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27 noviembre, 2024

No estás sola

Anteayer las calles de nuestras ciudades se volvieron a llenar de gente manifestando su preocupación por la violencia de género, un concepto que sigue contando con negacionistas en altas tribunas del Estado y en algunos medios de comunicación que, casualmente, suelen ser las mismas voces que restan importancia a otras evidencias científicas como la del cambio climático, incluso cuando les llega el barro al cuello.

 

La mejor manera de creer que has solucionado un problema es no querer verlo. El no va más de esta técnica es poner en duda su mera existencia, minimizar los efectos más visibles e imposibles de disimular, tratarlos como casos aislados difíciles de prever y de evitar, hasta que las propias víctimas acaben por dudar de sí mismas, de las situaciones que sufren y de los peligros que les rodean.

 

Son ya 1285 las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas desde que se empezaran a contar estas víctimas, que hasta 2003 nadie pensó que era necesario ni tan siquiera contabilizarlas. ¿Se imaginan que se hubiera tenido un descuido similar con las víctimas del terrorismo, accidentes de tráfico o laborales? Pues 71 mujeres fueron asesinadas en aquel año de 2003 y en 2024 ya llevamos 40, a pesar de todas las campañas para sensibilizar y las medidas que se ponen en marcha para proteger a personas amenazadas. Desgraciadamente este gravísimo problema no empezó en 2003, así que ya va siendo hora de que revisemos con lupa las páginas de sucesos de nuestras hemerotecas, para sacar a la luz tantos feminicidios históricos camuflados como crímenes pasionales o con aquella frase entrecomillada de “la maté porque era mía”.

 

Los avances legislativos han sido importantes. Aunque nada es perfecto y todo sea siempre mejorable, hoy contamos con más herramientas legales para luchar contra la violencia y también frente el acoso sexual que siguen sufriendo muchas mujeres. Esta semana Amnistía Internacional está proyectando en varias ciudades y centros educativos un documental realizado por Almudena Carracedo y Robert Bahar que lleva por título “No estás sola”. Como ya lo hicieran años atrás con su galardonado El silencio de otros, esta es una magnífica película que reconstruye la investigación y el proceso judicial contra aquella manada de bípedos de los sanfermines de 2016.

 

El documental, que incluye también referencias al asesinato de Nagore Laffage en los sanfermines de 2008 y a los abusos cometidos por esa maldita manada a una joven en Pozoblanco en mayo de 2016, es hoy una herramienta de gran utilidad para darnos cuenta del calvario que han vivido tantas mujeres cuando les ha tocado estar solas e indefensas al ser víctimas de abusos, y solas nuevamente cuando han tenido que defenderse del juicio paralelo de una sociedad en la que el machismo no solo no desaparece, sino que rebrota amparándose en posiciones políticas que solo se alimentan de fobias hacia los que no son idénticamente a ellos.

Es más necesario que nunca que acompañemos a las que fueron víctimas en el pasado y a las que pueden estar siéndolo ahora mismo. Solo así construiremos una sociedad en la que no quepan ni el machismo ni sus violencias. Empecemos hoy: no estáis solas.

 Publicado en el diario HOY el 27 de noviembre de 2024 


 

02 mayo, 2018

Texto y contexto


Las posibilidades que nos dan las nuevas tecnologías para estar en contacto mediante mensajes instantáneos son, a priori, un logro de la civilización. Cada grupo de mensajería tiene sus virtudes y sus miserias porque los hay de todos los colores: de familiares cercanos, de la familia ampliada, de grupos de amigos, de compañeras de trabajo, de la asociación cultural, de la pandilla de la adolescencia, de las madres del colegio del niño y hasta de los vecinos del portal. Son muy útiles para transmitir información rápidamente a los destinatarios deseados, pero son absolutamente nocivos si se quieren usar como foro de debate o para conversaciones en las que hay que dilucidar algo importante.



Y es que el texto no lo es todo. Aquellas palabras que nos van apareciendo en la pantalla de nuestros móviles carecen de elementos fundamentales de la comunicación humana. No sabemos si las frases nos las dicen con voz suave o a gritos e ignoramos si los signos de interrogación, en el caso de que se pongan, encierran preguntas sinceras, retóricas o sarcásticas. Tampoco podemos adivinar si hay ironía en las afirmaciones y desconocemos si quien nos interpela tiene una mirada tierna o asesina, porque el lenguaje corporal, que suele ser más sincero que el verbal, está ausente. Una parte importante de los enfados o malentendidos que se producen de unos años a esta parte proceden de interpretaciones erróneas de un texto que hemos leído en la pequeña pantalla de nuestros móviles y del que no tenemos contexto. Si no tenemos en cuenta lo que acompaña o rodea a las palabras textuales podemos encontrarnos con que el mensaje recibido sea muy diferente de lo que el emisor deseaba expresar.



Desde hace casi una semana hemos asistido colectivamente un curso presencial e intensivo sobre las palabras consentimiento, intimidación, estado de shock, abuso, agresión y prevalimiento. A los que no sabemos de leyes nos cuesta entender el retorcido lenguaje de los juristas para explicar cosas relativamente sencillas. Una de ellas es que no es necesario verbalizarlo todo para enviar un mensaje, porque muchas veces una mirada, un gesto o la simple presencia sirven para explicar, atemorizar y quebrar voluntades. Ya sé que entramos en el terreno de lo subjetivo y que quienes tienen que impartir justicia necesitan documentos firmados y constancia de frases pronunciadas, que no les valen los silencios porque el refranero dice que callar otorga y a partir de ahí todo es posible.



No. Las personas normales no necesitan que les digan que no pueden hacer determinadas cosas. Basta con un poco de sentido común para entender los contextos que provocan que el pánico inmovilice cualquier reacción de autodefensa. Habrá que afinar mucho más en los textos de las leyes para que ningún magistrado pueda salir por peteneras, pero a la gente sensata no nos hacen falta 639 artículos para distinguir un abuso de una agresión: nos basta conocer los hechos probados y el contexto en el que se produjeron.

Publicado en el diario HOY el 2 de mayo de 2018 

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