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06 diciembre, 2010

Nada nuevo

En infinidad de ocasiones intuimos perfectamente las historias y lo único que nos falta por conocer es la literalidad de lo ocurrido. Algo así nos ha pasado a muchos con los descubrimientos de wikileaks: hacía años que teníamos casi la plena seguridad de que los gobiernos se las gastaban así. Lo novedoso es que ahora hay pruebas que salen por escrito y en documentos oficiales que llevan sello, firma, compulsa y hasta registro de entrada y salida. Así que, una vez desvelado y comprobado que nuestros gobiernos se manejan con una literatura que saca los colores, ahora llega el turno de matar al mensajero. Cuando escribía estas líneas, Julian Assange estaba en búsqueda y captura, sus páginas desaparecían de algunos servidores de Internet, y los mandatarios andaban más preocupados en acallar la verdad que en dejar de cometer crímenes, despropósitos e intromisiones. ¿A quién beneficia? Es la pregunta que no dejan de hacerse los valedores del sistema, apresurándose a encontrar una vinculación entre Assange y el terrorismo internacional. Y uno piensa que las revelaciones de wikileaks benefician a la ciudadanía. No nos vengan ahora con milongas de seguridad. Lo que necesitamos saber los ciudadanos - y nos da igual quién nos lo diga o cómo logre averiguarlo - es si la democracia que decimos defender en el mundo es un sistema respetuoso con los principios elementales de los Derechos Humanos, o si occidente está en manos de una auténtica banda que haría un gran papel secundario para la cuarta parte de El Padrino. Muchos ya imaginábamos la respuesta: nihil novum sub sole.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 6 de diciembre de 2010.

16 noviembre, 2009

Muros y vallas

El muro impedía la libertad. Quienes vivían al otro lado no podían atravesarlo y estaban obligados a sufrir una vida triste, sin realización personal. Eran tantas las ansias de superarlo, que doscientas personas dejaron sus vidas en las alambradas, escalando una pared infinita y eterna. Llevamos una semana recordando aquel muro que se cayó y casi todos se alegran de su desaparición, nadie ahorra adjetivos y la inmensa mayoría se felicita por ese mundo de libertad que, parece ser, penetró en cada rincón del planeta según iban desmoronándose los fragmentos de hormigón en Berlín. Y mientras iban a la antigua capital alemana a recoger piedrecitas, los mismos fanfarrones de la libertad se dedicaban a ir trenzando en el sur un muro más alto, más vigilado y más infranqueable. Este nuevo muro ha causado más muerte que aquél, porque no sólo hay que contar a los que dejaron su vida a finales de septiembre de 2005, sino a los miles que se ha tragado el mar y a los cientos que descansan bajo un número en el cementerio de Algeciras. Intento saber qué diferencia al muro de Berlín del que se levanta en Cisjordania o del que los gobiernos españoles construyeron en Ceuta y Melilla, y no dejo de preguntarme por qué Occidente quería que los ciudadanos de la RDA vinieran a vivir al oeste y no queremos que lleguen senegaleses o mauritanos. ¿Será el color de la piel? ¿Será la formación académica de los sujetos en cuestión? Todavía estoy esperando que alguien me dé una explicación razonable, que no provoque sonrojo y que tenga en cuenta aquello de que todos los seres humanos son iguales.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 16 de noviembre de 2009.

Foto: Wikipedia

19 enero, 2009

El burka de occidente


Muchas veces no reparamos en lo cotidiano hasta que alguien nos desvela, como si fuera un gran descubrimiento, lo que tenemos ante nuestros ojos. Podemos ver los telediarios todos los días, hacer zapping como locos para comparar el sesgo de cada cadena y no caer en los mensajes subliminales que nos lanzan desde la puesta en escena.  Un varón puede llegar al cénit de su carrera televisiva siendo un sexagenario con nietos como Iñaki Gabilondo,  un cincuentón aparente como Matías Prats, e incluso peinar canas como David Cantero o Lorenzo Milá. Eso sí, a su lado habrá siempre una mujer que rara vez pasará de los cuarenta y que bajo ningún concepto podría salirse de los cánones de belleza impuestos por esa dictadura que llaman imagen.  Hay quien lo ha definido de forma gráfica como el burka de occidente, una especie de obligación sibilina que provoca que haya chicas pidiendo operaciones de cirugía plástica antes de ser mayores de edad, que  hace que se impongan como modelos los cuerpos famélicos, que obliga, en definitiva, a que una parte de la población se ocupe más del envoltorio  que de su propio contenido. También hay quien cree que esa tiranía que padece la mujer se corrige consiguiendo que los varones también la sufran y haciendo de la estética un principio casi ético. Otros creemos que estas normas no escritas forman parte de las nuevas formas de machismo que operan en occidente, incapaces de forzar a poner velos pero que con demasiada facilidad disponen los perímetros correctos para cada parte del cuerpo y los tonos adecuados para cada edad, como si de simple ganado se tratara.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO DE EXTREMADURA el 19 de enero de 2008.


16 abril, 2007

11

El inicio del siglo XXI está convirtiendo el 11 en una cifra fatídica. Cada vez que aparece en el calendario se extiende el temor de que se produzcan ataques como los de Nueva York, Madrid o los más recientes del Magreb. Los últimos cuatro años en Iraq han sido cualquier cosa menos un tiempo de paz. Allí siempre es 11 y la imagen de la estatua del dictador cayendo ya ha dejado de difundirse porque ha pasado de ser el icono de una victoria a símbolo de un fracaso. Las relaciones internacionales pasan por momentos más que complicados a causa de un mundo occidental que sigue creyendo que es el centro absoluto del universo mientras muestra una incomprensión absoluta hacia problemas enquistados. Se empecinaron en no resolver los problemas de Oriente Medio porque creyeron que dos ejércitos sofisticados resolverían todo en dos patadas. Siguen pensando que la utilización de la energía atómica puede ser desarrollada a su antojo mientras niegan ese derecho a los demás e incluso amenazan con guerras a quien intente hacer lo mismo que ellos hacen.

El terrorismo fundamentalista puede tener orígenes complejos en el fanatismo religioso, la pobreza o la desesperación, pero no cabe duda de que quien lo alimenta involuntariamente es la incapacidad del llamado occidente para entender y resolver constructivamente los problemas del mundo árabe. Tan necesaria como la prevención contra ataques terroristas es la creación de espacios de diálogo que podremos llamar alianza de civilizaciones o de cualquier otra forma. Será la mejor manera de que los días 11 de cada mes vuelvan a estar libres de sobresaltos. http://javierfigueiredo.blogspot.com

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 16 de abril de 2007

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...