Mostrando entradas con la etiqueta Pacto por el ferrocarril. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pacto por el ferrocarril. Mostrar todas las entradas

19 noviembre, 2017

A pesar de todo, sí.

Hace casi trece años empecé a usar todos los días y he seguido al detalle todo el devenir de las promesas del ferrocarril en la región, me he informado de cómo funcionan los trenes en medio mundo, de los modelos de desarrollo de unos y de otros. En Extremadura ha costado muchísimo que la reivindicación del tren se hiciera eco más allá de lo que dos o tres pudiéramos escribir en los periódicos y de lo que unos cuantos colectivos clamaban sin ser escuchados por las autoridades regionales o centrales. Es imprescindible recordar que en esos tiempos sí que hubo colectivos que defendieron la reapertura de la Vía de la Plata, que lucharon por mantener el carácter público del servicio, que reclamaron que las vías y los servicios llegaran a más población y que exigieron que los nuevos trazados respetaran el territorio. Y durante mucho tiempo estuvieron solos y fueron absolutamente ninguneados. Hay que decirlo.

El Pacto por el ferrocarril no fue lo que muchos hubiéramos preferido. Me habría encantado que hubiera sido la sociedad civil  la que hubiera abierto el camino en este desierto de lucha reivindicativa masiva en el que se ha convertido Extremadura (y del que algunos se han beneficiado). Pero también hay que decir que fue un logro que ese pacto no acabara reclamando en portada “un AVE como el que tienen todos los demás”, que es algo que me he cansado de escuchar a muchos de los que se han subido a última hora a este carro de la reivindicación del tren. Los que estamos informados de lo que ocurre en Portugal con el tren sabemos que en las próximas décadas no hay ni una sola intención de poner en marcha un proyecto con tecnología TGV en dicho país, y es algo unánime. Los 313 km que separan Lisboa y Porto se hace en 2 horas y media por 30€. Si algún día llega a Extremadura un tren con prestaciones más que dignas (electrificación, doble vía, ERTMS y velocidades punta de 250 km/h), se podrá hacer el trayecto Madrid Lisboa en menos 5 horas, la mitad de que hoy tenemos. Y en Portugal creen que ni es necesario ni se pueden permitir una inversión tan dañina para el territorio y con tan poco beneficio social. No habrá interés en Poner un AVE hasta la frontera en el horizonte

Pero quiero volver a lo que me ha propiciado este escrito. A la división que la manifestación del 18N en Madrid pudiera estar produciendo entre quienes hemos defendido siempre un tren útil, moderno, accesible, social, integrador y vertebrador del territorio. El miércoles pasado expresaba mis dudas en el artículo de HOY y decía que era una protesta que no estaba exenta de contradicciones. Entiendo los argumentos expresados por Ecologistas en Acción, que desde siempre ha mantenido su posición con razones muy sólidas. Algunos hemos mantenido a nivel particular que había que estar en ese pacto por el ferrocarril para lograr que toda la sociedad extremeña fuera consciente del problema (porque desgraciadamente no era así), a sabiendas de que esa unanimidad se rompería en el momento de poner sobre la mesa qué entendemos por un tren digno.

Ya ha pasado. El 18 de noviembre se ha celebrado, ha ido gente, los políticos se han subido al escenario porque creen que son los más importantes de la sociedad civil y nos hemos vuelto cada uno a nuestras casas para preguntarnos ¿y ahora, qué? Hubiera preferido que estuvieran los políticos junto a la gente y no delante de la gente (la ironía hizo que llegaran los últimos) pero si no hubieran aparecido qué habría pasado: ¿también se lo habríamos reprochado?


Ahora queda lo más difícil: conseguir convencer a la población que el tren que necesitamos no es el que defendían algunos de los que fueron a esa manifestación. Y si para eso ya salimos divididos desde el principio los que creemos que no es el AVE la solución, estaremos acumulando puntos para perder. Por eso he querido extenderme tanto y explicar que, a pesar de todo, sí que era importante dar a conocer a todo el mundo que en Extremadura hay razones para pedir un tren en condiciones. Pero esto no acaba aquí sino todo lo contrario. HOY EMPIEZA TODO en esa lucha y me temo que tendremos que estar al lado de algunos de los que (con sus buenas razones) no estuvieron el 18N en Madrid y alejarnos de otros que estuvieron allí con mucho oportunismo y sin creer en el ferrocarril público, social, ecológico y vertebrador que nos es imprescindible.

*No sé la autoría de la foto, pero me ha encantado ver a amigos y amigas con esta pancarta, que es la que hubiera llevado a Madrid si no me hubiera tocado trabajar.


26 julio, 2017

El síndrome de Theon Greyjoy

No desvelaré secretos de la serie Juego de Tronos a pesar de la mención a uno de sus personajes secundarios en el título de este artículo, porque esto no va de ficciones sino de lo que desde hace ya varios días ha copado las portadas de este periódico: las desgracias, incidencias, retrasos o averías que sufren nuestros trenes. Quienes usamos este medio de transporte desde hace más de una década podríamos haber recopilado una crónica de los interminables trastornos que nos toca sufrir a diario pero que se soportan bien cuando el trayecto no pasa de los 60 km. Si el viaje es largo puede convertirse en una pesadilla y quizá por eso los medios de comunicación de la capital vienen por aquí a hacer reportajes veraniegos montados en nuestros trenes, para contarnos esa experiencia vintage de viajar como hace 50 años.

Subir a un tren en Extremadura es una pequeña aventura y no sabes si los frenos van a salir ardiendo en Torrijos o si te vas a ver en medio del campo en Los Pedroches, con un calor sofocante, esperando que otro tren pueda llegar por una vía única y sin electrificar, como las que empezaron a dejar de existir en las partes más desarrolladas de España hace más de 40 años.

En las últimas horas hemos escuchado que la paciencia tiene un límite y que las gotas han colmado todos los vasos. Parece incluso el momento propicio para que la reivindicación de un tren digno consiguiera el unánime apoyo social, político y mediático necesario para sacarnos de esta situación causada por la dejadez y el abandono de quienes no supieron defender la tierra. Pero, como ya nos adelantaban ayer en este periódico, hasta finales de 2019 no podríamos comenzar a sentir ni unaleve mejoría en un sistema ferroviario que se empezó a abandonar con alevosía a principios de los años 80 del siglo XX,  cuando se tenía que haber optado por la modernización ferroviaria y alguien decidió apostar todas sus cartas a las autovías, cerró las líneas que tenían pocos pasajeros sin preguntarse por qué ocurría y acabó creando un monstruo que nadie sensato se explica: tener la mitad de la población de Alemania, un tercio de su PIB y el doble de kilómetros de altísima velocidad pero con el resto de la red ferroviaria casi abandonada.

-->
Un tren digno es fácil de definir: aquel que no contamina y que te permite trasladarte a muchos lugares y en menos tiempo que por carretera. Me temo que nos falta mucho para lograrlo porque en esta tierra somos incapaces de unirnos unánimemente por el bien común. A veces parece que estuviéramos aquejados del síndrome de Theon Greyjoy, un personaje que da lástima y pena pero no tanto por lo maltratado que ha sido en su vida, sino por la incapacidad de rebelarse ante las injusticias que recibe y por haber acabado por aceptarlas como un mal menor.

Publicado en HOY el 26 de agosto de 2017

-->

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...