Muchos martes, justo después de escribir estas 500 palabras, me reúno con amigas y amigos para intentar hacer de este mundo un lugar en el que se respeten los derechos humanos. No es tarea fácil, pero llevo 27 años en ella y ya no pienso claudicar. A veces creo que he aprendido más en todas esas tardes preocupándonos por campesinos de Honduras, disidentes rusas o aquel preso cubano, que en los cientos de asignaturas cursadas en escuelas y universidades.
24 febrero, 2021
30 marzo, 2009
La profesión va por dentro

A causa de mi mal oído pasé muchos años creyendo que había una frase hecha que decía “la profesión va por dentro”. La confusión me llevó a pensar que cuando uno sufría en silencio era porque llevaba su oficio oculto en algún lugar del cuerpo. Nunca supe si sufría más el notario o el jornalero y me llevé un gran chasco cuando me indicaron que lo que iba por dentro era la procesión. Como ya era mayorcito, me costó menos entender la nueva versión de la frase. Nunca he ido en procesión, no me resultan atractivas y me desagrada el ruido que hacen los coches sobre el asfalto lleno de cera. Reconozco que forman parte de una tradición cultural que va más allá de las creencias, la misma que desde tiempos ancestrales hizo a los hombres celebrar la primera luna llena de cada primavera. Ahora surge una polémica por unos lazos de color blanco que iban a llevar las imágenes y uno no acaba de entenderlo. Si los miembros de la iglesia católica quieren hacer desfilar sus esculturas con lazos o pegatinas están en su derecho a reclamar todo, desde la separación por sexos en las escuelas hasta el cese de las investigaciones con células madre. Es más: estoy deseando que lo hagan. Sería una buena excusa para sacar de esas manifestaciones a los funcionarios de los cuerpos y seguridad del Estado que participan en ellas, y también sería la ocasión de hacerles solicitar los oportunos permisos, los mismos que pedimos todos cada vez que ocupamos la calle reclamando el fin de las guerras o de la pobreza. En cualquier caso, siempre tendrán la opción de llevar el lazo – y la procesión – por dentro.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 30 de marzo de 2009
23 mayo, 2008
Abriendo un debate

Internet está lleno de argumentos en contra y otros a favor. Lo primero que habría que decir es que la prostitución es ejercida mayoritariamente por mujeres con clientes varones, aunque también habría que incluir a la homosexual y la de varones con clientes femeninas, minoritaria pero existente. Mis reflexiones se han realizado sobre la más conocida y practicada pero, para ser coherente, deberían poder aplicarse al resto.
He encontrado frases como estas:
“Vivimos en una sociedad en la que los servicios se compran y se venden. El trabajo sexual es uno de esos servicios. Proporcionar servicios sexuales no debería estar criminalizado”
Es la argumentación que defiende la posibilidad de hacer de las características físicas o habilidades de cada persona un medio de vida. Hay quien dice que un tipo fuerte que se dedica a descargar sacos de cemento está vendiendo su cuerpo. Yo creo que no tiene nada que ver, pero argumentalmente lo podríamos entrar a valorar.
Reconozco un prejuicio: yo no creo que la inmensa mayoría de las personas que ejercen la prostitución sean “libres”. Buena prueba es que se trata de un mundo lleno de gente con graves problemas económicos, afectivos y de formación que encuentran ahí una solución parcial (fundamentalmente en el bolsillo) a sus problemas.
En las páginas del colectivo Hetaira también se pueden encontrar argumentos sólidos. Después de leer unas opiniones y otras, uno cree que no hay soluciones drásticas. La prostitución es algo que no desaparecería con la prohibición total, como no desapareció el alcoholismo con la ley seca. Por lo tanto, talvez se debería iniciar un proceso que libere a quienes ejercen esa actividad de las mafias y situaciones esclavizantes. ¿Es la legalización el medio? La verdad es que no lo sé y que deberíamos estudiarlo muy detenidamente, pero a corto lazo no se me ocurre otra.
¡Pero cuidado!: una cosa es que para salir del fuego tengas que ir por la escalera de incendio de los bomberos y otra cosa es que te tengas que quedar a vivir en la escalera. Me explico: la legalización es la escalera para sacar a quienes se están quemando, pero con el objetivo de eliminar la prostitución e irse a otro lado. Hay que sacar de la vida sumergida a este colectivo pero para lograr la “libertad” total, que –desde mi opinión- es que las personas hagan en su trabajo tareas que respeten la dignidad de la persona. Por consiguiente, creo en la legalización no como fin, sino como paso necesario para lograr (o intentar lograr) la erradicación.
Veréis que no he entrado en otro asunto que a mí me preocupa y que creo que es pertinente:¿Por qué hay gente que usa estos servicios? ¿Qué hemos hecho mal en la educación afectivo-sexual para que tantas personas recurran a este tipo de servicios sin importarles las condiciones sociales de las personas que ejercen la prostitución.? Creo que es una asignatura pendiente.
Después de todo este rollo, confieso que me falta información y que sería interesante abrir el debate a formaciones políticas, sindicales, feministas, LGTB, etc. En cualquier caso todas las opiniones son bienvenidas y servirán para alumbrar un poco de luz en uno de los más lúgubres asuntos de nuestra sociedad.
Saludos y ánimo para pensar y opinar (en ese orden).
25 septiembre, 2007
libertades
¿Aunque sea sin insultar y guardando el respeto? Tampoco.
¿Entonces no puede uno ser crítico para intentar mejorar las cosas? Teóricamente sí, pero con cuidado.
¿Podemos decirle a alguien poderoso que se está equivocando o que está obrando incorrectamente? Depende, pero tirando a no. Si está de buenas el poderoso sí. Pero por lo general, no.
¿Quién nos lo impide? Nadie. Ahí está la clave. Ya no nos lo impide nadie. Te lo impides tú mismo. Ese es el gran éxito de la censura, que ha coseguido hacerse "autosuficiente" en cada uno de nosotros. Nosotros somos la censura. A veces tan ciega y estricta como la del lápiz rojo.
La cuestión es que viendo a algunos de los que están detrás de determinados proyectos de libertad, uno no puede impedir tener sus reservas. Tendremos que ver y leer. No sé hasta qué punto un director de un medio puede usar la libertad frente a los deseos del empresario
21 julio, 2007
El jueves
Hubo una época en la que compraba El jueves. Me encantaban Ivá y Azagra, fundamentalmente. Dejé de leerlo con asiduidad. Siempre hubo cosas que no me gustaron. Es más, creo que hay cosas mejorables y chistes que no sólo no me hacen gracia sino todo lo contrario. Pero por encima de todo está la libertad de expresión, que sirve para publicar viñetas poco afortunadas (no por los personajes ni por asuntos de moralidad pacata) y para decir otras cosas desde las antenas episcopales. Este post es un homenaje a la libertad de expresión y un soberano pitido a un juez que, si lo que quería era salvaguardar la imagen de la corona, lo que ha conseguido es todo lo contrario.Historia de mi colección de "Fuellas"
Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...
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El plural mayestático, que ya en Roma usaban las majestades que le dieron nombre, se usa en días como hoy por todo el mundo y no tanto como ...
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