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18 marzo, 2013

El encanto de la discreción


Discreción y encanto son dos de esas palabras que salen juntas por inercia, una detrás de otra, desde que a Buñuel se le ocurriera reunirlas en el título de una película. El genial aragonés atribuía esas cualidades a la burguesía, pero como ahora estamos en plena reubicación de clases sociales ya no sabemos quién practica la moderación, la cautela y la mesura.

Hay quienes llevan a gala hablar mucho, en voz alta y con estridencias, para que todo el mundo se entere de que ha abierto la boca.  Y suele ocurrir en esos casos que el contenido pasa a un segundo plano, y que incluso una posición medianamente razonable pierde toda su fuerza por culpa del exabrupto y la exageración.  El recurso a la comparación con Hitler, que ha dado para que un tal Godwin establezca una especie de principio respecto a la presencia del dictador al final de cualquier discusión, es un elemento que ha dejado de tener fuerza dialéctica debido al uso desmesurado que hacen algunos.

Frente a quienes creen en la eficacia de las grandes intervenciones permanentes, conviene hacer un elogio de la discreción: me contaba alguien, que conoce de primera mano alguna de las polémicas surgidas en Extremadura en torno a las cajas de ahorros, que últimamente había en ellas demasiado ruido, una sobredosis de declaraciones muy bienintencionadas pero que tal vez no fueran la ayuda más eficaz para resolver los problemas. En los momentos difíciles no hay nada mejor que una gestión sosegada de los discursos: conviene hacer el doble o el triple de lo que se cuenta y no olvidar que la discreción tiene su encanto.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de marzo de 2013.

27 octubre, 2008

Micrófonos abiertos

Los clásicos acuñaron el in vino veritas, poco después se dio por sentado que la certeza habitaba en la voz de los niños y los borrachos, pero ahora son los micrófonos abiertos los que nos desvelan la verdad auténtica. Y es entonces cuando surgen las dudas sobre si hay que hacer público o no aquello que el azar sacó a la luz por culpa de un botoncito que estaba en la posición on cuando debiera estar en off. No cabe duda de que aprovechar la indiscreción tecnológica para revelar hechos intrascendentes o del ámbito privado es absolutamente reprochable, porque nos debería importar un pimiento si a una personalidad no le ha gustado la comida o si le duelen los pies. Otra cosa bien distinta es cuando el micrófono indiscreto nos descubre la sinceridad pura y dura en abierta contradicción con la apariencia que el personaje público nos pretende dar.  Ya sabemos que muchas opiniones de personalidades públicas son fabricadas por gabinetes de imagen, que van escogiendo entre lo procedente, lo impactante o lo novedoso, en función de cómo se coticen las declaraciones prudentes o arriesgadas. Son muchas las ocasiones en las que deducimos que los políticos elaboran mensajes en los que no creen, pero nos falta tener la seguridad de lo que presentimos. El discurso de Rajoy ante la fiesta nacional de 2007 se intuía desmedido y sobreactuado, de ahí que haya sido muy interesante conocer lo que él realmente siente ante toda esta parafernalia de desfiles patrióticos, un sentimiento que, por otra parte, compartimos muchísimas personas más. Tantos siglos buscando la verdad y todo lo logra un simple botoncito.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el lunes 27 de octubre de 2008.

Crisis humanitarias y de humanidad

Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución s...