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04 octubre, 2016

Hora de pensar (I). Ser y/o parecer



Los resultados de Podemos en las elecciones europeas de mayo de 2014 abrieron la necesidad de construir rápidamente una formación política que había logrado cinco escaños en Estrasburgo y 1.245.000 votos. El verano de 2014 fue un apresurado proceso para construir desde la nada absoluta, sin techo bajo el que reunirse y con el acoso policial cada vez que medio centenar de personas hacían un corro en algún parque o plaza para hablar de futuro. Todo era organizarse y nada era pensar en qué planteábamos. Sabíamos contra lo que luchábamos pero no teníamos del todo claro qué pretendíamos. Siempre había que posponerlo todo: tras el verano de 2014 llegó la preparación de la asamblea de Vistalegre; al final del otoño las elecciones a Consejos Ciudadanos Municipales; en enero de 2015 la marcha del cambio en la Puerta del Sol de Madrid; en febrero las elecciones a Consejos Ciudadanos Autonómicos; en la primavera de ese año la frenética y tortuosa singladura para poder presentarse a las elecciones municipales de mayo de 2015.

Junio de 2015 tampoco fue más tranquilo: había que decidir qué se votaba en las investiduras de presidentes autonómicos y configurar gobiernos de cambio en algunas ciudades. Y cuando parecía que todo estaba en calma, a finales de junio, nos toca lidiar con unas primarias para las generales que a algunos nos parecieron un auténtico despropósito. El otoño de 2015, tras las elecciones catalanas de septiembre, fue otra locura para preparar las elecciones del 20D. Y luego otra vez, para las del 26 de junio. Acaban de volver a votar en Galicia y Euskadi pero esto parece que todavía no ha acabado del todo. Alguien dijo aquello de “que no se podía correr y atarse las zapatillas al mismo tiempo” y tenía toda la razón. Lo malo es que hemos corrido, y mucho, pero ha habido momentos en los que lo hacíamos como pollo sin cabeza, sin rumbo, espoleados por la necesidad imperiosa de correr pero sin tener clara la ruta.

“Compañeros, compañeras, hasta aquí hemos llegado”. Así empezaba una canción del admirado Labordeta. Ya ha llegado el momento de pensar qué queremos y hacia dónde queremos dirigirnos. Luego quedarán matices de si hay que hacerlo en un solo viaje, con escalas, solos, con compañeros de viaje y a quién encargaremos que nos guíe (permitidme que evite la expresión gran timonel). Lo que no se puede hacer en el seno de Podemos - y yo extendería a toda la izquierda- es debatir con 140 caracteres. Una cosa es simplificar y otro cosa es ser simples. Entre una discusión terminológica sobre núcleos irradiadores que dejen fuera de juego al 99% de las bases y un intercambio de tuits imagino que hay un término medio. De ahí que algunos nos espantáramos cuando la palestra se reducía a si es mejor no dar miedo y mostrar una cara más amable y seductora, o bien hay que añadir contundencia a los posicionamientos.


Como el debate de ideas será largo, zanjemos primero la cuestión de las formas que se planteó en septiembre, el asunto de si damos miedo o de si hemos de dulcificar las formas,  sobre si es mejor parecer algo diferente a lo que se es o hacernos una cirugía estético-política con la que ganar adeptos en los ambiguos caladeros del centro. Me atrevo a afirmar que es un debate de corto recorrido, porque jamás se debe engañar a la gente (para eso hay viejos partidos que lo hacen mejor y con más experiencia). Pero nunca está de más aplacar los gritos, calmar los discursos y ser más amables en las formas, siempre que no sea a costa de claudicar de los principios y de abandonar el compromiso con las clases más desfavorecidas. El ‘qué’ siempre será más importante que el ‘cómo’, pero siempre se convence mejor con buenas palabras.

19 julio, 2010

Dura vida



Hace unos meses vi un pequeño yate en el puerto deportivo de Lisboa en cuya vela se podía leer la inscripción dura vida. Los que allí estábamos tuvimos una reacción a medio camino entre la risa y la indignación, porque no sabemos si quien escribió las dos palabras estaba siendo irónico o simplemente descriptivo. Quizá los de tierra adentro minusvaloremos los esfuerzos que supone navegar por puro placer. Los políticos también llevan una vida dura y merecen descansar donde quieran, sin dar explicaciones a nadie más. Sus vidas privadas, como las de futbolistas, cantantes o dependientes de supermercado, deberían merecer el respeto y la discreción de todos. Lo único que es exigible a los políticos, por encima del resto de los mortales, es una actitud ejemplarizante. Y eso es precisamente lo que más eché de menos en el debate parlamentario de la semana pasada. En dos días recogí más de veinte ejemplos de lo que un adulto jamás debería hacer. Me refiero a hechos tan sonrojantes como interrumpir la intervención de otra persona, no escuchar a quien está en el uso de la palabra, tener preparada la respuesta antes de conocer el punto de vista del interlocutor, marcharse sin escuchar lo que dicen otras personas, proferir insultos a gritos y no obedecer las peticiones de respeto de quien dirigía el debate. Hubo algún momento en el que la sede parlamentaria parecía un aula de alumnado marginal y conflictivo, pero las ausencias son casi peores que el gamberrismo. No me pidan que confíe en las palabras de algunos, porque sus actos son más que suficientes para conocerlos. Por cierto, no parece que lleven una dura vida.

Publicado el 19 de julio de 2010 en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA.

14 mayo, 2007

Debates y campañas

Hace un par de semanas pudimos ver a los candidatos franceses debatir durante más de dos horas ante más de veinte millones de espectadores. En Estados Unidos los precandidatos republicanos y demócratas se enfrentan dialécticamente por decenas sin que tiemblen los cimientos del sistema. Son muchos los países en los que no se conciben unas elecciones sin debates y aquí, para llevar la contraria, sólo nos queda la memoria del año 1993. La receta es siempre la misma: el que está en el poder no quiere y el aspirante arde en deseos, independientemente del color político. Sólo así se explica que aquel año hubiera debates, porque quien estaba en el poder se veía casi fuera de él y fue gracias al duelo televisivo que los socialistas vencieron a Aznar por segunda vez. De vez en cuando sería de agradecer un ejercicio de pedagogía política y de coherencia. De nada vale criticar que el candidato socialista a las autonómicas no quiere participar en tal o cual televisión cuando el alcalde popular de la principal ciudad de la región se niega a debatir con un oponente, del que dice textualmente que "ni siquiera es de aquí". Desde luego que lograría un espaldarazo de votos quien se atreviera a decir que debate en todos los lugares y en cualquier circunstancia: en primer lugar porque estaría demostrando que cree en aquello que propone y que está dispuesto a defenderlo. En segundo lugar porque estaría tratando a los votantes como adultos, como seres capaces de sacar conclusiones del contraste de pareceres. Es así como se persuade y no organizando mítines para convencidos, ni con vallas de señores irreconocibles por el photoshop

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de mayo de 2007

Nota: Qualquier parecido entre la foto del cartel electoral y esta otra, tapándose la cara cuando la sombra de la especulación traspasaba las recalificaciones multimillonarias con salida del pleno por "decencia", las enajenaciones sospechosas de terreno público que hacen que tal concejal obtenga pisos más baratos que el resto, y cuando la familia de uno firma una venta millonaria el mismo día que los recalifica el pleno, .... ES PURA COINCIDENCIA.

Por cierto:
¿Dónde puedo conseguir los programas electorales del PP en badajoz de los años 1999 y 2003?

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...