22 febrero, 2017

Grupos humanos

No sé si se han puesto a contar los grupos de mensajería instantánea en los que están. Ayer intervine en más de veinte y menos mal que la edad de mis vástagos, que empiezan a estar creciditos, me ha evitado padecer los engorrosos grupos de whatsapp en los que están todos los padres y madres de la clase, en los que se pregunta cada día qué hay de tarea o dónde se compra la cartulina para el trabajo de plástica. Los hay de familia extensa, de familiares muy allegados, y otros creados para un evento y que, con el paso de los días, van pareciendo un pueblo abandonado. Son una fuente inagotable de utilidades e inutilidades, puesto que sirven para localizarte cuando estás perdido y te pierdes en ellos cuando tienes que hacer otra cosa. Te pueden valer para reavivar una amistad perdida o para enemistarte para siempre con la de todos los días, sobre todo si cometes el error de olvidar quién está por ese grupo aunque lleve siglos sin decir ni mu.

Si usted, además, tiene una vida asociativa de lo más ajetreada, entonces el asunto se le puede disparar: la oenegé, la asociación de vecinos, la plataforma de tal y el colectivo de otra cosa que ya no sabemos ni para qué era. Imagino que las comparsas, cofradías y sociedades gastronómicas ya tendrán su propio grupo con sus particularidades. Si, para más inri, dedica usted algo de su tiempo a la política, imagino que tendrá su grupo local, regional, temático, el de su corriente de opinión y de opiniones corrientes, que aunque parezca lo mismo no lo es.

Pero hay grupos que merecen un tratamiento especial y son los de los reencuentros, los que reúnen a quienes conociste en un momento de tu vida en el que era impensable tener un móvil en el bolsillo porque los teléfonos estaban atados a la pared y se usaban con cuentagotas. Hace unos meses me reencontré con el equipo de futbol con los que fuimos campeones de Extremadura y hace poco me juntado con mi pandilla de la adolescencia y del instituto, que cada mañana me ponen una canción para alegrar el día. Y el día 25 de marzo me reencuentro con el centenar de compañeros de colegio, que andan repartidos por el mundo, desde Boston a Sudán pasando por Valladolid. Algunos son un desastre con las nuevas tecnologías, otros nos escriben una novela en sus ratos de insomnio y alguno que otro te detalla escenas de infancia que tenías profundamente olvidadas. El último grupo al que me han añadido es al de colegas de la Facultad, donde cada foto que se cuelga produce risas, llantos y añoranzas a partes iguales.

Jordi Évole nos contó en su programa del domingo que debíamos mirarnos la adicción a estas cosas y me imagino que esto es como el vino: cuestión de medida. Veámoslo de otra manera: los grupos humanos de los que formamos parte los estamos disfrutando (o padeciendo) al instante.

Publicado en el diario HOY el 22 de febrero de 2017.

-->

08 febrero, 2017

Mansedumbre, Bulgaria y testosterona


Ayer escribía Antonio Tinoco a la vuelta de esta página sobre lo mansas que son las gentes de esta tierra y cómo existen muchísimas personas que, todavía, consideran extravagante y de mala imagen eso de protestar, reivindicar y reclamar. No hace falta que vengan con estudios sociológicos profundos sobre la cuestión, porque a simple vista nuestros índices de asociacionismo vecinal, sindical o de consumidores serán los más bajos de todo el Estado. Y así nos va: nuestro sino histórico y muchos de nuestros males actuales vienen de esa falta de coraje para unirse a favor del bien común y preferir una salida individual en forma de lotería, favor paternalista o nepotismo descarado. “Mira a ver si conoces a alguien que te lo solucione”, con el complemento indirecto en singular, no vaya a ser que el plural nos convierta a todos en una turba peligrosa.



Pocas cosas hay peores que la mansedumbre y una de ellas es la fe ciega en los liderazgos, el hacer click siempre en la opción “sí a todo” y convertirse en un brazo de madera de quien manda en cada momento. En castellano hemos acabado por llamar congresos a la búlgara a aquellos en las que las decisiones eran tomadas por disciplinada unanimidad, a veces con más votos que votantes, donde nadie discrepaba, más por miedo o disciplina que por convicción. Uno no quisiera pensar que el congreso de Ciudadanos el pasado fin de semana o el del PP en los próximos días tienen algún parecido con la bulgaridad  - acéptenme el neologismo - de la que hablaba antes, pero no deja de ser curioso el aspecto de balsa de aceite que se produce en los partidos más conservadores, donde no hay fisuras ni propuestas diferentes y donde las discrepancias las dirime un solo hombre en un despacho. Mientras, leo que en Bulgaria la gente ha salido a la calle y ha tumbado al gobierno por el alto coste de la electricidad. Por aquí, en cambio, veo que hemos tenido la suerte de que ha empezado a llover algo: ni nos subirán la luz, ni hará falta salir a protestar.



Y cuando ya pensaba que no había nada peor que la docilidad y el seguidismo ciego, me encuentro con una entrevista a Miguel Urbán en la que pide acabar con “la telenovela de machos alfa” en la que se ha convertido una parte del proceso congresual de Podemos en Vistalegre. Hemos pasado del 15M anónimo y sin portavoces a un personalismo llevado hasta las últimas consecuencias. No es cuestión de comparar entre en lo malo y lo peor, porque ni nuestra mansedumbre, ni los congresos búlgaros ni el exceso de testosterona solucionan los problemas de gente. Para eso solo sirven las ideas, la capacidad para contrastarlas, debatirlas con números y fechas e intentar ponerlas en práctica con el mayor consenso posible. A lo mejor es más fácil de lo que parece y solo hace falta tomarse en serio la política, con mayúsculas.

Publicado en el diario HOY el 8 de febrero de 2017.

 

25 enero, 2017

La ideología machista



El sábado las calles de Estados Unidos y otras ciudades del mundo se vieron abarrotadas por mujeres que querían defender sus derechos. La mayor de las manifestaciones, que superó el medio millón de asistentes, tuvo lugar en Washington, la misma ciudad en la que el día anterior tomaba posesión Donald Trump. No cabe duda de que el machismo del nuevo presidente, del que dan buena cuenta sus innumerables declaraciones, ha servido para poner en guardia a todo el país ante la amenaza de ver retroceder unos derechos que antes era difícil conseguir que se aplicaran y que ahora habrá que intentar que no sean borrados de un plumazo de las leyes.

En Estados Unidos no era difícil manifestarse ante la zafiedad del neomachismo, un término al que le sobra el prefijo porque no tiene nada de novedoso. Pero me preocupa menos lo que allí pueda ocurrir, donde el foco de los retrógrados está claramente identificado y hay una sociedad movilizada, que en otros lugares más cercanos, donde se va extendiendo un negacionismo que no es muy diferente del de aquellos que dicen que jamás hubo holocausto. La realidad es que en nuestras sociedades ha existido y existe discriminación hacia las mujeres en casi todos los ámbitos y que sería más fácil nombrar aquellos en los que la igualdad está casi conseguida. Gracias al feminismo, término que incluso una institución tan misógina como la RAE define como la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”, hoy es posible que ellas puedan abrir una cuenta bancaria, tengan pasaporte, puedan dar clase en la Universidad y hasta ser alcaldesas. Y hay que contar estas cosas porque mucha gente joven creerá que esto siempre fue así o que todo cambió porque unos señores se dieron cuenta de que ya estaban siendo demasiado malotes.

Nada cayó del cielo, cada derecho tuvo que ser luchado y para disfrutar de ellos hubo un movimiento feminista que se dejó la piel y la sangre en el camino. Por eso hay algunos a los que nos produce una enorme tristeza escuchar términos como feminazi o a gente que cree el movimiento feminista está intentando imponer una llamada ideología de género. No se equivoquen: la ideología que todavía sigue impuesta es la del machismo, la que se cobra nuevas víctimas semana tras semana y contra la que hay que actuar en todos los frentes, especialmente el educativo, porque es necesario que todo el mundo, sin excepción, sepa que la igualdad de las mujeres es un derecho humano sobre el que no se debería frivolizar jamás.

Vivimos al borde de un abismo, donde las libertades son vendidas a cambio de seguridad y donde la igualdad es una voz demasiado molesta para quienes se aprovechan de las desigualdades. Del lema de aquella revolución francesa nos queda la fraternidad, a la que le ha salido una hermana que llaman sororidad y que el sábado salió por las calles de medio mundo.  

Publicado en el diario HOY el 25 de enero de 2017

 

11 enero, 2017

Rebajas en los trenes



“En enero y febrero, no te quedes en casa. Empieza el año viajando con nosotros al mejor precio. Renfe te ofrece miles de plazas en trenes AVE y Larga Distancia con hasta un 70% de descuento, para que aproveches las rebajas fuera de tu ciudad. Visita a tu familia, haz turismo, viaja por trabajo o descubre ese lugar que te falta por conocer”.


Con este parrafito me animaba el pasado lunes la principal empresa ferroviaria del país a sumarme a las rebajas. Es la suerte de ser usuario habitual del ferrocarril y de contar con una de esas tarjetas de fidelización que, por culpa de vivir donde aquí, apenas me sirve para nada. Navegué por el enlace que me enviaron y vi en letra negrita otra apelación. “Busca tu oferta con destino a Barcelona, Madrid, Zaragoza, Sevilla, Valencia, Alicante, Bilbao, Gijón, Valencia, Córdoba y muchas otras ciudades”.

Reconozco que sentí una pequeña frustración al no ver ninguna localidad extremeña entre las mencionadas pero, para no pensar mal, confié en que pudiera estar en ese cajón de “otras muchas ciudades”. El listado era enorme: desde Madrid a 17 ciudades, desde Barcelona a 11 capitales diferentes y con unos precios realmente atractivos. Desde el centro de la península se podía llegar a Almería por 14 euros, a Alicante por 19 y a Gijón por apenas 16. ¡Y dos meses para poder disfrutar estas gangas y aprovechar incluso el próximo puente carnavalero!


Pues no. Resulta que todo esto no es para nosotros. Sí, ya sabemos que no tenemos AVE pero, como las distancias en ferrocarril se nos hacen eternas, podíamos pensar que encontraríamos alguno de esos chollos en el apartado de “Larga Distancia”. Y la respuesta es que no, que los trenes que pasan por nuestra región son todos de “Media Distancia” y lo único que tienen larga es la duración. Y esto ocurre en una región en la que la Comunidad Autónoma tiene que dar dinero a la operadora para que no le quiten los escasos trenes que circulan. Así que la última afrenta ferroviaria a Extremadura es que de Madrid a Badajoz los 400 km se hacen en casi 6 horas y por 34 euros, mientras que si fueras a Alicante podrías hacerlo en dos horas y media por menos de 20 euros.


Yo me pregunto qué tiene que pasar en Extremadura para que, ante tales discriminaciones, pueda brotar un ápice de rebeldía entre la población. ¿Hasta dónde seremos capaces de aguantar este tipo desaires, olvidos y desprecios? Solo hay dos provincias peninsulares (las ignoradas Teruel y Soria) afectadas por una discriminación como la que padecemos, con la diferencia que allí sí fueron capaces de salir a la calle para alzar la voz. Imagino que esta anécdota de las rebajas en los trenes no es la peor de las desgracias en una tierra con tantos problemas, pero es significativo que algunos de los que nos representan no fueran capaces ni de reclamar un tren digno, ya, para su tierra. 

Publicado en el diario HOY el 11 de enero de 2017. 



09 enero, 2017

La última afrenta (ferroviaria) a Extremadura

En Renfe hay rebajas de enero y de febrero. En los próximos días se pondrán a la venta billetes de Alta velocidad y largo recorrido a unos precios inimaginables, con un 70% de descuento. De Madrid a Alicante por 19€, a Almería por 14€ y a Gijón por 16€. ¿Y si quiere ir usted a Badajoz o a Cáceres? Pues se aguanta porque, como ve en el mapa, allí no hay ni AVE ni Larga Distancia. Hay "Media Distancia" (lo que es larga es la duración). Por el doble de tiempo de lo que le costaría llegar a Alicante le ponemos en un tren de asientos rígidos, sin cafetería, ni vídeo y por el más del doble de precio: exactamente 34,10€. Y lo que lllevamos así y lo que llevaremos. Si mañana no están todos los diputados y senadores de Extremadura haciendo una declaración conjunta de no apoyar ningún presupuesto que no empiece a solventar esta afrenta, es que no merecen ni volver a su tierra.

28 diciembre, 2016

Jerigonzas y engendros



En Portugal hay un término que hace un año casi nadie conocía y que ha pasado a estar en los periódicos todos los días. La geringonça no es lo mismo que nuestra jerigonza, porque en portugués tiene una acepción que se refiere específicamente a aquel artefacto complejo, compuesto de piezas diferentes y escasa consistencia. La palabra volvió a ser puesta en circulación por un comentarista político llamado Vasco Pulido Valente para identificar al gobierno formado por el socialista António Costa con el apoyo del resto de partidos de izquierda. Los medios han hecho el resto y han conseguido extender el vocablo, que es muy probable que consiga el título de palabra del año.



Conseguir que una palabra se imponga para definir una realidad nueva se ha convertido en una prioridad política y mediática. Si, además, el término elegido tiene ya una carga despectiva, entonces la tarea de echar por tierra cualquier nueva iniciativa tiene posibilidades de hacerse fuerte. En Portugal el llamado gobierno de la geringonça está consiguiendo, contra viento y marea, cambiar el rumbo de una ruta marcada por la troika y ejecutada por la coalición de conservadores y liberales. A la hora de hacer balance del primer año de gobierno, desde la prensa económica -que no suele estar escorada a la izquierda- se afirmaba que se había conseguido demostrar que hay una alternativa al austericidio, y que era posible afrontar subidas de salarios mínimos, de pensiones y del poder adquisitivo de las clases medias y bajas. No se puede ocultar que se trata de un gobierno con sus contradicciones y que va a tener que hilar muy fino para lograr acuerdos duraderos entre fuerzas con puntos de vista diferentes, aunque no antagónicos. Pero ha conseguido que muchos de los que esperaban que el artefacto se viniera abajo tengan que comerse algunas de sus palabras.



Ocurre, en ocasiones, que lo que pudiera parecer un engendro con dificultades de mantenerse en pie llegue a convertirse en una solución posible y con capacidad de mejorar lo existente. Además, las diferencias desde el punto de vista ideológico son más fáciles de superar cuando hablamos del ámbito local, donde el nivel de conocimiento entre las personas es mayor y donde determinadas líneas dejan de ser insalvables. Quizá por ese motivo sería posible que, por poner un ejemplo, tres formaciones de la oposición pudieran consensuar otra manera de gobernar una ciudad. Tal vez sin tener perfectamente consensuado un modelo de ciudad, pero con la capacidad de ponerse de acuerdo en cómo regir un consistorio con criterios de transparencia y poniendo por delante los intereses de los ciudadanos más desfavorecidos. Y lo que ha ocurrido aquí al lado, en Portugal, con obstáculos pero con logros tangibles para las personas, puede atravesar fácilmente la frontera sin necesidad de provocar el pánico. Si demonizamos a los partidos cuando no se ponen de acuerdo y también cuando lo intentan, tal vez deberíamos preguntarnos si nos está fallando algo en nuestro sentido crítico.

Publicado en el diario HOY el 28 de diciembre de 2016 

Ilustração de Hélder Oliverira no Expresso do 5 de maio de 2016

 

14 diciembre, 2016

Ideas y personas

Cuando nos enseñaban aquello del análisis sintáctico nos decían que había que preguntarle al verbo para averiguar quién era el sujeto y qué era complemento directo. La personalización en todos los ámbitos de la vida, especialmente en los mediáticos, nos ha llevado a darle más importancia al sujeto que realiza la acción que a lo que realmente se hace. Buena prueba de ello es que a veces se consigue un mayor éxito de taquilla con el actor o la actriz del momento que con un buen guión. Además, es una tendencia que inunda todos los campos que podamos imaginar: las crónicas dedicarán más minutos a la actuación de la estrella del equipo de fútbol que al trabajo de los otros diez jugadores, por no hablar de los grupos de música en los que la tarea colectiva se ve ensombrecida siempre por la de la voz (del) cantante.

Cuando surgió el 15M los periodistas perdían los nervios cuando el movimiento no tenía portavoces fijos, caras conocidas, nombres y apellidos con los que titular o dirigentes a los que poder investigar, porque no quedaba más remedio que centrarse en el contenido de los mensajes y eso es algo a lo que cada vez nos acostumbramos menos. El hiperliderazgo es lo que vale y el resto pasa a ser accesorio. En los debates cuentan más las miradas, los tonos de voz, los maquillajes, los peinados o los gestos corporales que el discurso en sí. No es de extrañar que estén más cotizados los asesores de imagen que quienes elaboran las propuestas y estamos empezando a darlo como normal. A este paso la crítica gastronómica no se hará probando los platos sino con unas imágenes que, en ocasiones, se confeccionan con elementos incomestibles, donde los suculentos helados no son más que puré de patata coloreado.

En los próximos meses todos los partidos van a celebrar procesos congresuales y van ser examinados con lupa: los que nunca han permitido que sean sus bases las que elijan directamente sus destinos, los que lo hicieron durante algún tiempo y ahora quieren volver al pasado, y los que han llegado nuevos y con la intención de hablar de todo con las puertas abiertas. El veredicto suele ser, paradójicamente, muy benévolo con aquellos partidos con poca democracia, a los que tildan de robustos, mientras que los que cuentan con varios posicionamientos internos son considerados un gallinero.


En el debate interno de Podemos, que está siendo noticia los últimos días, nos encontramos a quienes quieren separar el debate político, estratégico y organizativo de la elección de los dirigentes y a quienes consideran que es mejor votar todo junto. Quizá no se hayan planteado que sería mejor consensuar al máximo qué se quiere hacer y luego elegir a quienes deben intentar ponerlo en práctica. Pero sería poner a las ideas por delante de los personalismos y me temo que eso empieza a ser difícil incluso entre quienes desean cambios profundos.

Publicado en el diario HOY el 14 de diciembre de 2016

10 diciembre, 2016

Ganar una batalla

Hoy era el día de los Derechos Humanos y se ha presentado el nº 254 de la revista Versión Original con la solidaridad como hilo argumental. En este número hemos colaborado tres personas del grupo de Amnistía Internacional. Además de Remedios Tierno y Jesús Álvarez, el número contiene muchas colaboraciones de amigos José Manuel Rodríguez Pizarro, Pilar Sarró, José Mª Núñez o Pablo A Cantero Garlito.

Os dejo mi colaboración sobre mi película favorita: Un lugar en el mundo.


Ganar una batalla

A todos nos han preguntado alguna vez cuál era nuestra película preferida. Algunos lo tienen muy claro y rápidamente citan las obras maestras indiscutibles, aquellas que provocan unanimidades de la crítica, el aplauso del público, récords de recaudación o las tres cosas al mismo tiempo. Otros no reparamos tanto en todos esos parámetros objetivos y nos dejamos llevar por aquella película cuya historia o cuyos mensajes más nos han aportado en nuestras vidas, o por las circunstancias del momento en el que la vimos y que, de una manera u otra, nos dejaron marcados.

Desde que vi Un lugar en el mundo, con la maravillosa música de Emilio Kauderer interpretada por la Camerata Bariloche, se convirtió en mi película favorita y uno no acierta a explicar las razones. Quizá  porque en ella se resumen todos los mensajes de solidaridad que a uno se le ocurren, o tal vez por la fuerza de sus personajes, que son una espuela para seguir luchando por un mundo mejor incluso en esos momentos en los que todo se ve perdido.

La obra maestra de Adolfo Aristarain nos la cuenta Ernesto, el hijo de Mario (Federico Luppi) y Ana (Cecilia Roth), y narra episodios de su infancia-adolescencia en el interior de Argentina, donde ayudan a sacar adelante una cooperativa que lucha contra el poder omnímodo, despótico y cuasi mafioso de un terrateniente llamado Andrada. Entre Mario y Ana sostienen los dos principales pilares fundamentales del lugar, uno es el maestro de una pequeña escuela con niños de todas las edades y ella la doctora que se encarga de cuidar de la salud de la comunidad.

En ese anodino paisaje rural irrumpe Hans (José Sacristán), un geólogo español contratado por el terrateniente para realizar prospecciones, con el que los protagonistas entablan una amistad a pesar de los recelos que les produce el que esté a las órdenes de Andrada. Los tres recuerdan Madrid y aquellos años de exilio huyendo de los militares argentinos. La presencia de Hans, que parece estar de vuelta de todos los sueños de Mario, Ana y la monja Nelda, da lugar a debates amistosos que acaban por resaltar con más fuerza al compromiso ético de quienes creen en los principios, en la capacidad de autogestión de los pequeños trabajadores, en la dignidad de quienes no están dispuestos a agachar la cabeza y pasar por el aro.

Mario es un frontera, como lo define Hans en uno de los momentos culminantes de la película, un ejemplo de vida y una fuente de consejos para quienes quieran hacer de la enseñanza una vía - quizá la única- de transformar la sociedad. Una de las historias paralelas de la película la protagonizan el joven Ernesto y Luciana, la hija del capataz de Andrade, a quien intentará enseñar a leer a pesar de la oposición de un padre que cree que no hay nada mejor que ser esclavo de un buen patrón. Durante los años que me dediqué a la docencia no hubo día que no recordara el único consejo que Mario dio a su hijo Ernesto cuando quiso enseñar a leer a Luciana con un viejo ejemplar de El llamado de la Selva: “lo importante es que no se aburra”. Y tanto me marcó aquel consejo, que durante años acababa mis clases preguntando a los alumnos si se habían aburrido mucho y si habían aprendido algo, subrayando que lo importante era no aburrirse. Pero no es el único momento en el que Aristarain pone en boca de Federico Luppi apuntes sobre una teoría de la educación, como podremos ver en el inicio de esa otra obra maestra titulada Lugares comunes. En esta ocasión Mario aprovecha el último día de clase para repartir los certificados y para resumir en quince palabras su modelo de escuela: “si aprendieron mucho o poco eso no importa, aprendieron a pensar y aprendieron a convivir”, una reflexión con la que está de acuerdo casi toda la gente que cree en el carácter transformador de ese difícil oficio llamado magisterio.

Un lugar en el mundo va a cumplir pronto un cuarto de siglo, el más trepidante de la historia universal gracias al desarrollo de tecnologías y comunicaciones, pero volverla a ver por enésima vez se convierte en un agridulce ejercicio para darnos cuenta de cuántas situaciones del mundo siguen siendo las mismas: la tiranía de los mercados cuando se tiene la sartén por el mango, lo difícil que sigue siendo mantener unidos a los que están abajo para buscar salidas colectivas y no individuales, lo injusta que es la vida con quienes reparten bondad, lo fácil que lo tienen los que andan sobrados de malicia, las heridas profundas que quedan en las almas de quienes han sido víctimas de violaciones de Derechos Humanos, la ternura infinita que desprende el primer enamoramiento o la huella imborrable que dejan los personajes que viven en absoluta coherencia con su manera de pensar.

La carrera entre el tren y un carruaje tirado por un caballo llamado Dumas ya sabemos de antemano quién la va a ganar pero, como dice Mario, “si la guerra se ha perdido por lo menos me quedo con el lujo de ganar una batalla". Algo así hace Ernesto cuando corre en paralelo contra la máquina de hierro, la adelanta, cruza la vía y le manda un corte de mangas al maquinista.


-->
Hay vidas ejemplares que son bien diferentes de las hagiografías, son aquellas en las que vemos unos valores universales que no siempre están de moda y que carecen del glamour del que tanto gustan los medios de comunicación tradicionales. El compromiso de Mario, la dedicación de Ana, la entrega de Nelda, los gestos cariñosos de Ernesto hacen de Un lugar en el mundo una película que llega por igual a la razón y al sentimiento, que nos sirve para armarnos de valor ante las injusticias y para entender las miradas y afectos que se entrecruzan. A veces ganar una batalla consiste en empezar todo de nuevo, con esa falsa sensación de libertad que da el no tener nada que perder. Mientras tanto, mientras cada uno busca su lugar, siempre es aconsejable acercarse a esta obra de Adolfo Aristarain o volverla a ver si ya se les ha olvidado: será como ganar una batalla.


30 noviembre, 2016

Vida, cárceles y muertes

-->


Hace diez días me enteré de que el premio educativo “Giner de los Ríos” se lo habían dado a un maestro de mi pueblo y sus veintidós alumnos. La noticia se titulaba “Los 22 maestros de Guillén” y contaba la experiencia de un grupo de escolares ante el cáncer que padecía uno de sus compañeros y de cómo se apañaron para conseguir que aquel niño de nueve años no perdiera ni el curso, ni la vida. En la crónica narraban los vídeos que le grababan, los turnos que hacían para explicarle las cosas visitándole cada tarde en su casa, o las clases que le daban al aire libre, cuando sus bajas defensas todavía no le aconsejaban el ambiente cerrado del aula, en un parque que lleva el nombre del primer alcalde democrático de mi pueblo.



Aquel alcalde, de humanidad indescriptible, había estado dieciocho años entre rejas, era uno de los presos que más tiempo había pasado en las cárceles del franquismo y solo era superado por unos cuantos como Marcos Ana, el poeta que estuvo recluido la friolera de veintitrés años y que fallecía el pasado viernes a los 96 años. Dos días antes había muerto la que durante casi un cuarto de siglo había sido alcaldesa de Valencia, con las polémicas sobre si su infarto lo había provocado el acoso mediático o sobre la oportunidad de guardarle un minuto de silencio en una Cámara - de la que jamás había formado parte – y en la que no se había hecho lo mismo por un diputado de Badajoz fallecido en el mes de agosto.



De la muerte no nos gusta hablar. Hay quien rehúye las conversaciones, quien considera, como el Vaticano, que las cenizas no pueden ni guardarse ni lanzarse al viento, y quienes hemos acabado por desmitificar un trance tan cotidiano y tan irremediable. El periodista Jon Sistiaga ha realizado para televisión una serie documental titulada “Tabú”, que ya ha recibido el Premio Ondas de este año, en la que profundiza sobre asuntos que no por mucho ocultarlos dejan de existir: los suicidios, la eutanasia o la muerte digna. Y mientras veía uno de los últimos capítulos de la serie reparaba en la gran dificultad que existe en nuestra sociedad, y probablemente en casi todas, para hablar de algo que pasa todos los días, en todos los lugares del mundo y que afecta a todos sin excepción.



Ya pensaba que no eran posibles más encadenamientos de noticias, sucesos, coincidencias o casualidades con alcaldes, presos, comunistas, ancianos, fallecidos…y en eso se fue Fidel. Y, al contrario de lo que ocurre en la famosa canción de Carlos Puebla, su muerte ha servido para que la diversión comenzara en Miami y para que casi todo el mundo tuviera una opinión sobre el personaje y su revolución. No sé si la historia lo acabará absolviéndolo de sus muchos pecados, o si la balanza de sus logros serán valorados con la perspectiva del tiempo y del contexto. Veremos.

Publicado en HOY el 30 de noviembre de 2016.