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31 agosto, 2010

Mis libros (et XXVI)



Se acaba agosto y mi periplo por unos cuantos de mis libros. Releo lo escrito y cambiaría cinco por otros cinco diferentes. Y cambiaría casi todas las anotaciones que he ido haciendo. El verano que viene lo haré con películas. 

Aquí dejo el último: Lo leí esta primavera y es de mi vecina de los jueves en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA. Me gustaron mucho Ocrán-Sanabú, Pretérito imperfecto, Manual de ortografía o un precioso cuento tejido sobre la copla Ojos verdes que me encontré en la mesilla de un hotel hace 10 años. Pero Grandes superficies me llegó de una manera especial porque había muchas escenas reconocibles, de esas que uno no se encuentra en las novelas.

Por cierto, mis puntos de vista son criticables, censurables e incluso abominables. Son eso. Puntos de vista y nada más.

30 abril, 2009

Los niños con los niños


Os dejo la columna de hoy de la escritora Pilar Galán en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA. No se puede responder mejor a quienes tienen sus postulados ideológicos basados en argumentos intelectuales como esto.

08 enero, 2009

Gaza según Pilar Galán



Mi vecina de los jueves lo borda casi siempre, pero hoy no tiene desperdicio. La podéis leer en EL PERIÓDICO EXTREMADURA 

( Hay que abrir la pestañita "Más Secciones"  y luego " Sociedad")

Gaza

Lo malo de la vida es que las instrucciones de uso se aprenden con la edad. No sirve de nada un consejo hasta que no tenemos experiencia suficiente para aceptarlo, por eso huimos de los abuelos cebolleta como de la peste. Cuántas veces hemos escuchado que la Navidad es de los niños, que solo se disfruta si no hay ausencias, o eso tan alegre de que se debe vivir cada día como si fuera el último, porque nunca se sabe si lo será. Cada uno de nosotros lleva una carga de advertencias transmitidas de padres a hijos: los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano (cómo nos molestaba este consejo de adolescentes) o no se puede ir uno a la cama sin haber pedido perdón a quien se haya ofendido. De hecho, nos hacemos adultos en el preciso instante en que nos sorprendemos transmitiendo a otro lo que hemos aprendido. Y eso es lo malo, que los años te hacen ver lo que hubieses deseado no haber visto. Acaban de pasar estas fiestas, y sí, tienen sentido por los niños, son alegres si no hay ausencias y no puedes acostarte sin reconciliación. Mientras explicamos esto a nuestros hijos, entre anuncio y anuncio, el telediario nos muestra un poco de lo que está pasando en Gaza, solo un poco, no sea que nos siente mal entre tanta dulzura. Y no puedes evitar preguntarte qué narices estás contando, para qué mundo preparas, si a unas horas en avión, habrá casas en las que siempre faltará alguien, donde no hay reconciliación posible y los niños son víctimas de gobiernos que no toman partido porque cuentan a sus amigos con los dedos de la mano, y cada día se vive como si fuera el último, porque se sabe de cierto que lo será.


02 octubre, 2008

Tener (buenas) ideas y saber contarlas


Cuando uno lee algo puede llegar a tener sentimientos diferentes. A veces nos gusta una idea pero vemos que la han desarrollado y contado de mala manera. En otras ocasiones nos admiramos ante lo bien escritas que están opiniones con las que discordamos. Me pasa cada vez más con Vargas Llosa y sus artículos en EL PAÍS. Y luego te encuentras a quien, además de tener ideas lúcidas, las sabe contar de forma maravillosa, quitándote cada una de las palabras que hubieras dicho si tuvieras capacidad para juntarlas y ordenarlas. Es lo que llamo tener ideas y saber contarlas. Hace tiempo que tenía escrito algo sobre el concepto de normalidad, haciendo ver la diferencia entre la definición de norma que tienen los expertos en estadística y la que nos han impuesto como normalidad. Lo normal puede ser injusto y lo minoritario estar lleno de sensatez. Pero para qué enredarse en intentar explicar lo que otros ya han hecho de manera magistral. No hay nada como tener (buenas) ideas y saber contarlas. Os dejo la columna de hoy de Pilar Galán en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA junto con esta viñeta de El Roto.


Fauna y flora de la normalidad

Los autoproclamados normales pertenecen a una especie peligrosa. De los degenerados o la gente extraordinaria, se puede esperar de todo, desde un crimen al descubrimiento de una constelación, por eso te pillan casi siempre prevenido, pero los normales son otra cosa. Para empezar, son gregarios, (nosotros, la gente normal, suelen decir) y buscan la cercanía de otros normales, por eso nunca llevan a sus crías a lugares donde podrían convivir con la diversidad. Su lengua es maestra en el uso de pero (yo no soy racista, pero...). Su hábitat es variado y su sistema de camuflaje tan perfecto que pueden invadir otro ecosistema sin ser notados. Son predadores natos. Como camaleones, simulan adaptarse hasta que las circunstancias les permiten mostrarse como son. Suelen ser muy activos en las guerras civiles (denuncian o violan al vecino), en las crisis (suben los precios o especulan) y sobre todo en los linchamientos morales. Fingen estar abiertos a conocer especies nuevas; por eso, primero las reciben bien para después convertirse en sus parásitos. Su cortejo amoroso se basa en el baile de la tolerancia, hasta que vencidos los temores del cortejado, se lanzan a los peros: yo soy tolerante pero los inmigrantes cobran paro, por ejemplo. Simulan ser adalides de la integración de los débiles, para después segregarlos (cada oveja con su pareja es su frase preferida) por lo que apartan de la manada a las crías que nacen con algún defecto. Todo ello con la sonrisa de la normalidad. Tengan cuidado, la boca de cualquiera puede esconder colmillos de vampiro, pero de vampiro normal, la especie más dañina sobre la tierra. 

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...