
Uno no sabe si se debe a una especie de paranoia o a la alienación derivada del trabajo, pero en ocasiones hay impulsos que nos llevan a patalear en forma de carta al director. Este fin de semana sufrí uno de esos repentinos ataques de indignación al ver, una vez más, lo poco importante que es Portugal para la llamada prensa nacional española. No sé si dar la batalla por perdida o hacer un último intento.