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11 marzo, 2013

Pedagogía del adiós


De un mes a esta parte vivimos rodeados en un ambiente de dimisiones previstas, renuncias históricas y sorprendentes, rumores de abdicaciones y alguna muerte anunciada. Rápidamente han surgido hermeneutas para interpretar las razones ocultas de Ratzinger y expertos en monarquía diciéndonos que tenemos que aguantar borbones para siempre. 


La muerte de Hugo Chávez también ha servido para poder apreciar la falta de medida y de sentido crítico a la hora de enjuiciar a un personaje y sus acciones de gobierno: es difícil encontrar un término medio entre el fanatismo adulador y los denostadores a ultranza. Algunos aborrecíamos el estilo cuartelero y mesiánico del comandante venezolano, pero no nos cuesta reconocer que el neobolivarianismo ha supuesto un cambio en América del Sur, especialmente para la gente de piel más oscura.

La retirada del alcalde de Badajoz es otro de esos casos que merecerían un análisis pausado en lugar de tantos panegíricos, pero en Extremadura el chascarrillo y el trazo grueso apagan todo lo demás. Cualquiera que haya visitado núcleos urbanos de similar tamaño y haya visto la diferencia de servicios y de planificación (por no hablar de la protección del patrimonio histórico) llegará a la conclusión de que Badayork dista mucho de ser una ciudad moderna y sostenible. Nos falta mucha pedagogía para las despedidas: ni nos han enseñado a aplaudir con moderación, ni tampoco tenemos por costumbre reconocer méritos en quienes no son de los nuestros. Para el próximo adiós a importantes figuras nos hará falta una buena dosis de ecuanimidad. Y me temo que no se vende en farmacias.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 11 de marzo de 2013.

29 marzo, 2010

Votos

Los años que pasé en un colegio regido por religiosos me permitieron conocer al dedillo cada una de las frases de la misa. Los hermanos -así los llamábamos­ hablaban con frecuencia de aquellos votos de pobreza, castidad y obediencia que habían prometido. La pobreza y la obediencia fueron conceptos inteligibles desde el día de la primera comunión, pero lo de la castidad no lográbamos adivinar qué era. Fuimos creciendo, un repetidor se atrevió a preguntarlo, y nos respondieron que era el compromiso de no casarse para entregar ese esfuerzo a los demás. Algunos de aquellos religiosos que conocí eran unas personas excelentes, pero faltaría a la verdad si ocultase que en aquel colegio de élite de una capital extremeña vi crueldad, clasismo, humillaciones y algún que otro exceso violento. Hoy las sotanas de muchos países están bajo sospecha y algunos periodistas se han extrañado de que los abusos clericales se hayan producido con más frecuencia en Alemania o Estados Unidos que en un país como España, donde la educación estuvo durante muchos años en manos de instituciones religiosas. No nos engañemos: preguntas a tu alrededor y no es fácil encontrar algún caso perdido en la memoria, de esos que ocurrían y siempre se ocultaban. Ratzinger sabe que el celibato sacerdotal no surge de un mandato divino sino de una necesidad económica de la iglesia para que sus ministros no tuvieran descendencia legítima y atomizaran sus imperios. Hoy el pontífice puede optar por hacerse el paranoico y creer que todo es una conjura, o acabar con un voto de castidad que ha servido de refugio para más de un depravado infame. 

15 diciembre, 2008

Humanos y divinos

Hace pocos días celebrábamos 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sobre ellos se ha derramado tinta como para cubrir los océanos, existe una voluntad verbal de cumplirlos y una falta de compromiso en aplicarlos. También están los que no tienen vergüenza ninguna en oponerse a lo que deberían ser principios fundamentales unánimemente aceptados. Es el caso de Ratzinger, que no sólo está dispuesto a impedir el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, sino que presiona a los Estados para que no se despenalice la homosexualidad. A uno le cabe la duda de si este alemán sabe las consecuencias de su propuesta: son muchos los países en los que las personas homosexuales son encarceladas, torturadas y ejecutadas por el mero hecho de serlo. Ahora se explica el rechazo a asignaturas como Educación para la Ciudadanía, que se basan en poner a la Declaración Universal de Derechos Humanos como punto de partida común para el entendimiento entre culturas, religiones y formas de pensamiento. La razón está en que hay una gran parte de la Iglesia oficial que ve en esos Derechos un peligro para sus dogmas. Paradojas de la vida: quienes hablan todo el día de doctrina objetan a que en las aulas se hable de Derechos Humanos porque eso sí que es, según ellos, adoctrinamiento. Y lo más grave de todo es que siguen poniendo sus símbolos en los colegios públicos y con el dinero de todos enseñan preceptos claramente discriminatorios. ¿Acaso sería legalizable una asociación en la que las mujeres no pudieran alcanzar los más altos puestos de dirección y que funcionara sin una mínima democracia interna?  

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 15 de diciembre de 2008

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...