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05 octubre, 2022

Presupuestos

A los que se nos dan mal los números no nos ha quedado más remedio que rodearnos de gente de confianza que nos asesore sobre las grandes cifras. En las escuelas nos enseñaron a manejar las cifras pequeñas o las operaciones básicas, y hace poco escuché a quien proponía que nadie saliera del instituto sin unas nociones elementales para llevar bien las cuentas de su casa, entender a la del banco cuando te explica las complejidades de un crédito o saber cumplimentar la declaración del IRPF.

La política parece estar vestida de letras por todas partes: en la antigüedad la oratoria era fundamental para dedicarse a los asuntos de la res publica y los que hoy trabajan con las leyes se han inventado hasta un lenguaje, al que llaman jurídico, que en ocasiones parece creado para que no les entendamos. Por eso son dignas de admiración las personas capaces de abarcar sabidurías múltiples y de desvelarte las claves que lo explican casi todo.

Una de esas piedras angulares de los saberes cotidianos es aquella que afirma que la política son los presupuestos y casi todo lo demás es relleno o parafernalia. Hoy las noticias nos hablan precisamente de un preacuerdo de presupuestos, que han sido calificados como expansivos y con un marcado acento social. Lo de expansivos me cuesta comprenderlo, porque es un adjetivo que igual se lo aplican a una onda o que sirve para definir a alguien que tiende a manifestar su estado de ánimo o sus pensamientos. Me interesa más lo del marcado acento social, adjetivo que nos hace presuponer que tendrá asignadas mayores cantidades para las personas desfavorecidas y para las necesidades básicas y fundamentales de la población.

Pero todo es un presuponer, que de ahí viene presupuesto, y habrá que ir viendo la letra pequeña del acuerdo y el resultado final tras su trámite parlamentario, porque ya hemos conocido presupuestos aplaudidos que se quedaron en agua de borrajas o tiempos en los que, con la excusa de contener el déficit, se dejaba sin ejecutar hasta lo imprescindible.

Los últimos años no han sido buenos, el presente no es mejor y el futuro se presenta con incógnitas en todos los frentes: una pandemia de la que se acaba de salir y que ha dejado tiritando el sistema público de salud, un presente de guerras que se acercan y que influyen en los precios, un planeta que sufre enfermedades que no queremos ver y una desigualdad en el mundo que nos llevaría a pique si fuéramos un buque mercante.

Hace unas semanas, mientras observaba la cola de buques inmensos acercándose al puerto de Sines, recordé un documental en el que explicaban la importancia de equilibrar las cargas para evitar accidentes catastróficos. Me pregunto si quienes llevan el timón del mundo saben que una mala distribución puede llevarnos a la catástrofe a todos los pasajeros, porque no habrá botes salvavidas hacia el espacio más que para el dueño de Amazon y dos o tres como él. Unos presupuestos con marcado acento social pueden servir para que la crisis no engulla, una vez más, a los más débiles. Gestiónenlo bien, por favor. Nos va la vida en ello. 


Publicado en el diario HOY el 5 de octubre de 2022

19 diciembre, 2011

El gen autodestructivo


Hay un insecto que, a pesar de su minúsculo tamaño, consigue importantes beneficios en su hábitat. Tiene la particularidad de que cuando crece y parece que va a tener más fuerza e ímpetu para mejorar su entorno, se le dispara automáticamente una especie de gen autodestructivo. El insecto se ve atenazado por el miedo cuando ve que sus alas y sus patas empiezan a hacerse más grandes, fuertes y poderosas, de modo que es entonces cuando comienza a flagelarse y dañarse a sí mismo hasta convertirse en insignificante. La izquierda que se llama transformadora tiene en España, y también en Extremadura, un miedo escénico a tomar decisiones que reviertan directamente en la vida de los ciudadanos, y un pánico a que su pequeña organización crezca de tal manera que no se pueda controlar. Algunos lo llamamos gen autodestructivo, que se manifiesta en convertir todo en jugadas rocambolescas a múltiples bandas, ver enemigos por todos lados, centrarse más en cómo diferenciarse de otras fuerzas políticas que en los contenidos concretos y las propuestas prácticas. La izquierda que pretende ser transformadora no puede permitirse en este momento de la historia enzarzarse en una lucha intestina que no lleva a ninguna parte, porque no es hora de excluir a quienes no mantienen la pureza de las esencias sino de ir sumando, mediante el ejemplo y las buenas artes de convencer, a una mayoría social crítica y activa que ha salido a las calles de medio mundo en este año 2011. De poco vale luchar contra las dictaduras de los mercados, unirse al grito de somos el 99% si entran en pánico cada vez que superan el 5%.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 19 de diciembre de 2011. 

20 abril, 2009

Curriculum


De pequeño me imaginaba que para ser ministro tenías que ser una eminencia en la materia. Pensaba que la cartera de Interior la llevaría un experto policial, la de Agricultura una ingeniera en la materia y la de Sanidad algún médico con experiencia en gestión hospitalaria. Después me dijeron que no, que no era necesario y que los altos cargos están para trazar las líneas políticas sin necesidad de ser técnico en la materia. Será por eso que un físico como Sancho Rof soltó aquello del bichito de la colza y, en cambio, un economista como Ernest Lluch instauró la asistencia sanitaria universal. Luego me volvieron a asaltar las dudas, allá por el año 1996, cuando Pilar del Castillo rechazó una cartera de Medio Ambiente alegando no tener ni idea del tema. Esa tarea la asumió Isabel Tocino, que tenía menos idea que su compañera pero también menos vergüenza. La admiración por Pilar del Castillo se me desvaneció aquel día del año 2000 en que asumió su cartera de Educación, asunto en el que demostró tener la misma incompetencia que había manifestado anteriormente sobre la fauna y la naturaleza. Hace poco nos cambian unos cuantos ministros, quitan a un científico de Sanidad para poner a una jurista y la cultura cae en manos de alguien que ha estudiado Filología Clásica. Así que uno no sabe si merece la pena que nos lean el curriculum de un nuevo nombramiento, porque la eficacia y el saber estar de un político no dependen de la profesión que haya ejercido. Prueba de ello es que el concejal de Hacienda de Badajoz, siendo profesor de Economía, no tiene todavía aprobados los presupuestos de este año. A finales de abril.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 20 de abril de 2009.


P.S. Me entero, después de escribir esto, que el martes 21 de abril se aprueban los presupuestos del Ayuntamiento de Badajoz. Tampoco es nada grave que, sin ser año electoral, ni haberse producido un cambio en el partido gobernante, ni revuelos por causa de gobiernos minoritarios, el profesor de Economía Financiera haya tardado casi cuatro meses en presentar los presupuestos. Es que a veces somos demasiado exigentes.

Todo excluido

     Mientras esperaba a que abrieran la óptica para graduarme la vista me paré a ver las ofertas de una agencia de viajes que había al lado...