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03 junio, 2015

La educación humana

Los que seguimos con atención el mundo educativo sabemos que hay dos modelos de éxito en el mundo. Por un lado el de Corea del Sur y su sistema espartano, con recetas parecidas a las de Amy Chuan en su libro Madre tigresa, hijos leones, y que antepone la excelencia sobre cualquier otro tipo de valor. Los finlandeses, en cambio, nos han mostrado otro método mucho más humano y creativo, en el que se deja de lado el proceso tradicional de impartir contenidos, memorizarlos y plasmarlos en un examen. La cuestión es que en Finlandia no se repite de curso y los resultados son muy buenos, y aquí un tercio de los alumnos no culmina la secundaria obligatoria, por lo que cabe preguntarse si la “mejora”  que nos van introduciendo legislativamente va en el rumbo acertado.

Ayer publicaba el DOE el currículo de Secundaria y Bachillerato de la LOMCE, una ley que pretende mejorar la calidad de la educación y que está condenada a muerte, porque en el mundo educativo es un clamor la necesidad de una norma con amplísimos consensos para que perdure varias décadas, algo que Wert y Rajoy han ignorado. Miles de cosas se podrían decir de la nueva norma, que pretende acercarnos más a Corea que a Finlandia, y donde se dejan entrever los deseos políticos de que el sistema educativo “mejore” a base de poner más exámenes y más pronto.  

Pero comentando tantas vicisitudes sobre este mundo, muchos hemos llegado a la conclusión de que lo más importante para la educación es el componente humano. Incluso en los peores sistemas educativos que tengamos en la memoria, todos recordamos a aquella profesora que nos hizo amar asignaturas que odiábamos y a quienes nos hicieron aborrecer materias que nos apasionaban. Todos conocemos a quien estudió filosofía pura gracias a su profesor de COU, y a quien perdió todo su interés por las matemáticas por culpa de un profesor cuadriculado, insensible, incapaz de sentir empatía por sus alumnos, nulo a la hora de animar a los que tenían dificultades, desmotivador en cada una de sus palabras y partidario de un darwinismo educativo que le haría sentirse bien a gusto con el nuevo sistema que ahora nos van colocar. Todos hemos sobrevivido a sistemas nefastos y quizá por eso debiera preocuparnos que todavía existan en nuestras aulas algunos ejemplares de esos que creen que para educar no es necesario mirar a la cara de la gente, que basta con ser un juez ciego que dicte sentencias en función de resultados sin importarle los procesos y las particularidades.


En nuestras escuelas e institutos hay miles de maestros y profesoras que se dejan la piel en las aulas porque les apasiona su profesión, un nutrido grupo de profesionales desencantados y algo desamparados, y unos cuantos personajes poco profesionales e incapacitados para una tarea tan importante. Y el problema es que todo el mundo sabe quiénes son y que el corporativismo impide mover un dedo para evitarlo.

Publicado en el diario HOY el 3 de junio de 2015.


27 mayo, 2013

Sexador de pollos

Joan Manuel Serrat cuenta en su biografía que fue sexador de pollos. La primera vez que lo leí me llevé una enorme sorpresa, porque no sabía ni que era tan difícil averiguarlo, ni con qué finalidad se hacía. Como cabía esperar, había poderosas razones económicas: a las hembras merecía la pena mantenerlas con vida para que se convirtieran en ponedoras y a los machos había que sacrificarlos al instante, sin gastar un céntimo en su alimentación. Lo de separar por sexos tiene bastantes adeptos entre los economicistas a ultranza, e incluso hay algún miembro del gobierno al que no le duelen prendas en defender la segregación por sexos en las aulas y refrendarlo en leyes que pretenden tildar de avanzadas. Ya se ha dicho casi todo sobre el enésimo intento de hacer una ley educativa monolítica, y muchos seguimos sin entender por qué se rechazó, hace apenas tres años, la oferta del ministro Ángel Gabilondo para que las escuelas e institutos tuvieran un horizonte sin sobresaltos. Reconozco que soy un heterodoxo en materia educativa y que prefiero mil veces el espíritu creativo que podemos ver en películas como Entre maestros o La Educación prohibida, que esa obsesión de examinar, calificar e ir separando, cuanto antes mejor, a los que han de dirigir el mundo de quienes han de obedecer. Me hacen gracia los que quieren combatir el fracaso escolar con más reválidas, como si el vino mejorara aumentando el número de catas. Como nadie quiere ir a Finlandia para copiar lo que hacen allí, esperemos que la ley Wert no acabe siendo un ejercicio mecánico para separar a los que valen de los que no, como hacía Serrat en su juventud.


Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 27 de mayo de 2013.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...