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30 marzo, 2009

La profesión va por dentro


A causa de mi mal oído pasé muchos años creyendo que había una frase hecha que decía “la profesión va por dentro”. La confusión me llevó a pensar que cuando uno sufría en silencio era porque llevaba su oficio oculto en algún lugar del cuerpo. Nunca supe si sufría más el notario o el jornalero y me llevé un gran chasco cuando me indicaron que lo que iba por dentro era la procesión. Como ya era mayorcito, me costó menos entender la nueva versión de la frase. Nunca he ido en procesión, no me resultan atractivas y me desagrada el ruido que hacen los coches sobre el asfalto lleno de cera. Reconozco que forman parte de una tradición cultural que va más allá de las creencias, la misma que desde tiempos ancestrales hizo a los hombres celebrar la primera luna llena de cada primavera. Ahora surge una polémica por unos lazos de color blanco que iban a llevar las imágenes y uno no acaba de entenderlo. Si los miembros de la iglesia católica quieren hacer desfilar sus esculturas con lazos o pegatinas están en su derecho a reclamar todo, desde la separación por sexos en las escuelas hasta el cese de las investigaciones con células madre. Es más: estoy deseando que lo hagan. Sería una buena excusa para sacar de esas manifestaciones a los funcionarios de los cuerpos y seguridad del Estado que participan en ellas, y también sería la ocasión de hacerles solicitar los oportunos permisos, los mismos que pedimos todos cada vez que ocupamos la calle reclamando el fin de las guerras o de la pobreza. En cualquier caso, siempre tendrán la opción de llevar el lazo – y la procesión – por dentro.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 30 de marzo de 2009

07 enero, 2008

Me parece muy bien


Me alegra que los obispos salgan a la calle, que Rouco Varela dé misa en plena avenida, que los seguidores de Kiko Argüello canten y se explayen a sus anchas, que 1200 autobuses se encaminen en una mañana fría de domingo hacia el centro del universo para comulgar o para postrarse ante el altísimo. Tampoco me incomodaría que el mismo número de personas se reuniera para orar tras oír la llamada del muecín frente a la mezquita de Córdoba o que miles de judíos recorrieran Hervás el próximo sábado. También me da igual lo que digan: es más, creo que tienen derecho a decir lo que deseen y a aspirar hacer con sus vidas lo que consideren más oportuno. Incluso defendería, donde haga falta, sus opciones personales de tener decenas de hijos y casarse una sola vez en la vida. No me inquieta que vuelvan a manifestarse ni pondría impedimento o reparo alguno. Sí que me preocupa que desde el gobierno y desde la izquierda se haya respondido a las palabras de los fundamentalistas católicos, porque es entrar al trapo de una provocación calculada e iniciar un debate que no lleva a ningún lado. ¿Acaso un gobierno de todos puede seguir los postulados de una secta religiosa? ¿Dejarían los hospitales públicos de hacer transfusiones si un millón de Testigos de Jehová lo pidieran en la calle? ¿Entonces para qué perder tiempo en responder públicamente a las pretensiones de cada secta religiosa? Es de justicia que los gobiernos permitan la libertad religiosa, pero es imprescindible que las confesiones no traten de imponer su modelo de vida a quienes queremos seguir siendo, simplemente, ciudadanos laicos. No es mucho pedir.



Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 7 de enero de 2008.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...