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31 enero, 2009

José Luis Sampedro


Reconozco mi pereza para abordar libros sobre economía. Una vez conseguí acabar uno de Jesús Albarracín e intentando buscar el título me acabo de enterar de que murió en 2001. No he leído ningún libro de economía de José Luis Sampedro, pero veo que acaba de sacar uno a los 91 años, que se dice pronto. Economía humanista. Algo más que cifras (Debate). Sampedro afirma que el sistema capitalista está agotado y no porque la crisis haya acabado con él, sino que la crisis es un reflejo de ese declive.  Lo que me gusta de Sampedro es que nos lo explica muy bien a los que somos torpes para los números: "Igual que mi sordera es una expresión de mi vejez, pero no es la causa de ella".

Puede ser una lectura interesante.

Sampedro es uno de los escritores e intelectuales más queridos y respetados de este país. Catedrático de economía, su talla como académico en ese campo ha sido quizá oscurecida por su dimensión humana y novelística, pero esta colección de artículos, cuidadosamente seleccionados por Olga Lucas y Carlos Berzosa, demuestra la profundidad de su pensamiento, la solidez de su formación y la capacidad de traducir conceptos complejos a un lenguaje llano y accesible. Este volumen destaca por la preocupación que Sampedro muestra por cuestiones como la ecología, el desarrollo y la relación entre economía y política, y su empeño en humanizar una ciencia que en ocasiones peca de una frialdad impasible.

22 septiembre, 2008

Se veía venir

El mundo está lleno de adivinos a toro pasado que se aprovechan de nuestra frágil memoria para decirnos que ellos ya lo sabían, que se lo olían todo y que advirtieron de todos los peligros. Como hoy día internet resuelve fácilmente estas amnesias, habría que recordar que no todos se apuntaron a los malos augurios sino a todo lo contrario. Un buen ejemplo es Álvarez Cascos, que en octubre de 2002 no se preocupaba de la subida del precio de los pisos sino que la justificaba en lo altos que estaban los salarios. Un año más tarde negó la posibilidad de una burbuja inmobiliaria que pudiera pincharse de golpe y causar una caída brusca, porque el sector de la construcción gozaba de una salud de hierro. El único problema que atisbaba era la falta de suelo y abogaba por una liberalización que serviría para moderar los precios. En algunos lugares se hizo urbanizable hasta el rincón más recóndito y los precios siguieron disparados. Hubo quien sí que adivinó, en noviembre de 2003, que si subían los tipos de interés se produciría una gran crisis. Fue un tal Solbes, que era comisario europeo de economía, y que merecería todos los premios y elogios del mundo por haber tenido mejor ojo que nadie. Lástima que tras su llegada al Ministerio perdiera esa capacidad de anticipación, y que durante sus cuatro primeros años como vicepresidente económico no pusiera los medios suficientes para prevenir y paliar lo que había diagnosticado meses antes. Por lo menos ha tenido el detalle de no decirnos, con recochineo,que se veía venir. Otros, mientras tanto, creerán que las hemerotecas son reencarnaciones del diablo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 22 de septiembre de 2008.

Crisis humanitarias y de humanidad

Desde hace más de 30 años colaboro con varias organizaciones que se dedican a ayudar a seres humanos. Con algunas de ellas mi contribución s...