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12 junio, 2024

Entre 6 y 9 de junio

El jueves pasado estábamos recordando el 80 aniversario de aquel desembarco en Normandía que supondría el fin del nazismo y del fascismo. Sin embargo, no ha pasado una semana y por Europa se siente el avance de un fantasma que no ha calcado la misma letra que el de hace 100 años, pero que sí contiene tantos acordes idénticos que casi se podría denunciar por plagio. 


No hay nada sorprendente en el viejo continente: era previsible que el auge de las formaciones de extrema derecha continuara y que millones de votantes europeos hayan apostado por Le Pen, Orban o Meloni. Me sigo preguntando si quienes votaron por estas opciones el domingo sabían qué era lo que se había conmemorado tres días antes, aunque me temo que poco importa si fue a causa de olvidos derivados de la edad o por la ignorancia de los más jóvenes: las consecuencias son las mismas.

 

Macron no ha tardado en convocar legislativas en Francia y los partidos de izquierda ya han sido capaces de dejar sus diferencias al margen y unirse para tratar de impedir lo que quizá sea inevitable: que en el gobierno de París se acaben sentando los herederos ideológicos y políticos de aquel que tuvo su capital en Vichy. A quien esta ciudad solo le recuerde un tipo de agua mineral me temo que tiene un grave problema y que no se cura volviendo a ver Casablanca: si en 80 años la mitad de la sociedad francesa ha olvidado quién fue Pétain o cómo se las jugaba aquel gobierno títere y colaborador con Hitler, es porque no se ha estudiado bien la Historia con mayúscula o porque hay quien es capaz de convencer con discursos de odio, difundiendo bulos o reescribiendo lo ocurrido allí entre mayo de 1940 y finales de agosto de 1944, aquel día que La Nueve liberó París.

 

Aquí todo está más o menos igual que antes: el centro-derecha ha absorbido a su antiguo competidor naranja, la socialdemocracia resiste meses de asedio casi literal y la extrema derecha se divide, aparentemente, en dos estilos que no sabría distinguir. Parece que la gran diferencia con el vecino del norte es que la unidad lograda por la izquierda francesa para reagruparse ante un enemigo común aquí pudiera convertirse en uno de esos procesos físico-químicos en los que cada partícula es capaz de dividirse hasta el infinito…y más allá.  Podemos ha vuelto a ir en solitario como en 2014 y ha obtenido dos eurodiputadas, mientras que las diferentes formaciones que integran Sumar han logrado tres. Todos ellos son conscientes de que con estos resultados y con las circunscripciones provinciales correrían el peligro de quedarse todos en el grupo mixto si mañana se disolvieran las cámaras. 

 

Entre el 6 y 9 de junio Europa ha conmemorado una fecha que la salvó del desastre, ha elegido a sus representantes para que legislen su futuro y ahora está intentando explicarse por qué un 18% de su ciudadanía está ideológicamente más cerca de quienes fueron vencidos en 1944 que de los que la liberaron de las manos del nazismo y la intolerancia. ¿Hay una explicación sensata?

 

Publicado en HOY el 12 de junio de 2024

 


 

17 diciembre, 2012

Simbología del horror


En Badajoz han pintado una cruz gamada en la fachada de un bar de comida turca, y en un vídeo aparecen adolescentes saludando brazo en alto, al más puro estilo fascista. Si de estas dos anécdotas concluyéramos que estamos ante el peligro de volver a los años 30 del siglo pasado, estaríamos pecando de alarmistas y exagerados. Pero no dar importancia a estos hechos aislados y dejarlos pasar sin una reflexión sería poco menos que incurrir en una grave irresponsabilidad. El 9 de febrero de 1992 un entrenador de fútbol holandés llamado Guus Hiddink ordenó que fuera retirada una bandera nazi de una grada de Mestalla. Él, que por su edad no había vivido la segunda guerra mundial, conocía lo que sus familiares y vecinos en Arnhem sí habían sufrido. Nosotros, en cambio, no hemos depurado bien nuestro pasado: hace dos días había calles dedicadas a la División Azul y en las hemerotecas de algunos periódicos, de esos que se vanaglorian de lucha centenaria por las libertades, podemos leer gozosas crónicas de guerra sobre los avances alemanes frente a los pérfidos aliados. Más que atemorizarnos por unos gestos o una pintada, quizá deberíamos preocuparnos por un par de detalles: el primero de ellos es cuestionarnos si hemos enseñado correctamente en las escuelas lo que significaron esos totalitarismos; la segunda, y no menos importante, preguntarnos por qué es tan difícil encontrarnos con actitudes como las de aquel entrenador de fútbol holandés, alguien capaz de interrumpir un partido de fútbol para recordarnos que no se puede olvidar la historia de Europa y trivializar con los símbolos de la muerte y la destrucción humana.


14 septiembre, 2009

Franco (no) ha muerto


Cualquier libro de historia del siglo XX que se precie establece vinculaciones y similitudes entre el fascismo italiano, el nazismo alemán y el franquismo de por aquí. Si bien los dos primeros perdieron una guerra mundial y quedaron como lo que fueron, dos totalitarismos sanguinarios, el tercero sobrevivió durante casi 40 años en los que, además de apresar, torturar y aniquilar a quien pensaba diferente, impregnó el subconsciente de generaciones y generaciones. Francisco Franco murió en 1975, pero su maldita obra sobrevive en muchas conciencias, en muchos tics predemocráticos, en cierto miedo a significarse políticamente, en un desprecio hacia cualquier actitud reivindicativa a la que se etiqueta con el adjetivo de follonero y, sobre todo, en la formación de quienes hoy tienen más de 50 años y alcanzan altos puestos de las magistraturas. Luchar contra el fascismo en el mundo sirvió para recibir honores a partir de 1945 y hacerlo en España era peligro de cárcel y persecución hasta finales de los años 70. Lo que no se podía uno imaginar es que 34 años después de la muerte del dictador fascista alguien como Baltasar Garzón pudiera ser acusado judicialmente por investigar los crímenes impunes de un régimen infame. Y hay algo todavía más preocupante: en este país nadie ha pisado una cárcel ni ha sido castigado por haber colaborado con aquel régimen totalitario y fascista, ni quienes mandaron ejecutar a Julián Grimau, ni quienes despeñaron a Enrique Ruano en una comisaría. En cambio, ser antifranquista sigue siendo hoy una manera de complicarse la vida. Hay algo aquí que va mal.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de septiembre de 2009.

P.S. La foto superior derecha ha sido recogida de internet. Hay desalmados izquierdistas que han manipulado la foto y han colocado con Photoshop, a la diestra de Franco, a otro personaje. Pero que quede constancia que lo que hay es un florero borroso.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...