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03 enero, 2011

Nebulosas grises

Recuerdo mis primeros días de Facultad como grises, nebulosos y asfixiantes. No hablo del clima de aquellas fechas, ni es una descripción psicológica de sentimientos. Me refiero al interior de las aulas, sobre las que sobrevolaba una neblina que impedía ver los trazos de tiza del profesor Rebollo o del inolvidable Ángel Rodríguez Sánchez. Los pupitres corridos se llenaban de improvisados ceniceros de papel y el asma me obligaba a acercarme a las puertas que daban a unas terrazas desde las que veíamos la montaña cacereña. En alguna ocasión intenté abrir la ventana para respirar, pero la inmensa mayoría de mis compañeros, con su Ducados en la mano, se abalanzaron sobre mí tachándome de insensato e insolidario: las rendijas de aire fresco que me permitían respirar eran para ellos un frío insoportable y asesino.  Parece mentira. Y nos lo parecerá también dentro de unos años, cuando contemos a nuestros nietos que hubo un tiempo en el que tomar una café y una tostada sin humo era muy difícil, o que beber unos vinos y probar unas tapas sin olor a tabaco era imposible. Desde ayer la vida será más fácil para el 70 % de la población que no fuma y para algunos fumadores, cada vez más, que ya eran conscientes de que su adicción a la nicotina no se podía aliviar en cualquier lugar y de cualquier manera. Me temo que la ley que estrenamos ayer tendrá sus dificultades y que habrá que pedir hojas de reclamación hasta que el civismo se implante. Pero este camino no tiene vuelta atrás. Sería descorazonador que la industria tabaquera y cuatro hosteleros nos hicieran regresar a los días de nebulosas asfixiantes. 

23 agosto, 2010

Prohibiciones

Sería firmemente partidario de que no existieran prohibiciones. Así, con carácter general: ninguna limitación a priori, prohibido prohibir. Especialmente si se hubiera conseguido instaurar de forma efectiva el buen senso generalizado, la universalización de la empatía, la extensión del civismo téorico y práctico al último ciudadano, y la asunción por parte de la totalidad de la población de conceptos tan básicos como el de no perjudicar con nuestra libertad al de enfrente. Y ahí es donde se me viene abajo el principio, momentáneamente. Porque todavía hay demasiada gente que conduciría a 200 por hora si no hubiera radares, que no pagaría al fisco si no hubiera inspectores, y que se fumaría un puro en un restaurante de carretera a dos metros de tres niños asmáticos. Sí, a los que nos gustaría que no hubiera nada prohibido nos joroba que tenga que haber leyes urbanísticas que impidan construir industrias químicas en medio de parques naturales, o que se tenga que castigar a quien cuelga los galgos de un árbol. Pero la realidad es que todavía son demasiados los que no entienden que su libertad acaba donde empieza la de los demás, y que en caso de conflicto hay que establecer alguna norma. Que alguien se case con otra persona de su mismo sexo, coma murciélagos, se meta en una sauna a 100 grados, rece mil rosarios o se bañe en salsa de guindillas me trae al fresco. En algún caso me preocupa, no voy a mentir. Que existan prohibiciones de torturar animales, fumar en espacios cerrados, o tirar basuras en el monte no quita libertad a los posibles infractores sino que se la da a otros. Pensemos en eso. 

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 23 de agosto de 2010.

25 enero, 2010

Nicotina

Prohibido prohibir ha pasado de ser el lema del 68 a convertirse en la página web de los fumadores tolerantes. Parece ser que los hay y de hecho conozco a alguno, no muchos. Hace diez años, en un restaurante del Pirineo, un señor preguntó si me molestaba que se encendiera un puro después de comer. Dudé en la respuesta. En el comedor había ya una decena de personas fumando a las que les importaba tres pimientos que yo estuviera dando una crema de verduras a un bebé de siete meses. Me dio cargo pensar que estaba en mi mano impedírselo al único fumador educado que había en la sala, pero me armé de sinceridad y respondí que le agradecería mucho que no lo hiciera.

El jueves salí del médico con mi asma y fui a buscar a mis hijos a la puerta del colegio. Se abarrotaban centenares de niños de apenas un metro de altura que iban esquivando cigarrillos, tragando el humo bien de cerca, enganchando trozos de ceniza candente en un chubasquero y, de vez en cuando, llevándose alguna quemadura superficial. Se me ocurrió decirle a una señora que se le estaba quemando un cilindro blanco que llevaba en la mano. No captó la ironía y se sintió indignada cuando le expliqué el motivo de mis palabras. La señora tenía un argumento de peso: estaba al aire libre y de nada servía señalarle con el dedo cómo el humo de su cigarro era claramente visible a la altura de las caras de los niños. Hay situaciones tan lógicas que no necesitarían prohibirse, pero la nicotina debe tener tal capacidad destructora del sentido común que, a veces, se hacen imprescindibles normas para que nos dejen respirar. Incluso en la calle.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 25 de enero de 2010.

04 abril, 2009

Un experimento

Realmente curioso. Ahora entenderán que a uno le parezca muy bien que la gente se meta en vena lo que le de la gana, pero que pida respeto para que no le prendan fuego a los cilindros blancos en espacios públicos comunes y cerrados. 

Y que las autoridades den ejemplo.

16 febrero, 2009

Respirar


Una amiga realizaba un viaje por carretera e hizo una de esas oportunas paradas que nos recomienda la Dirección General de Tráfico y la voz cansina de los modernos navegadores GPS. Entró acompañada de dos niñas de corta edad en un área de servicio que está al lado de los túneles más importantes de la región y, entre una nube de humo espesa, leyó un cartel que le indicaba que se encontraba en el área reservada a las personas que no fuman. A pocos metros había un pequeño espacio acristalado para fumadores, que estaba totalmente vacío, mientras que en la barra se agolpaban como chimeneas el resto de clientes. Mi amiga comentó al camarero esta paradójica situación, pero le respondió que no pasaba nada y que se podía fumar donde se quisiera. Poco después aparecen agentes de la autoridad uniformados y mi amiga aprovecha la ocasión para preguntarles si les parece normal lo que allí está pasando. La desoladora respuesta fue que no podían hacer nada. Esta anécdota verídica, como las que contaba Paco Gandía, nos recuerda que hace tres años se hizo una ley que a quienes tenemos el defecto de no fumar y querer respirar aire medio limpio no nos sirve para casi nada: encontrar un bar sin humo en España es tan complicado como ver un lince ibérico, desayunar o merendar en una cafetería es tarea casi imposible si no quieres salir ahumado como un salmón, por no hablar los espacios de trabajo en los que se sigue fumando porque quién se atreve a decirle a un jefe o al patrón que hay una ley 28/2005. En Extremadura se fuma hasta en las pastelerías y uno se pregunta si alguien responsable se ha dado cuenta de todo esto. 

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 16 de febrero de 2009.

17 septiembre, 2008

Sin ánimo de molestar


Sé que a muchas personas que visitáis este blog os parecerá una barbaridad, pero entended que para un asmático es reconfortante leer cosas de este tipo. Le sirven a uno para recordar que no está solo en el mundo.

06 noviembre, 2007

El humo a la altura de sus ojos


Puerta del colegio. Un centenar de niñas y niños de entre 3 y 5 años salen por una puerta. Los padres y madres se aglomeran. Van saliendo poco a poco y en la distancia les hacemos una señal para que bajen las escaleras. Tienen que sortear a decenas de adultos que quieren acercarse a la puerta. Algunos adultos, en sus manos, llevan unos cilindros blancos lleno de tabaco y otras sustancias. Se llaman cigarrillos. Además, les han prendido fuego a la punta y están humeando. Lo sostienen con dos dedos a la altura de sus cinturas sin darse cuenta de que los están colocando a la altura de los ojos de todas esas niñas y niños de entre 3 y 5 años. He visto cómo se chamuscaban chubasqueros infantiles, cómo los cigarros se apagaban con el pelo de alguna muchacha o con la cara del algún chavalito. Pero no les pidas que no fumen ante esas aglomeraciones de niños porque te llamarán fundamentalista, inquisidor, "que ya está bien de tocar las narices a los que quieren fumar libremente" y cualquier cosa. Necesitamos ayuda humanitaria. Un cargamento de sentido común para miles de adultos, para que no crucen en rojo los semáforos delante de los niños, para que no tiren al suelo las colillas, para que no sean unos cenutrios,... pero es muy difícil. Cada vez está peor.


Nota: Las fotografías son auténticas (no son actores)

08 julio, 2007

Tabaco en África


La semana pasada nos enteramos de la historia de dos poderosísimas empresas tabaqueras que se han lanzado a captar adeptos en el más pobre de los continentes una vez que han visto el retroceso de ventas del llamado primer mundo. La estrategia es la misma que utilizan los traficantes para enganchar adeptos: fijar como objetivo niños y adolescentes a los que regalar inicialmente el producto, crearles la adicción y esperar a que luego saquen dinero de debajo de la tierra para seguir manteniendo sus dosis de nicotina, alquitrán y demás sustancias. Tampoco es un asunto como para escandalizarse porque no cabía esperar de esas empresas ni ayuda humanitaria, ni dotaciones y equipamientos para las áreas de neumología de los hospitales nigerianos. Lo que sí que da para reflexionar es el desprecio de la condición humana que se gastan determinadas empresas y lo tranquilos que dormirán los accionistas cuando reciban la transferencia del reparto de dividendos. Mientras los estrategas discurren la manera de seguir vendiendo humo sin importarles la salud ajena, el llamado mundo civilizado se impregna de una moral a la que ya no podemos llamar doble porque es simple y rastrera: el beneficio propio por encima de cualquier cosa. Con esa premisa se esquilman continentes, se explota mano de obra, se utiliza a personas como cobayas, se les trata como carne humana cuando vienen en pateras y algunos pretenden repartir desde aquí lecciones de civilización. Un continente que se muere de hambre, sed y sida acaba por ser para un par de multinacionales una nueva área en la que extender el cáncer de pulmón. http://javierfigueiredo.blogspot.com/



Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de julio de 2007

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...