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18 agosto, 2008

Milli Vanilli


Quienes tenemos unos años recordamos el caso de un dúo que consiguió cierta fama a finales de los 80, con unas canciones pegadizas y unos falsetes horteras que encandilaban a miles de seguidores. Lo de los falsetes acabó tomando demasiado cuerpo cuando supimos, pocos años después, que los Milli Vanilli eran dos guapitos a los que ponían voz unos chicos más feos y con menos glamour. Una vez descubierto el fraude intentaron solventar el desaguisado lanzando al estrellato a los auténticos, The Real Milli Vanilli, que cosecharon un fracaso monumental y casi acabaron dando la razón a quien ideó a los impostores. Ahora nos hemos enterado de que la niñita que nos encandiló con su canto en la inauguración olímpica era una milli vanilli china de apenas cinco años. Alguien pensó que no basta con cantar bien sino que también hay que dar imagen, expresión horrible que define la vacuidad del mundo en que vivimos. Por eso, uno no deja de sentir una solidaridad con quienes aportan la calidad a los maniquíes que carecen de ella, desde la que puso las piernas a Julia Roberts para el cartel de Pretty Woman, hasta los centenares de actores de manos, pies – y otras zonas–, que suplantan a los actores famosos en los primeros planos de esas partes. Por no hablar de los dobles para las escenas peligrosas, los negros que escriben los libros que firman quienes no saben concordar sujeto y predicado, o los asesores que redactan cada declaración medida de un personaje público. El mundo está hecho para los que tienen imagen, aunque no haya nada detrás, y los que no la tienen acumulan sus habilidades en la trastienda.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 19 de agosto de 2008.

08 agosto, 2008

¿A qué se juega en China?

El primer día de septiembre de 2004 escribía una de mis primeras columnas en EL PERIÓDICO EXTREMADURA y el 6 de abril de este año lo recordaba en otra columna de la contraportada. Hablaba de Pekín, esa ciudad que pasó a llamarse Beijing sin enterarnos casi por qué.

Me refería entonces a la decisión que se había tomado en julio de 2001 para llevar los juegos olímpicos a la capital china y a las promesas de respeto a los Derechos Humanos que hacían los gobernantes del país más poblado de la tierra. Hubo quien pensó que los juegos servirían para acelerar los cambios y acabar con el millar de ejecuciones que cada año ponen en práctica los mandatarios asiáticos, pero han pasado siete años desde la elección de la sede olímpica de 2008, la antorcha va camino del estadio y la situación de derechos y libertades no ha mejorado nada. Y es que China es un mundo demasiado complicado: cuando Deng Xiao Ping dijo aquello de gato blanco o gato negro lo importante es que cace ratones, estaba haciendo una loa del fin de las ideologías y poniendo los pilares de un régimen que conjugaba todos los males políticos conocidos: por un lado la despiadada crueldad del más atroz de los capitalismos y, por otro lado, la falta de libertades y represión generalizada típica del estalinismo. Conseguir el respeto de los Derechos Humanos en China no se iba a lograr boicoteando los juegos, pero tampoco se puede actuar como si nada estuviera ocurriendo. Los problemas de China son los problemas de uno de cada cuatro seres humanos y merecerían algo más que buenas intenciones, porque es imperdonable que nos pasemos el verano viendo los éxitos deportivos y organizativos de un gobierno que no hace más que sembrar injusticia.

Pero podemos hacer algo, aunque parezca insignificante


Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...