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16 octubre, 2019

Sentencias de aquí y de allá


La periodista Ayla Albayrak publicó un artículo en 2015 sobre enfrentamientos armados entre fuerzas turcas y jóvenes afiliadas al PKK del Kurdistán. Su nombre apareció más tarde en los informes de Amnistía Internacional, tras ser juzgada y condenada a dos años y un mes de prisión. Ayla fue acusada de un delito de propaganda terrorista en un país como Turquía, que celebra elecciones y pertenece a la misma organización militar que España, pero que acaba de iniciar, con cierto beneplácito occidental, una ofensiva para aniquilar a las mujeres kurdas que se jugaron la vida frente al Daesh.



Las leyes de Erdoğan son claras y hay que cumplirlas a rajatabla. Si una periodista publica un artículo equidistante hacia unas milicianas kurdas, puede acabar con sus huesos en una prisión turca que, como sabemos por El expreso de Medianoche, son lo más parecido al infierno.



Cuando un mismo hecho es totalmente legal en un sitio y duramente castigado en otro, nos suele dar una pista sobre la falta de libertades en el país que posee el código penal más duro, aunque no siempre sea así. A quienes escribimos nos parece incomprensible que alguien pueda perder su libertad por un artículo, por un hecho que en otro lugar del planeta no supone ningún riesgo para nadie. Hay muchos casos similares en el mundo: desde quienes practican un aborto, consumen drogas o tienen relaciones con personas de su mismo sexo a un lado de la frontera y con todo el amparo de la ley, a quienes corren el peligro de perder la libertad y la vida por hacer lo mismo en otro lado.



Desde el lunes no dejo de pensar en fechas como el 20 de mayo de 1980 y el 30 de octubre de 1995 en Quebec, o el más reciente 18 de septiembre de 2014 en Escocia. Durante esos días no hubo nadie detenido, no hubo actuaciones policiales, no hubo heridos, no se abrieron procesos sumarísimos en tribunales especiales y nadie, absolutamente nadie, tuvo que pasar ni un solo día en la cárcel por intentar dilucidar mediante referéndum si querían seguir siendo canadienses o abandonar el Reino Unido.



Sí, la ley es la ley. Ya lo hemos oído en el Supremo de aquí y en el de Ankara. Si un mismo asunto acaba de buenas maneras en un lugar y de forma trágica en otro, es porque el sentido común se ha quebrado en algún momento. Quien crea que con sentencias ejemplarizantes, desmedidas o vengativas se va a solucionar un problema de siglos, quizá esté ganando réditos cortoplacistas pero se esté equivocando a largo plazo. Se podrá acallar durante un tiempo a Ayla Albayrak pero la realidad seguirá existiendo y Erdoğan, por muchas leyes y elecciones que lo respalden, seguirá sin ser entendido por el mundo que cree en los Derechos Humanos. Nos consuela pensar que aquí es poco probable que nos encarcelen por escribir lo que pensamos y que podemos hablar de todo abiertamente. Espero no estar pecando de iluso. 

Publicado en el diario HOY el 16 de octubre de 2019. 

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10 septiembre, 2014

Días, diadas y consultas

A igual que le ocurre a Robe Iniesta, tampoco me gustan demasiado las entregas de medallas, los desfiles y toda esa parafernalia que va unida desde el principio de los tiempos a determinadas fechas o actos. Me emociona más ver a unos vecinos que se reúnen cada jueves a regar los árboles de un parqueabandonado por la desidia de los gobernantes, o a un grupo de gente reunida enuna plaza, sentándose en el suelo, e intentando aportar ideas para mejorar la tierra en la que vivimos. Esta es una semana en la que se habla más del terruño que de la Tierra con mayúsculas, por esa tendencia que tenemos a parcelarlo todo: el lunes fue aquí en Extremadura (y en Asturias) y mañana lo será en Cataluña, que lleva meses y años ocupándonos todas las portadas de los periódicos.

El viernes pasado me di mi habitual paseo de cada año por Cataluña: unas cuantas horas para visitar la ciudad de Lleida, degustar su plato típico y pasear por sus calles. En ellas observé gentes de todas las razas, credos y procedencias que le daban un aire exótico y cosmopolita, muy agradable para quienes pensamos que no hay más patria que el planeta en que vivimos. No puedo decir que la ciudad estuviera al margen de la actualidad, porque sí que había banderas y publicidad institucional recordando los 300 años de la derrota de unos territorios peninsulares frente aotros en la guerra de sucesión, pero también sería injusto afirmar que se sintiera el ambiente prebélico y catastrofista que uno lee en algunos periódicos y escucha en determinadas emisoras.  Mientras las encuestas enla Gran Bretaña hablan del empate en el referéndum del día 18 sobre laindependencia de Escocia, aquí estamos ya montando todo para una confrontación que recuerda el duelo a garrotazos de Goya: unos preparando una consulta democrática como las que se realizan periódicamente en Suiza o en EE.UU, y otros dispuestos a llevar al Constitucional la osadía de querer preguntar, incluso de manera no vinculante, qué es lo que se quiere ser en el futuro.


No quisiera entrar esta vez en detalles sobre la legalidad de la consulta del 9 de noviembre, pero sí plantear que quizá no estén siendo inteligentes a medio y largo plazo los que van a impedirla. Alguna vez escribí que si quieres que alguien siga a tu lado no debes usar la técnica de Antonio Banderas en la película Átame de Almodóvar. Imagino que no habrá consulta, ya sea por las buenas o con aquelplan de Vidal-Quadras que incluía a un general de Brigada de la Guardia Civil. Escuché a alguien contrario a la independencia de Cataluña (pero favorable a la consulta) que la estrategia del PP, PSOE y UPyD en este asunto estaba fortaleciendo el independentismo. Quizá tuviera razón y no estaría de más pensar más allá de la pírrica victoria de ver a la policía requisando urnas en otoño.

Publicada en el diario HOY el 10 de septiembre de 2014.


09 junio, 2014

Colorín, colorado

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Solían acabar así los cuentos cuando éramos pequeños. Había reyes y princesas en mundos perfectos y esos personajes pasaron a formar parte de un imaginario idealizado, que no mencionaba la cara oculta de la miseria producida por el más piramidal de los sistemas. Intuyo que nos siguen contando cuentos al llegar a la edad adulta, no con fines literarios sino para distraernos de nuevas realidades. 

Todo tiene un final, incluso los reinados edificados desde decisiones ilegítimas y mantenidos con verdades fabricadas. Obcecarse en permanecer en un cargo vitalicio monarquihasta la agonía habría sido un despropósito que ya no defiende ni el más tradicionalista. Fingen ahora un teatro de normalidad, traspasando la más alta institución del Estado entre miembros de una familia, como si fuera un bar que pasan a regentar los hijos cuando el padre está cansado de estar tras la barra. Parece que esta vez tampoco nos van a preguntar qué queremos, no vaya a ser que nos dé por cambiar el final del cuento. Alargar en el tiempo las rígidas condiciones de modificación constitucional que nos impuso aquella generación, la que tenía más de 18 años en 1978, solo servirá para ahondar la distancia entre quienes nos dirigen desde palacio y quienes pisan el asfalto y la tierra. Pero el conservadurismo, el miedo a plantear nuevos horizontes, es un lastre colectivo que todavía pesa demasiado. Estamos en uno de esos momentos en los que toca decidir si copiamos una página más de la historia o nos atrevemos a escribir una nueva. Reconozco que no soy ni objetivo ni imparcial, que de vez en cuando hay que romper con lo anterior, cerrar etapas y abrir otras con ilusión: colorín, colorado.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de junio de 2014.

P.S. Esta es mi última columna  en EL PERIÓDICO EXTREMADURA. Gracias a todos los que han leído alguna de las casi 500 que han sido publicadas en los últimos 10 años. Hasta otra.

07 noviembre, 2011

Alfa y Omega


Recuerdo como si fuera hoy la tarde en que Teresa, nuestra profesora de griego, nos enseñó el alfabeto en el aula 25 del antiguo instituto Bárbara de Braganza. Desde entonces he admirado a ese pueblo que construyó la más grandiosa de las épicas, inventó la democracia y ha acabado mezclando en el último año tragedias de Sófocles y comedias de Aristófanes. Antes de que nos explicaran los complicados verbos polirrizos, nos habían enseñado que las preguntas que sólo admiten un sí o un no por respuesta son siempre más fáciles que aquellas en las que se pueden elegir múltiples contestaciones. A los niños pequeños no les puedes poner un catálogo con mil piezas para que elijan, sino que se las has de mostrar de dos en dos para que vayan escogiendo la que prefieren. En cambio, los políticos tradicionales consideran que los electorados actúan de forma radicalmente diferente al ser humano: son sabios, inteligentes, listos y sensatos cuando eligen parlamentarios y gobernantes de entre un amplio abanico, pero nos consideran inútiles totales para asentir o rechazar una simple decisión transcendental. La semana pasada faltó poco para que Merkel y Sarkozy dieran otro golpe de coroneles, se acercaran a la plaza Syntagma de Atenas y gritaran “ríndanse y entreguen las urnas”. En la noche que iba del miércoles al jueves los potentados de occidente se marcaron discursos que nos retrotraían al XIX y algunos comentaristas estuvieron al borde de pedir la vuelta del sufragio censitario. No sabemos si Grecia tendrá un final trágico, pero parece que la cuna de la democracia occidental podría ser también su tumba. Alfa y omega.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 7 de noviembre de 2011.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...