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05 agosto, 2008

Tener un blog (en agosto)


Hace 10 años, los meses de agosto buscaban serpientes de verano para alimentar los famélicos periódicos y para que las becarias y becarios pudieran entretenerse en cosas de poca trascendencia en las redacciones. Hoy, en cuatro minutos, todos tenemos un blog, los listos y los menos listos. Y debe de haber por ahí alguno que se dedica a rastrear las bitácoras de todo el mundo para ver si con una chispa de aquí y una gasolina de acá, monta un incendio forestal que le da para llenar dos páginas en el difícil mes de agosto.

Ayer lunes escribí sobre el ya manido asunto del apadrinamiento. En una línea diferente a la que venía escuchando, valorando la valentía de quien admite haberse equivocado y criticando profundamente el sesgado concepto de humanidad que, en ocasiones, parecen tener quienes se tildan de izquierdas.

El viernes pasado, otro político catalán comenta una jugada que ya parecía zanjada, pero no es hasta el lunes por la noche, cuando alguien rastrea en internet para ver si hay otra chispa que prenda otro reguero de gasolina, cuando nos llegan las presuntas declaraciones de Puig. Lo primero que te asusta es el titular: "Llama malnacidos a los extremeños". ¡Ostras! ¡qué fuerte!- piensa uno. Voy a ver qué es lo que ha escrito.

El texto es este: “Els i agradi o no, la nostra solidaritat els ha permès superar-nos en qualitat de vida, és de mal-nascuts no reconeix-ho” La traducción correcta es la siguiente: "Les guste o no, nuestra solidaridad les ha permitido superarnos en calidad de vida, es de mal nacidos no reconocerlo". Creo la prensa no debería echar más fuego a la gasolina porque en ningún momento se refiere a todos los extremeños. EL refrán lo sabemos: "Es de bien nacidos el ser agradecidos"
Yo creo que sacar del post de Joan Puig que "llama malnacidos a los extremeños" es un poco rizar el rizo. Esto de tomar la parte por el todo es algo que nos enseñó Jordi Pujol, que atribuía a todo su pueblo las querellas que iban contra él. Pero ya somos un poco mayores para no caer en estas tonterías.

Joan Puig comete un error básico que vería fácilmente con un viaje en tren a Extremadura: lo de la calidad de vida es muy subjetivo. Yo creo que en Barcelona mis hijos tendrían infinitas posibilidades de tener al alcance mil cosas más que en Badajoz, por ejemplo, pero yo puedo conseguir una vida de calidad en otros aspectos. Cataluña disfruta de una renta per cápita muy superior y el nivel de vida en un paseo por Cataluña y Extremadura es evidente. Sí que hay algún rico extremeño que vive mejor que los pobres de Cataluña - pero eso pasa también entre los ricos de Nigeria y los pobres de París -y hasta puede ser verdad que la cifra de pobres de Cataluña sea igual al total de la población extremeña.

Pero no es de recibo ni hacer juegos de palabras con "los bien nacidos y con los agradecidos" ni resulta reconfortante leer y escuchar las brutalidades que desde Extremadura se pueden escuchar y leer en las últimas horas.

Es peligroso aprovechar cada post de un blog como serpiente de verano, porque hay 180 millones de blogs en el mundo, a veces se escriben deprisa y corriendo porque no es más que una forma de comunicarse con los 50 amigos que te visitan y que interactúan. Eso sí, si un día pones una estupidez gorda y lo publica EL PAÍS en portada, ocurre que hay que cerrar el blog y cambiar de teléfono. ASí que uno está pensando en cerrar los blogs que tengo por ahí abiertos, porque la cosa está muy subida de tono: unos porque dicen cosas sin pensar y otros porque contestan como energúmenos y sin leer.

Vale ya del asunto, que no nos lleva a ningún lado.

Nota: EL gráfico de las balanzas lo he sacado de EL PAÍS. Si llego saber que la publicación de las mismas nos iba a convertir el verano en una bronca callejera...

18 febrero, 2008

Javier Marías y los anónimos

Javier Marías es uno de esos columnistas con los que no tengo término medio: en ocasiones estoy en total desacuerdo con su punto de vista y otras veces me parece que acierta de pleno. Ayer se despacha en EL PAÍS SEMANAL haciendo algunas referencias a los anónimos de los blogs y dice algo así:

  • Si hay algo que me parece despreciable son los anónimos y pseudónimos, y esa es una de las razones por las que nunca navegaré mucho por Internet. No dudo de su incomparable utilidad para hallar datos, pero siempre que he caído en algún foro, chat, blog o como se llamen esas tertulias –en mis muy escasas incursiones, de prestado–, me he topado con tal cantidad de pseudónimos soltando sandeces o brutalidades, que la impresión que he tenido es que meterse ahí equivale a entrar en contacto con demasiada gente a la que uno jamás trataría. Gente a menudo cobarde, como lo es toda aquella que a lo largo de mi vida me ha enviado anónimos, insultantes o en los que se me acusaba de delitos atroces sin que yo pudiera responder.
Así que he encontrado el término medio de Javier Marías: Me parece despreciable atacar e insultar desde el anonimato, pero creo que internet te permite dar opiniones respetuosas sin tener que salir a la palestra. Tirar la piedra y esconder la mano puede ser indigno, pero opinar respetuosamente desde la barrera me parece una forma de comunicar de la que sólo nos falta saber la identidad del emisor.


29 diciembre, 2007

Los paseos habituales por blogs y bitácoras te hacen encontrar joyas y tesoros. Unaexcusa, a donde llegué de casualidad, se ha convertido en un lugar de visita obligada, como la viñeta de Forges o la columna de Manuel Vicent de cada domingo. Ahora será más fácil encontrar esos tesoros en Descubierto y es de agradecer. Para muestra un botón.


—Deberíamos ser todos seres del tacto y no de la vista —dijo la chica extraña.

—¿Por qué? —contestó el chico extraño.

—Porque la vista es exigente. Los ojos son como dos críticos literarios a los que casi nada les gusta. Siempre tienen algo que objetar: esta oreja es demasiado grande, el pelo no está bien cortado, los ojos deberían tener un color más vivo. La vista, en lugar de mirar, impone formas a lo que ve, y así no puede recibirlas. La vista es fascista.

—¿Entonces quieres que seamos todos ciegos?

—Bueno, ciegos que ven. El tacto no es tan exigente como la vista. 

—Pero, ¿en qué sentido?

—El tacto disfruta las formas, la vista las juzga. La mano disfruta despeinándo el pelo, lo encontrará duro, áspero; o frágil y sedoso. El tacto es juguetón, una especie de niño inocente (o, al menos, más inocente que la vista). Los dedos repasan el contorno del cuerpo y no lo juzgan: siguen sus curvas y sus recodos; notan el calor o el frío, el vello erizado o el corazón, allá adentro, bombeando sangre sin descanso. El tacto disfruta del cuerpo y la vista de todo lo demás, de lo que no es importante. Los ojos poco saben de calor y de frío.

—No sé si acabo de entenderte —dijo el chico extraño.

—La vista, no sé, cómo te lo explicaría, la vista es del espíritu y el tacto del cuerpo. No tengo nada en contra del espíritu, está muy bien y todo eso. Pero no me gusta eso de que sea un juez, prefiero el tacto. Prefiero el cuerpo. 

El chico extraño asintió un par de veces y cerró los ojos:

—Así que seres del tacto.

—Es extraño que, ahora en Navidad, todos queramos ser un poco seres del tacto. Como en mi casa, con la flor de pascua.

—¿Tu madre la compra?

—Sí. La pone al lado de la ventana, para que los pocos días que haga sol le dé un poco y las hojas rojas se mantengan unos días más. En realidad, no sabe si ese es el cuidado que debe darle, pero ella lo hace igual —la chica extraña hace una pausa para soplarse el pelo de la frente—. Mientras tiene las hojas rojas, mi madre está encantada. Luego, después de Navidad, cuando se vuelven verdes, tira la planta, o la regala, o se olvida de regarla. Sólo le interesa cuando las hojas son rojas. A mí me gusta su tacto, es áspero y suave a la vez. Deberías venir a casa y tocarlo, no sabría explicártelo. No cambia a pesar de que las hojas estén verdes.

El chico extraño sonríe. Aún tiene los ojos cerrados. Extiende la mano y toca el pelo de la chica extraña. Y dice:

—Yo no sé si todos deberíamos ser seres del tacto, pero creo que acabo de darme cuenta de que de verdad tengo dos manos.

09 septiembre, 2007

Itinerario de bitácoras para el otoño

Se ha convertido en una costumbre. Con pequeñas variaciones, pero acabas haciendo un recorrido por las bitácoras día a día. Empecé por ir enlazando unos con otros y ya tengo diferentes itinerarios. Algunos son cortas visitas a espacios creados por amigos.

Otros empezaron por el de un amigo como Paulete. Allí encontré dos enlaces quehan pasado a ser de visita diaria, Las piedras del Río de José Mª Lama, y Pura Tura, de Miguel Ángel Lama.

Y después acabas perdiéndote con enlaces literarios, históricos, políticos, etc. Y un día, sin saber cómo, llegas a blogs de gentes que no conoces pero que te sorprenden. Así que uno se hace un temporal de preguntas y busca una excusa para seguir leyendo por lugares que antes de que existiera la blogosfera, difícilmente habríamos descubierto.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...