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28 octubre, 2007

Con una me sobra


Del rifirrafe surgido entre Carod-Rovira y una señora de Valladolid podemos aprender varias cosas. La primera es que los nombres y apellidos no se traducen y se dejan en el idioma original: tan ridículo es tratar por José Luis a quien se llama Josep Lluís, como decirle Jorge Arbusto a George Bush. Lo segundo es que hay gente que cree que saber una lengua es suficiente para sobrevivir en este mundo. La señora tenía su parte de razón porque sí que se puede sobrevivir sin ningún problema conociendo únicamente la lengua materna. También sabemos ahora que el político catalán cree que no es propio del primer mundo saber un solo idioma, algo en lo que se equivoca puesto que son los ingleses y estadounidenses quienes menos interés tienen por aprender idiomas ajenos. De todo lo ocurrido, lo que más debería hacernos reflexionar es que no exista rubor en ignorar algo y hacer gala de ello, disculpable en una señora mayor pero injustificable para las nuevas generaciones. Se acerca el 2010, año en el que deberíamos asegurar que los ciudadanos europeos se preparen para hablar su lengua materna y dos más, pero estamos lejos de conseguirlo porque de nada vale empezar a los tres años con el inglés, crear secciones bilingües, introducir a los diez años el francés o el portugués - que está más cerca y tiene más hablantes-, si sigue persistiendo en gran parte del subconsciente colectivo la idea de que con saber una lengua, la nuestra, nos basta y nos sobra. Hoy hay quien está empezando a aprender chino porque sabe que en 20 años será imprescindible y hay quien cree que ya lo sabe todo. El tiempo pondrá a cada uno en su lugar.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 29 de octubre de 2007

17 octubre, 2007

Kunta Kinte...no Toby


En mi infancia se me quedaron grabadas algunas frases. Cursaba sexto de EGB y llegó a la televisión una serie llamada Raíces, en la que se narraban las peripecias de un negro de África, llevado como esclavo a América del Norte y que luchaba por volver a ser libre. La primera de las humillaciones fue la de no respetar el nombre con el que aquel esclavo era llamado y conocido en su tierra natal. Cada vez que decía Kunta Kinte, el negrero le daba latigazos y le decía: -No, Toby. La cuestión es que escuché ayer en la tele a un señor al que no le querían llamar por su nombre sino que querían llamarle José Luis. Y me he acordado de Kunta Kinte. En el fondo, hay mucho negrero por ahí suelto. Otro día hablaremos de los que con saber castellano creen saberlo todo en el mundo.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...