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03 mayo, 2017

Libertad de prensa

Como ya no queda ni una fecha en el calendario sin que se conmemore el día mundial de algo, desde 1993 se viene dedicando cada 3 de mayo a recordar un derecho esencial e indispensable para la construcción de una sociedad justa: la libertad de prensa. Las organizaciones de Derechos Humanos y las de profesionales suelen aprovechar este tipo de jornadas para dar un repaso a la situación en el mundo y siempre partiendo de la premisa de que es una libertad clave para que las sociedades civiles y las personas puedan desarrollarse adecuadamente.

Disentir de las políticas oficiales o exigir justicia sigue costando demasiado caro en numerosos países: son muchos los periodistas que sufren persecución, amenazas, encarcelamiento, tortura y hasta pierden la vida por intentar publicar informaciones o sus opiniones personales. En estos días nos están llegando informes sobre la novelista turca Aslı Erdoğan, que estuvo cinco meses en prisión por ser redactora de un diario kurdo que ya ha sido cerrado, o sobre la escritora iraní Golrokh Ebrahimi Iraee, que fue detenida el pasado octubre de 2016 por escribir una historia de ficción sobre la cruel práctica de la lapidar mujeres.

Algunos nombres son difíciles de pronunciar y otros nos son familiares aunque tengan distinto acento, como nos pasa a la hora de hablar de México, uno de los países donde ejercer la profesión de periodista es sinónimo de arriesgar la vida. El poder del crimen organizado, la falta de protección por parte de los poderes públicos (y muchas veces su complicidad) han propiciado auténticas cacerías de periodistas. 103 profesionales han sido asesinados en México desde el año 2000 y once de ellos cayeron el año pasado. Reporteros sin Fronteras sostiene que en 2016 México fue el tercer país más mortal del mundo para periodistas y que solo estados como Siria y Afganistán podían superar esas cifras. El pasado mes de marzo han muerto ya tres y la última de ellas, la corresponsal de La Jornada y El Norte de Juárez, fue asesinada en Chihuahua tras haber recibido amenazas y mientras investigaba sobre el lavado de dinero procedente de narcotráfico.

Después de todo esto parecería que aquí no podemos quejarnos por los fotoperiodistas que son multados al tomar imágenes de las fuerzas del orden, ni por las arbitrarias sanciones administrativas de la Ley Mordaza, que merecerían otro capítulo. Pero la libertad de prensa hay que defenderla, siempre y en todo lugar, porque sin ella no serían posibles el resto de libertades. Y la libertad de prensa no se consigue solo con la ausencia de amenazas legales o coacciones mafiosas, sino que tiene que dar un paso al frente y ser también la libertad de los informadores frente a los intereses creados, frente a los dueños o accionistas de los medios, frente a los grandes anunciantes o frente a los grupos de presión. Lástima que la libertad de prensa de este último párrafo no suscite la misma unanimidad que la de los tres anteriores.

Publicado en el diario HOY el 3 de mayo de 2017. Día  Mundial de la Libertad de Prensa.

 

22 marzo, 2017

La prensa amenazada


La primera columna que escribí en este periódico se tituló Ser valiente y pretendía ser una alabanza del periodismo que no tiene miedo, que expone los hechos sin más artificios que la pura descripción de lo ocurrido, sin ocultar datos relevantes y sin magnificar los que no lo son. Ahora que llevamos casi dos décadas navegando por los mares de internet, intentando diferenciar lo que son noticias falsas en medios pretendidamente serios de las páginas de humor que simulan ser periódicos, nos asalta la duda de si los peligros del periodismo proceden más de las nuevas tecnologías o vienen de otros lados muy diferentes.

Hay quien dice que las redes sociales o los comentarios en los medios de comunicación constituyen una amenaza para la profesión: no se puede negar que el anonimato se ha convertido, en muchas ocasiones, en un parapeto para tirar la piedra y esconder la mano. Pero quizá haya llegado el momento de analizar las cosas con la ecuanimidad que merecen y distinguir entre los malos modales y las expresiones desafortunadas de lo que son amenazas reales. Cuando solo existía la prensa en papel y te indignaba una noticia del diario había que mecanografiar 20 líneas, meterlas en un sobre, identificarte con tus datos y número de DNI, y esperar a que el responsable de la sección decidiera seleccionarla como carta al director. Hoy todo es más fácil para hacer llegar un mensaje a cualquier lado, ya sea uno de paz y amor al extremo sur de Nueva Zelanda o para descargar bilis sobre la vecina que escribe en la página siete, así que deberíamos empezar a aprender convivir con ciertas pequeñas miserias, casi inevitables, que nos trae este mundo tan global e inmediato.

Junto a esas pequeñas miserias que rodean a la prensa, al periodismo y a la comunicación también están las grandes miserias, las que sí que constituyen una auténtica amenaza a la libertad y al derecho a la información. Y no me refiero, obviamente, a desagradables e injustificados rifirrafes entre plumillas y jefes de prensa, sino a las presiones de verdad, a las que no ponen tuits ni comentarios, a las que van al grano y hacen que se descuelguen los teléfonos importantes en cualquier hora y lugar, a las que con solo un par de palabras ponen firmes y acallan al más bregado de los profesionales. Y es contra esas amenazas contra las que el periodismo está cada vez más inerme.


El viernes pasado abandonaba la región un joven periodista de esos que no dejan indiferente a casi nadie, rodeado del cariño y de la admiración de gran parte de la profesión. Se nos iba con el sabor agridulce de ver cómo se nos va marchando lejos la materia gris y la savia joven de nuestra sociedad extremeña. Y tuve que recordar de nuevo aquel deseo de que ser valiente no salga tan caro y que ser cobarde no valga la pena. Espero que sea la última vez.

Publicado en el diario HOY el 22 de marzo de 2017


Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...