco podemos hacer los demás. Pero poco no significa nada, y hay algunas normas que sí que se podrían dictar para resolver esa cuestión.

Por ejemplo, soy partidario de que el permiso de paternidad sea de una semana (en lugar de los quince días actuales) pero que, a cambio, la baja maternal se pueda extender hasta seis meses siempre y cuando dos de ellos sean disfrutados, obligatoriamente, por el varón. [Se haría excepción en caso de familias monoparentales, obviamente]

Por muchas razones:

1. Implicar al varón (muchos no están concienciados) en el cuidado y el afecto a sus hijos.
2. Evitar la discriminación a la mujer a la hora de seleccionar el personal. Si cada nacimiento sabemos que va a "costar" un mínimo de dos meses y un máximo de cuatro, habremos conseguido hacer desaparecer muchas excusas.
3. Los niños son un bien de la sociedad y su "coste" (lo pongo entre comillas, yo creo que es una inversión y no un coste) no debe reacaer sólo en quien gesta, da a luz y amamanta la criatura. El resto de los cuidados que se dan a un niño los puede hacer un varón sin limitación física o mental específica en función de su sexo. Creo que sería una medida educativa en la sociedad y en la familia.

Me he encontrado a mujeres que cuando les he dado a conocer esta propuesta les parecía mal. Estaban a favor de poder tener seis meses de baja pero que los otros dos meses fueran optativos entre el padre y la madre. Yo creo que eso sería un error porque perpetuaría los estúpidos prejuicios del empresariado, que sigue viendo en las bajas maternales un problema que traen las mujeres (cuando es una situación que traen las familias). Esa posibilidad de opción haría que en el 95% de los casos fuera la mujer la que se los pidiera y no habríamos avanzado nada.

Creo que ya he escrito suficiente por hoy. Pero es un asunto que da para mucho más. Llevo hablando mucho de este tema con un viejo amigo y en algunas cosas creo que estoy de acuerdo con él. Quizá no debamos buscar la igualdad entre varones y mujeres. Tal vez lo más enriquecedor sea que los varones aprendamos de la manera de ver y de sentir que ellas tienen y que, por culpa de la educación machista, nos fue negado a los varones.

Sobre la violencia machista tengo que poner un día un post "elaboradito". ¿Dónde nace? ¿Es innata? ¿Se aprende? ¿Quién la enseña?

Pero eso lo dejo para otro día. Por cierto, feliz día a quienes luchan por los derechos de las Mujeres en todo el mundo.

La canción de Javier Krahe - tiene muchos años- es una descripción certera de ese machsita de todos los días que sigue habitando tantas casas.

08 marzo, 2008

8 de marzo



Ser iguales no es ser idénticos. Ser iguales significa que nada te impide tener los mismo derechos que el otro o la otra. La igualdad no baja del cielo: se lucha y se consigue. Para ello hay que discrepar y decir qué cosas no nos gustan, preguntarnos continuamente por qué yo o por que ella no podemos hacer esto o lo otro, por qué se oculta esta realidad y se magnifica esta otra, por qué unas víctimas son anónimas y otros tienen nombres y apellidos, por qué una muerte lo para todo el 7 de marzo y cuatro no paran nada el 26 de febrero. Ya vale de preguntas: empecemos a escuchar respuestas, analizarlas, interiorizarlas y prepararnos para seguir luchando por un mundo más justo, más igual y sin violencia.


La violencia nos hace animales. Quien la usa abdica de la condición de ser humano para convertirse en un mero animal independientemente del grado o la fuerza. Y eso es igual aquí, en Arrasate, en Darfur, en Bagdhad, en Faluhjah, en Palestina, en Monrovia...

Equipos y estrellas

  No sé si las celebraciones mundiales se acabarán esta semana o se prolongarán varios meses, otorgando cada región las oportunas medallas i...