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02 enero, 2012

Apocalipsis 2012


Desde aquella cogorza de Fernando Arrabal hablando del milenarismo, me produce carcajadas oír cualquier cosa sobre el fin del mundo o el apocalipsis. Mi profesor de Historia nos contó lo que ocurrió en el año 1000, y todavía recuerdo a Álvarez Cascos en la nochevieja de 1999, informándonos del operativo especial que habían diseñado por si los ordenadores empezaban a estrangularnos a todos y a perseguirnos por los pasillos con la llegada del tercer milenio. Muchas veces he pensado que quienes murieron en Hiroshima, en las Torres Gemelas o en los maremotos de 2004 en Indonesia o del año pasado en Japón se fueron con la duda de si estaban ante el fin del mundo. En cualquier caso, el mundo ya no existe para ellos y los problemas los tenemos los que aquí nos quedamos. El miedo, la superchería y la superstición, en todos sus formatos, no son otra cosa que cloroformo colectivo en un tiempo tan lleno de dudas como el actual. Si al desmoronamiento económico de una parte del primer mundo le añadimos todos esos elementos de película de terror, estaremos ahondando en la confusión. Este mundo necesita lavarse la cara con agua fría, sentarse a pensar cómo sobrevivir en este barco y girar el timón para no partirse en pedazos contra las rocas del crecimiento ilimitado e irresponsable. Pensar que la epidemia de salmonelosis de los camarotes de primera constituye un problema global es pecar de ombliguismo y miopía político-social. Más que temer al apocalipsis de 2012 convendría empezar a salvar el mundo con fundamentos muy sencillos: somos ya 7000 millones de personas y queremos vivir dignamente, sin miedo.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 2 de enero de 2012 (02/01/2012)

04 enero, 2010

Décadas


Los veinte primeros años de cada siglo son siempre los peores. Luego todo se hace más fácil y podemos hablar de los revolucionarios años 60 o de los movidos años 80. ¿Pero cómo llamamos a la década que se ha terminado y a la que acaba de empezar? ¿Podremos hablar de los inquietos cero y pico o de la desoladora década de los diez y tal? Mientras nos aclaran esta duda, echamos la vista atrás y parece que fue ayer cuando Álvarez Cascos nos preparaba para el caos del año 2000. Pero el milenarismo que había anunciado Fernando Arrabal once años antes no llegó esa noche. Lo que sí que parece relevante es la cifra mágica del nuevo siglo, ese once que marcó un día de septiembre de 2001 para convertirse en un símbolo del memento mori de la minoría dominante. De vez en cuando un tipo con un mechero en un avión nos recuerda nuevamente que podemos morir y nos reafirma que somos el centro del mundo. La década empezó con tres mil muertos occidentales en las torres gemelas y que, para la prensa independiente e imparcial, son mucho más importantes que el millón de fallecidos violentamente en Irak o los 1434 palestinos que eran aplastados hace justamente un año. La década que viene será clave para poner los sistemas económico-productivos al servicio de la ciudadanía y de la tierra, para llevar los Derechos Humanos a todos los rincones y hacer que los mil millones de occidentales tengan en consideración a los otros cinco mil millones. Sólo así lograremos volver a tener unos felices años 20. Si no fuera por la etimología podríamos llegar a pensar que algunas décadas provienen directamente del término decadencia.

22 septiembre, 2008

Se veía venir

El mundo está lleno de adivinos a toro pasado que se aprovechan de nuestra frágil memoria para decirnos que ellos ya lo sabían, que se lo olían todo y que advirtieron de todos los peligros. Como hoy día internet resuelve fácilmente estas amnesias, habría que recordar que no todos se apuntaron a los malos augurios sino a todo lo contrario. Un buen ejemplo es Álvarez Cascos, que en octubre de 2002 no se preocupaba de la subida del precio de los pisos sino que la justificaba en lo altos que estaban los salarios. Un año más tarde negó la posibilidad de una burbuja inmobiliaria que pudiera pincharse de golpe y causar una caída brusca, porque el sector de la construcción gozaba de una salud de hierro. El único problema que atisbaba era la falta de suelo y abogaba por una liberalización que serviría para moderar los precios. En algunos lugares se hizo urbanizable hasta el rincón más recóndito y los precios siguieron disparados. Hubo quien sí que adivinó, en noviembre de 2003, que si subían los tipos de interés se produciría una gran crisis. Fue un tal Solbes, que era comisario europeo de economía, y que merecería todos los premios y elogios del mundo por haber tenido mejor ojo que nadie. Lástima que tras su llegada al Ministerio perdiera esa capacidad de anticipación, y que durante sus cuatro primeros años como vicepresidente económico no pusiera los medios suficientes para prevenir y paliar lo que había diagnosticado meses antes. Por lo menos ha tenido el detalle de no decirnos, con recochineo,que se veía venir. Otros, mientras tanto, creerán que las hemerotecas son reencarnaciones del diablo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 22 de septiembre de 2008.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...