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11 marzo, 2013

Pedagogía del adiós


De un mes a esta parte vivimos rodeados en un ambiente de dimisiones previstas, renuncias históricas y sorprendentes, rumores de abdicaciones y alguna muerte anunciada. Rápidamente han surgido hermeneutas para interpretar las razones ocultas de Ratzinger y expertos en monarquía diciéndonos que tenemos que aguantar borbones para siempre. 


La muerte de Hugo Chávez también ha servido para poder apreciar la falta de medida y de sentido crítico a la hora de enjuiciar a un personaje y sus acciones de gobierno: es difícil encontrar un término medio entre el fanatismo adulador y los denostadores a ultranza. Algunos aborrecíamos el estilo cuartelero y mesiánico del comandante venezolano, pero no nos cuesta reconocer que el neobolivarianismo ha supuesto un cambio en América del Sur, especialmente para la gente de piel más oscura.

La retirada del alcalde de Badajoz es otro de esos casos que merecerían un análisis pausado en lugar de tantos panegíricos, pero en Extremadura el chascarrillo y el trazo grueso apagan todo lo demás. Cualquiera que haya visitado núcleos urbanos de similar tamaño y haya visto la diferencia de servicios y de planificación (por no hablar de la protección del patrimonio histórico) llegará a la conclusión de que Badayork dista mucho de ser una ciudad moderna y sostenible. Nos falta mucha pedagogía para las despedidas: ni nos han enseñado a aplaudir con moderación, ni tampoco tenemos por costumbre reconocer méritos en quienes no son de los nuestros. Para el próximo adiós a importantes figuras nos hará falta una buena dosis de ecuanimidad. Y me temo que no se vende en farmacias.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 11 de marzo de 2013.

26 abril, 2009

Un libro


Un gesto ha servido para que este libro pase a ser uno de los más vendidos. Lo perdí hace más de 20 años. Para muchos fue un libro de cabecera y hasta un refugio de argumentos en los años previos a la conmemoración del V Centenario del llamado descubrimiento de América. No sé dónde estará. A alguien se lo dejé y nunca más lo volví a ver. Pero Galeano ha seguido escribiendo y entre sus libros está el que más veces he comprado. Patas arriba. La escuela del mundo al revés. Entre encargos y regalos son ocho los ejemplares que me he llevado de una librería. Ya se está haciendo viejo, como le pasa a Las venas abiertas de América Latina, pero es una delicia leerlo y releerlo. Por cierto, también es muy recomendable Espejos, una historia casi universal.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...