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05 marzo, 2025

Diplomacia y gansterismo

Ignoraba cuántas acepciones tenía la palabra ‘diplomacia’ hasta que la busqué en el diccionario el pasado fin de semana. Además de algunas definiciones técnicas sobre asuntos de relaciones internacionales, los lexicógrafos nos han apuntado también una serie de sinónimos, afines y antónimos de la diplomacia sobre los que no dejo de pensar.


Las recientes imágenes de Zelenski en la Casa Blanca me han retrotraído a aquellos días de febrero de 2022, cuando todas las cadenas de televisión colocaban una bandera de Ucrania en una esquina de las pantallas. Incluso en los partidos de fútbol ponían los colores azul y amarillo junto al minuto de juego y el resultado, para que quien estuviera viendo su deporte favorito no perdiera conciencia de lo que estaba ocurriendo en esa zona de Europa. En algún edificio público también colocaron la enseña ucraniana en la puerta principal durante muchos meses, para que nadie olvidara los sufrimientos de aquel país. Sin embargo, no se hizo lo mismo con la bandera de las gentes de Palestina, que a pesar tantos ataques con tintes genocidas no han merecido la misma consideración simbólica.


El episodio de Trump y Vance acorralando a Zelenski se analizará en las escuelas diplomáticas como un antónimo de diplomacia. No hay nada parecido al “respeto”, a la “habilidad”, a la “delicadeza” o a las “buenas maneras”, esas palabras afines que encontré en el diccionario. La escena se parece más a la de una enésima secuela de El Padrino que a un encuentro entre dirigentes de dos estados soberanos.


¿Qué podemos esperar de un mundo en el que los mandatarios más poderosos tienen comportamientos muy parecidos a los del gansterismo y tan alejados de la diplomacia? Pues se lo pueden imaginar: nada bueno para casi nadie en el planeta, independientemente del lugar en el que se viva y las condiciones que se tengan. Trump y el trumpismo no avanzan solos, lo hacen con un apoyo económico y mediático descomunal y muy eficaz, porque consiste en convencer a una buena parte del electorado de que la culpa de no disfrutar de un buen empleo, de un salario decente o una vivienda digna la tienen gentes de otro color de piel, de otra lengua, de otra cultura y que todavía son más pobres y desdichados.


¿Era la diplomacia la panacea para lograr un mundo más justo y más humano? Pues ya sabemos que no. A lo largo de la historia la diplomacia ha fracasado en multitud de ocasiones aunque acabara guardando, relativamente, las formas. Ahora, sin embargo, ya hemos visto que el respeto, la habilidad y las buenas maneras propias de la diplomacia han desaparecido por completo del manual de instrucciones del trumpismo y que sus seguidores en todo el mundo (¡sí, también en Europa!) jalean más a quienes se comportan como matones de los bajos fondos. Europa se prepara para lo peor: para soportar la alianza de intereses entre dos sátrapas, poniendo al viejo continente como campo de batalla y con el estúpido aplauso de un alto porcentaje de europeos que creen que sus gansters favoritos son mejores que ese invento woke llamado diplomacia. Quizá esto sea lo más preocupante y doloroso.


Publicado en el diario HOY el 5 de marzo de 2025 



 

09 marzo, 2022

Tiempo de guerras

No recuerdo haber pasado tanto tiempo recopilando información para escribir estas líneas. Desde que los movimientos de tropas rusas pasaron a ser la invasión de Ucrania por parte de los ejércitos de Vladimir Putin, he buceado en las hemerotecas y he hallado noticias que había olvidado totalmente de mi memoria.

Las organizaciones de Derechos Humanos llevaban años denunciando los excesos de Putin pero los editores de telediarios no lo consideraban de suficiente entidad. Hoy ya sabemos lo que está suponiendo, de momento, esta invasión y esta guerra: la destrucción y la muerte de personas para conseguir un botín político, económico y geoestratégico.

Los modos de las guerras son siempre horribles en todos sus formatos, ya las perpetren grupitos de locos a los que llamamos terroristas o si lo hacen los Estados en las denominadas intervenciones militares. Pero para quienes las sufren es lo mismo y, como en este caso, al mando de ejércitos también puede haber psicópatas peores que en células del terror. Si tu familia muere entre escombros en Kiev, Gaza, Trípoli, Bagdad, Sarajevo o Belgrado se produce idéntico dolor.

Tal vez no sea este el momento de analizar las causas del conflicto sino de ponerse a salvar vidas, pero quizá sea también la hora de no dar pasos en falso que conviertan un conflicto gravísimo, como los que se simultanean en Yemen, Afganistán, Palestina, Etiopía o Myanmar, en un escenario de confrontación abierta y armada entre potencias militares de primer orden.

Entre los artículos, vídeos y audios a los que he tenido acceso durante estos días he encontrado de todo: desde un general que duda de la efectividad de enviar armas convencionales a un ejército de varones voluntarios sin formación, hasta un vídeo de 2016 en el que otro general y expertos en geopolítica anticipaban, como si fueran pitonisas, lo que vemos hoy en las pantallas.

Si hay algo que diferencia este conflicto armado de otros que se suceden ahora o que ocurrieron en el tiempo, son la acumulación de tres circunstancias. La primera de ellas es que uno de los contendientes ha demostrado tener pocos remordimientos éticos a la hora de usar la violencia para salirse con la suya. La segunda es que una solución rápida para Ucrania, con la intervención de la OTAN, podría derivar en una escalada bélica que Noam Chomsky definía como “una sentencia de muerte para la especie, sin vencedores”. El tercer elemento marcaría la diferencia, porque sería la primera guerra entre superpotencias tras aquel 6 de agosto de 1945 en Hiroshima. La amenaza nuclear de Putin no es descartable y entiendo que cada paso que se está dando en el concierto internacional tiene bien patente esta posibilidad.

No tengo certeza alguna de cuál es la mejor opción para detener cuanto antes esta guerra de muertes, destrucción y personas refugiadas. Por eso me estremece la ligereza con que algunos apuntan unas u otras soluciones sin sopesar las consecuencias a medio y largo plazo. Nada bueno nace de los tiempos de guerras, aunque parece que ahora Europa abre sus brazos a recoger a personas que huyen de la muerte. ¿Durará esto mucho tiempo o dependerá del color de ojos y cabellos?

Publicado en el diario HOY el 9 de marzo de 2022

 


 

02 diciembre, 2013

Fundido a negro

Ya han liberado en Rusia a todos los activistas de Greenpeace, aquellos que estaban encarcelados desde septiembre por encadenarse a una plataforma de Gazprom en el ártico. En cambio, tres de las cantantes de Pussy Riot continúan encarceladas por un crimen tan horrible como el de actuar en una iglesia. No hace falta que les diga que no corren buenos tiempos para expresar lo que se quiera y para protestar contra lo que no se está de acuerdo: hace un frío que parece llegado de Siberia, y sus aires represores se han colado hasta el Consejo de Ministros en forma de anteproyecto de seguridad ciudadana. Y allí está tan pancho Jorge Fernández Díaz, esperando a que le demos las gracias por haber atenuado algunas barbaridades con respecto a las primeras filtraciones de dicha ley.

Mientras tanto, la radiotelevisión valenciana se funde a negro, dejando en la estacada a cientos de periodistas y técnicos, a los que les obligaron a realizar programas vergonzosos y emitir información manipulada durante años y con una gestión pésima de sus directivos. Nos lo están poniendo difícil para que no nos organicemos y para qué pensemos que todo está perdido, porque multar con 600000 euros la convocatoria o asistencia a cualquier reunión o manifestación solo cabe en la mente de quien es muy poco demócrata. Si fuéramos pesimistas, pensaríamos que estamos a punto de un gran fundido a negro, como el del viernes en Valencia, pero uno tiene la esperanza de que haya una mayoría de gente con aprecio por sus propias libertades y con agallas para impedir los atropellos de algunos que se parecen demasiado a Putin. Tanto que podríamos pensar que son sus hijos.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 2 de diciembre de 2013.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...