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22 noviembre, 2010

No ser católico

El lunes pasado intenté explicar que un católico puede vivir su religiosidad en España sin ningún impedimento. Practicar una religión minoritaria o atreverse a no tener ninguna ya es un poquito más complicado. Todo comienza el día que tienes que matricular a los niños en el colegio. Si eliges uno de titularidad pública, no te librarás de ser preguntado sobre tus creencias. De nada te valdrá que el artículo 16.2 de la constitución exprese textualmente que nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología o religión. La cuestión es que, sin decir ni pío, puedes ver que niños con apenas tres años son sacados del aula habitual y apartados de sus compañeros porque la pizarra y el estrado lo ocupa otro profesor elegido por el episcopado. Puede ocurrir que durante esa hora los niños sean llevados a una sala de informática o a cualquier otro espacio del colegio, pero también se dan casos en los que te advierten de que la criatura se tendrá que quedarse calladita al final de la clase, ante lo que muchos padres prefieren que sus hijos vayan a la clase de religión.  Las esperanzas de que en esta legislatura se aprobara una ley de libertad religiosa han desaparecido. Creo que todo sería más fácil si entendiéramos que cada uno puede hacer lo que quiera, que se deben respetar las libertades individuales para llevar una kippa o para santiguarse, pero que los espacios de titularidad pública tienen que mostrar una estricta neutralidad. Y eso afecta a la decoración de las aulas y a las ceremonias de juramento de los ministros. Ya ven que no ser católico implica comulgar muchas veces. Y con ruedas de molino. 

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 22 de noviembre de 2010.
La fotografía apareción publicada en el mismo periódico.
 

15 noviembre, 2010

Ser católico

En apenas diez días hemos vuelto a hablar de religión como en el siglo XVI. Empezó Ratzinger, que antes de aterrizar en Santiago nos avisaba de una situación de acoso a su iglesia como la de los años 30. Le faltó especificar si 1939 entraba dentro de esa horquilla temporal, pero me temo que ese año se le debe haber borrado de su memoria. Luego vino el asunto de los crucifijos en las escuelas públicas y me puse a pensar si no estaremos creando una sociedad en la que es imposible practicar el catolicismo. Pero conozco a cientos de católicos y sé que pueden bautizar a sus hijos libremente, llevarlos a catequesis en las parroquias y matricularlos en colegios religiosos. En el caso de llevarlos a centros escolares públicos, consiguen tener profesores que les adoctrinen en sus ideas, a los que sufragamos entre todos, y que  son elegidos por los obispos sin criterios de mérito, igualdad y capacidad. Les está permitido hacer primeras comuniones, confirmaciones, confesiones y eucaristías. Sus sacerdotes van dando la extrema unción en los hospitales públicos, celebran bodas por su rito, impregnan de cera las calles en la primera luna llena de la primavera, llevando a hombros sus imágenes escoltadas por fieros legionarios. Para financiarse no contratan una empresa de recaudación sino que es la Hacienda Pública la que se encarga de recogerlo, poniendo a su disposición particular toda la infraestructura de la administración. Así que sigo sin ver qué peligros o cortapisas acechan a los católicos. El lunes que viene les contaré lo difícil que es no ser católico en España. Eso sí que es para llorar.


* La fotografía fue capatada en un colegio público de Badajoz.





Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...