Llevaba años abusando del adjetivo kafkiano sin saber si lo utilizaba con propiedad. Y me acerqué al diccionario y descubrí que, además de referirse a las obras del autor nacido en Praga, se habían añadido los significados de absurdo y angustioso. Así que no me equivocaba, porque absurda es la situación en la que me he encontrado hace unos días. Resulta que tengo que sacarles a mis hijos un bono de autobús urbano que van a tener que utilizar durante un par de semanas. Y llega uno a la oficina, creyendo que se va a ir con las tarjetas bajo el brazo, y le sorprenden con que debe rellenar sendos impresos, adjuntar fotocopias del DNI, un par de fotografías y un certificado de que son estudiantes. Intento explicar que en España todas las personas entre 6 y 16 años deben estar escolarizadas por imperativo legal. Me contestan, amablemente, que explique eso en el Ayuntamiento de Badajoz. Así que el siguiente paso es ir al colegio de los niños, molestar al secretario para que me extienda un papel que acredite lo que cualquier institución que no fuera mema debería saber, que aquí los niños son estudiantes por imperativo legal. Ahora sólo me resta que mis hijos rellenen la petición al alcalde, adjunten todos los documentos y puedan llevarlo al registro municipal, que está abierto en las horas en que ellos están en el colegio y sus padres trabajando. En una semana o diez días recibirán una carta con la que, al día siguiente, podrán obtener la preciada tarjeta-monedero de estudiante. Me parece que cuando lo consigamos ya no nos hará falta. Los niños son pequeños, pero se van a aficionar a Kafka antes de tiempo.11 octubre, 2010
Kafka
Llevaba años abusando del adjetivo kafkiano sin saber si lo utilizaba con propiedad. Y me acerqué al diccionario y descubrí que, además de referirse a las obras del autor nacido en Praga, se habían añadido los significados de absurdo y angustioso. Así que no me equivocaba, porque absurda es la situación en la que me he encontrado hace unos días. Resulta que tengo que sacarles a mis hijos un bono de autobús urbano que van a tener que utilizar durante un par de semanas. Y llega uno a la oficina, creyendo que se va a ir con las tarjetas bajo el brazo, y le sorprenden con que debe rellenar sendos impresos, adjuntar fotocopias del DNI, un par de fotografías y un certificado de que son estudiantes. Intento explicar que en España todas las personas entre 6 y 16 años deben estar escolarizadas por imperativo legal. Me contestan, amablemente, que explique eso en el Ayuntamiento de Badajoz. Así que el siguiente paso es ir al colegio de los niños, molestar al secretario para que me extienda un papel que acredite lo que cualquier institución que no fuera mema debería saber, que aquí los niños son estudiantes por imperativo legal. Ahora sólo me resta que mis hijos rellenen la petición al alcalde, adjunten todos los documentos y puedan llevarlo al registro municipal, que está abierto en las horas en que ellos están en el colegio y sus padres trabajando. En una semana o diez días recibirán una carta con la que, al día siguiente, podrán obtener la preciada tarjeta-monedero de estudiante. Me parece que cuando lo consigamos ya no nos hará falta. Los niños son pequeños, pero se van a aficionar a Kafka antes de tiempo.29 junio, 2009
Las leyes de la lógica

Quienes establecen normas y dictan leyes no siempre consiguieron un aprobado en aquella parte de la filosofía de tercero de BUP llamada lógica. Cuenta Eduardo Galeano que un preso llamado Noueched fue sancionado, allá por el año 1973, a cinco días sin salir al patio por incumplir el reglamento. En éste se establecía que los presos debían caminar en fila y con ambas manos en la espalda, pero Noueched fue castigado ya que ponía una sola mano: era manco. De nada vale esgrimir la lógica cuando hay alguien dispuesto a seguir al pie de la letra lo que ha sido dictado. Algo parecido les ha pasado a unos amigos de Plasencia, que han tenido la feliz idea de rehabilitar una casa e instalar energía solar. No fue fácil el proceso para obtener una pequeña ayuda pública: tras conseguir toda la documentación que debían aportar los interesados, el arquitecto, la empresa constructora y la instaladora de los paneles, cuando ya creían que todo había llegado a buen puerto, resulta que les faltaba un pequeño requisito. No tenían el certificado de empadronamiento en dicha vivienda. Y es ahí donde se empantana todo porque cualquier intento de explicación cae en saco roto. ¿Cómo se va uno a empadronar, en pleno siglo XXI, en una casa sin electricidad? No sé cómo ha acabado esta historia, si al final tendrán que renunciar a la ayuda de unos mil euros o deberán optar por empadronarse en la vivienda antes de vivir en ella. Lo que sí parece fuera de toda duda es que las ficciones de Kafka y las realidades vividas por Nouched se encuentran, en demasiadas ocasiones, a la vuelta de la esquina.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de junio de 2009.
Matonismo
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