
Theodor Busbeck es un personaje de Jerusalém, la última novela del escritor portuguésGonçalo M. Tavares. Theodor pretende hacer un estudio con el que obtener un gráfico, el que establezca la relación entre el horror y el tiempo para saber si aumenta o disminuye. Como no he acabado la novela, no sé si conseguirá acabar sus estadísticas y si llegará a poder predecir cuándo se repetirán los tiempos difíciles. Uno de estos horrores lo vivió la semana pasada un grupo de personas a las que desalojaban de un poblado de chabolas ilegales en los arrabales de Madrid. Con lágrimas en los ojos, unos pobres de solemnidad lamentaban no haber podido recoger sus documentos y enseres antes de que las excavadoras convirtieran sus míseros hogares en un montón de ladrillos, chapas y tableros de madera. Un marroquí consiguió sacar media botella de aceite y nada se sabe de los desalmados que obtuvieron unos buenos euros vendiendo infraviviendas de las que no tenían papel alguno. Ahora los pobres han perdido lo que ellos llamaban casa y tendrán dificultades en recuperar sus pasaportes o sus ropas. Las restricciones presupuestarias impedirán sacar del hoyo a los desheredados, pero sí habrá inyecciones millonarias para que los bancos, los mismos que cada mes de enero se vanagloriaban de sus beneficios y rentabilidad, puedan seguir haciendo funcionar una maquinaria pasada de revoluciones. Gráficos como los de Theodor nos servirían para predecir los horrores, pero ni en la realidad ni en la ficción hay inventos para subvertir el injusto orden establecido que los provoca. ¿Es que no vamos a buscar a los culpables?
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 20 de octubre de 2008.
La viñeta es de EL ROTO y fue publicada en EL PAÍS el jueves 16 de octubre