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23 diciembre, 2013

En estos días

Unos amigos mantuvieron durante bastante tiempo la sana costumbre de aprovechar estas fechas para un gran viaje anual, normalmente a lugares más cálidos, y en los que apenas hubiera un atisbo navideño. Al regreso nos contaban historias curiosas de Senegal o de la Amazonia brasileña, alejados de comilonas, compromisos, excesos, compras, derroches, regalos y mil sustantivos similares que pueden imaginar.  Seguro que todo el mundo conoce a alguien a quien le gustaría huir durante estos días, pasar rápidamente las hojas de este calendario construido sobre ritos y celebraciones, en los que el sol y la luna fueron sus primitivos protagonistas naturales, y sobre los que dioses, reyes y tribunos han ido colocándose para mayor gloria de sí mismos.


Pero no voy a plantarles una monserga y ponerme a maldecir sobre los divertimentos del personal. En un mundo en el que cada vez son más frecuentes los encuentros virtuales y donde el roce de la piel o la mirada en los ojos es casi un comportamiento sospechoso, no está de más aprovechar los escasos huecos del calendario para dar rienda suelta a las relaciones humanas y sociales. Para gustos se hicieron los colores y que cada uno haga lo que le venga en gana, pero sin olvidar que tan respetable es hacerse un bufanda de espumillón y cantar villancicos hasta el amanecer, como hacer mutis por el foro camino de Nueva Zelanda para bailar danzas maoríes con quienes festejan el solsticio veraniego. En estos días, hagan lo que quieran, no molesten a nadie y no den ni exijan explicaciones. ¿Acaso hay mejor manera de intentar ser feliz?

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 23 de diciembre de 2013.

24 diciembre, 2007

noche buena

Hace unos años escuché que es en días como el de hoy cuando más intervenciones tienen que hacer las policías locales por peleas en el seno del hogar. Escudriñando pormenorizadamente la información, se averiguaba que no era por asuntos de especial gravedad sino que se trataba de broncas y acaloramientos familiares que acababan en sopapos o algún puñetazo empapado en alcohol. Poco después surgieron incluso chistes malos como el de uno que preguntaba a otro si había pasado la Nochebuena, bien o en familia. Lo curioso es que esto ocurre en el día que más se desea a los demás que pasen una buena noche, y es que para pasarlo bien hay que poner las condiciones necesarias: una norma básica es no aprovechar que te has juntado con quien no ves más que de vez en cuando para reprochar aquello que no te atreves a decir el resto del año, así que la recomendación para los aguafiestas es que se tomen el día libre.

Luego nos encontramos con cantidad de estados depresivos que estas fiestas provocan en muchas personas. En ocasiones por pérdidas recientes o problemas temporales, pero a los que se añade una especie de tsunami de la felicidad colectiva que acaba por ahogar a quienes no se encuentran en su mejor momento. Como hemos dicho que los aguafiestas deberían descansar el día de hoy, no incidiremos machaconamente en la cuestión, aunque no estaría de más buscar en el diccionario una palabra tan sugerente como mesura e intentar hacer uso de ella en múltiples facetas vitales. Siempre es mejor tener buenas noches en minúscula que una Nochebuena mayúscula en la que la casa acaba por salir a través de la ventana. Creo.


Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 24 de diciembre de 2007. Su título es Noche buena (deliberadamente en minúscula y separado)


16 diciembre, 2007

Las costumbres

Quienes saben de estas cosas cuentan que la costumbre de celebrar por todo lo alto el solsticio de invierno se remonta a la prehistoria. Luego las religiones han ido aprovechando la coyuntura de una festividad arraigada por la posición de la tierra respecto al sol. No todas las costumbres tienen tanta solera porque eso de las comidas de empresa es muy reciente. Las hay de todo tipo: desde la que sufraga el patrón para desgravarse algo y compensar lo explotado con cuatro gambas, hasta la que paga cada currito con café, puro y barra libre como en las bodas. Luego están las sorpresas que te da la vida, cuando descubres que el contable con tres vinos baila los pajaritos de rodillas y que la jefa de ventas imita a la perfección a Madonna y llama pichurri al director general. Hay quien define a estos acontecimientos como el carnavalito del entorno socio-laboral. Lo mejor en estos casos es mantener la sobriedad para poder reír cuando ves a los colegas de cada día haciendo el gorila con un chocolatero llamado Paquito o haciendo una coreografía de cortes de manga al el grito de ¡Macarena! Me pregunto si existe una Dirección General de Costumbres que las va introduciendo en nuestras vidas o si se encarga una consultoría que subcontrata a guionistas baratos. En cualquier caso, rara costumbre es ésta que hace que al día siguiente nadie hable del evento porque o no se acuerda o le avergüenza recordar. Puestos a elegir nuevas costumbres uno no sabe si preferir los papanoeles trepadores de balcones o los petardos del aguinaldo. Como dice un colega: en estas fechas no se sabe si es mejor sufrir o no sentir nada.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 17 de diciembre de 2007


Todo excluido

     Mientras esperaba a que abrieran la óptica para graduarme la vista me paré a ver las ofertas de una agencia de viajes que había al lado...