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15 noviembre, 2017

Un poco de dignidad

  
El 18 de noviembre la gente de Extremadura, la que aquí vive y la que se tuvo que marchar para sobrevivir, tiene una cita en Madrid para defender el bien común. No es fácil por estas tierras conseguir que todo el mundo se junte y alce la voz en favor de sus intereses compartidos: desde que en 1979 la movilización popular impidiera que nos convirtiéramos en generadores nucleares rodeados de campo, no se recuerda ninguna tan transversal como la de este sábado, a pesar de que no está exenta de contradicciones.



Hoy sabemos que fue un error callarse ante el deterioro ferroviario en los años 80. Mientras la electrificación y las dobles vías avanzaban por toda la península, por aquí dejábamos que nos cerraran líneas porque el futuro estaba en las autovías. Se cerraba a calicanto la comunicación hacia el norte y el resto se iba degradando, las estaciones se iban abandonando y utilizar el ferrocarril se acabó convirtiendo en una de las actividades para las que se necesita mucha paciencia y gran capacidad para contener la rabia.



El sábado hay que estar en Madrid, físicamente o con el corazón. Hubiera sido deseable que nos pusiéramos de acuerdo en el modelo de ferrocarril que necesitamos en nuestra tierra, pero es el momento de dar a conocer a todo el mundo cómo está nuestro tren. Algunos hemos escrito ya muchos renglones en contra de ese despropósito español de centralizar radialmente todas las comunicaciones del país, con una altísima velocidad que es insostenible desde el punto de vista económico, ecológico y social, como lo prueba el hecho de que solo China, que nos multiplica por 30 en número de habitantes, nos vaya superar en kilómetros de AVE.



Me parece un acierto que la reivindicación de este sábado tenga como distintivo al concepto de dignidad. En los últimos doce años he utilizado el tren en Extremadura más de 5000 veces, he recorrido más de 300.000 km y he recogido anécdotas para varios libros. Sin quererlo me he convertido casi en un experto y me ha tocado explicar a los viajeros eventuales de estos trenes que no hay cafetería, que no se reparten auriculares, que el ruido infernal es porque aún funcionamos con gasoil y que los retrasos no son por algo extraordinario sino el panorama cotidiano. Una señora, que había recorrido en menos de tres horas los 600 km de Barcelona a Madrid y que se acercaba a su sexta ahora para cubrir los 400 km desde la capital hasta Badajoz, me preguntó si nos quejábamos por todo esto. Y tuve que decirle que no, que aquí protestar estaba como mal visto, que todavía se sentía una mezcla de miedo y pudor a colocarse tras una pancarta. Si me la volviera encontrar me gustaría decirle que todo cambió, que hubo un día que comenzamos a pedir un poco de dignidad. Ahora toca el tren, pero hay muchas más cosas por las que luchar en voz alta, porque la resignación nunca sirve para nada.
Publicado en el diario HOY el 15 de noviembre de 2017
Entre las muchas imágenes que ilustran en mi blog mis numerosas columnas y reflexiones estaba la del primer billete que usé para ir diariamente a Mérida, en enero de 2005. Hemos pasado de 65€ a 104 € en apenas 12 años. Las mejoras han sido insignificantes. 

20 septiembre, 2017

Linares-Murcia



Linares y Murcia están casi en el mismo paralelo y distan solo 220 km en línea recta. Entre ambas localidades se encuentra la Sierra de Cazorla y los navegadores de los coches te aconsejan que vayas dando un rodeo por Granada y recorras 382 km en más de 4 horas. Si quisieras ir en tren no puedes seguir ese itinerario, porque la capital de la Alhambra lleva más de dos años sin tren de ningún tipo, así que tienes que enfilar 140 km hacia el norte hasta Alcázar de San Juan, y hacer allí transbordo hacia Murcia para acabar recorriendo más de 450 km en casi 5 horas.


No he elegido al azar estas dos ciudades como título de este artículo: quería pasar por alto, al menos durante algunos días, ese otro lugar geográfico que inunda tres cuartas partes de los telediarios. Pero también he reparado en ellos porque en Extremadura tenemos algunas cosas en común con lo que sufren ambas ciudades. Murcia es, junto con Extremadura, la única región que seguía sin contar con vías electrificadas (aunque ellos las van a tener ya mismo), y Linares tiene unas altísimas cotas de desempleo que no difieren demasiado de las de algunas zonas de nuestra región.


Y aquí se acaban las similitudes, porque lo que viene después es bien diferente. Silenciados por los medios de comunicación, sepultados por el vendaval de noticias procedentes del nordeste, los vecinos del barrio de Santiago el Mayor en Murcia se han levantado frente a una injusticia histórica que lleva camino de perpetuarse. Una barriada partida por la mitad desde hace décadas y que ve que las obras de modernización del ferrocarril no tendrán ni un céntimo para el tan ansiado soterramiento de los raíles. Como ya ocurriera en el barrio burgalés de Gamonal, los murcianos han recibido poco diálogo y muchos palos en las espaldas, pero estaban allí, defendiendo algo sensato frente a unos políticos que los ignoran y que deben pensar que al otro lado de la vía hay poco glamour y demasiada gente corriente.


Los de Linares han sido capaces de sacar a la calle a la mitad de una población de 58.000 habitantes porque están asolados por unas cifras de desempleo de escándalo y, lo que es peor, sin apenas esperanza de un futuro mejor. No se me hace extraño lo ocurrido en Linares o en Murcia, ya que aquí tenemos problemas parecidos o peores, pero sí que admiro la capacidad de levantarse y de hacer copartícipes de sus reivindicaciones a muchos vecinos. No sé si las protestas les traerán soluciones rápidas a los problemas que tienen planteados, pero viendo las imágenes parece que han aprendido una lección de la que deberíamos tomar buena nota por aquí cerca: que tomar conciencia de que merece la pena juntarte con tus iguales y luchar por el bien común es el primer paso para mejorar la vida de quienes te rodean. Y tenemos unas cuantas citas en la agenda.

Publicado en el diario HOY el 20 de septiembre de 2017. 


 

19 abril, 2017

Viaje en diagonal

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Llevo más de cuatro décadas atravesando diagonalmente la península, en un viaje que realizo dos o tres veces al año y que he acabado por aprenderme de memoria. Los 850 km de distancia entre mi tierra natal y la que me acogió han cambiado bastante a lo largo del tiempo y aquellos trayectos de 16 horas, en coches sin aire acondicionado y por carreteras de un solo carril en cada sentido, se hacen ahora en menos de ocho horas por autovías y en vehículos cómodos y seguros.

En ese viaje diacrónico hemos dejado de atravesar las ciudades y ahora las circunvalamos, sin darnos cuenta de que están allí al lado de no ser por los indicadores. El trayecto entre Extremadura y Madrid cruza por encima de la vía de ferrocarril, una vía única sin electrificar por la que solo pasan trenes de los llamados regionales, el más bajo escalafón de los materiales ferroviarios que usa Renfe. En cuanto subes de Madrid hacia el noreste viajas no solo en paralelo a las modernísimas infraestructuras de alta velocidad, sino que también ves las antiguas vías, ya casi abandonadas, por las que solo circula algún convoy de mercancías y un par de trenes con carácter testimonial. Estas vías desechadas del noreste serían un sueño dorado en el suroeste: están totalmente electrificadas y con vía doble. Basta un viaje para diseccionar la historia de este país, donde los más pobres añoran las migajas que dejan caer los más ricos.

Según te vas acercando al centro peninsular las carreteras van ampliando su número de carriles para que Madrid pueda recoger su diáspora de vacaciones o fines de semana. De vez en cuando te invitan a alejarte del atasco por esas autopistas de peaje por las que no pasa nadie y que todo parece indicar que acabaremos pagando. Aquellas famosas radiales se construyeron cuando se pensaba que el crecimiento de nuestras ciudades sería imparable y ahora tienen un agujero que hemos de enjugar entre todos, incluso por los que viven en una aldea extremeña o de Galicia y jamás circularán por allí. Alguien lo resumió muy gráficamente: no ibas por ellas porque tenías que pagar y ahora las vas a pagar por no haberlas utilizado.

Cada viaje en diagonal me recuerda que las diferencias territoriales no nos vienen solo del pasado, de deudas históricas impagadas a las regiones que padecieron el subdesarrollo. También se fraguan en el presente porque permitimos que se nos siga tratando de esta manera: por nuestras venas fluye demasiado conformismo, nos falta conciencia colectiva y nos han hecho creer que a quien protesta y levanta la voz se le acaba castigando. Me niego a pensar que no tenemos remedio, que estamos condenados a sufrir sin rechistar y solo espero que el final de esta historia no necesite llegar a ese extremo que cantaba Vetusta Morla: “Los días están contados, no hay más que temer / tan sólo seremos libres cuando no haya más que perder”. Intentemos ser libres un poco antes.

Publicado en el diario HOY el miércoles 19 de abril de 2017

09 abril, 2012

Prever y proveer

No sé por qué motivo cuesta tanto distinguir entre prever, ver con anticipación o preparar medios contra futuras contingencias, y proveer, suministrar lo necesario o conveniente para un fin. La previsión no es uno de nuestros puntos fuertes y tenemos a gala ser magníficos improvisadores. Comentaban los que usan el tren para desplazarse diariamente a trabajar a Mérida que están preocupados por su próximo traslado al llamado Tercer Milenio. Y no lo están porque no les guste el lugar ni por los nuevos edificios, que saben de buena tinta que son inmejorables. La inquietud radica en que probablemente se verán obligados a cambiar de medio de transporte por la falta de coordinación de otras instituciones. Aunque se sabe que en los próximos meses habrá cientos de trabajadores que tendrán que moverse hacia esa zona de la ciudad, no se ha previsto la construcción de un acceso fácil, rápido y directo para los usuarios del ferrocarril que quieran llegar desde la estación hasta las nuevas Consejerías. Tampoco se prevé transporte urbano y el uso de bicicletas es complicado, ya que no hay ninguna base del servicio en la estación deferrocarril y, además, el servicio está vetado a quienes no están empadronados en la capital extremeña. No sabemos qué estudios de movilidad habrá hecho el consistorio emeritense, pero esperemos que no haya pensado en que los trabajadores de las nuevas Consejerías usen solamente vehículo particular a estas alturas del siglo XXI y con estos precios del combustible. Todo saldrá mejor si se prevén los posibles problemas y no se deja todo a merced de frases como “dios proveerá”. ¿Y si no provee?

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de abril de 2012. 



14 marzo, 2011

Prisa


Todos tienen prisa y nadie tiene tiempo. Las ciudades de ese Occidente que muchos llaman civilizado se definen así, con esas dos frases categóricas. La velocidad, esa magnitud física que expresa el espacio recorrido durante un determinado tiempo, se ha convertido en un derecho al que nadie está dispuesto a renunciar. Solamente se piensa en el día a día, sin poner los ojos más allá de pasado mañana. Da igual que acabemos volviendo a ir en burro, pero que ninguno se atreva a decirnos a cuántos kilómetros por hora tenemos que desplazarnos. Las portadas de los periódicos de hace 37 años son iguales que las de hoy: hablan de Gadaffi, de los límites de velocidad, de la crisis económica y del precio del combustible. En algunos países del norte de Europa aprendieron a desplazarse por las ciudades sin usar gasolina y todavía lo siguen haciendo a pesar de los rigores del clima. En cambio, en las zonas más cálidas de Europa, seguimos atando los perros con longanizas y maldiciendo a quien pone obstáculos al transporte en vehículo privado. Y quizá la solución no esté tanto en penalizarlo como en apostar en serio por el transporte público. Habría que hacerlo tal manera, que sólo los muy tontos no acabaran optando por él. Y para eso nos queda mucho camino por andar: desde bajar radicalmente los precios del ferrocarril hasta llenar de carriles para bicicletas todas las calles y avenidas. Si no hacemos nada, los periódicos volverán a hablar de lo mismo dentro de 37 años. Cambiarán los actores pero el texto será prácticamente el mismo. Así que habrá que darse prisa: no tenemos tiempo.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de marzo de 2011

04 mayo, 2009

Ave, Obama


Ahí tienen a Obama, hablando maravillas de los ferrocarriles patrios sin haber montado nunca en uno. Así que debe de haber alguien por ahí contando maravillas de nuestros caminos de hierro. Lo que no sabemos es si le habrán contado toda la verdad: estamos construyendo líneas radiales de trenes de lujo en lugar de estar tejiendo una red transversal de ferrocarriles rápidos, cómodos, sencillos y con capacidad de vertebrar el territorio. En 10 años tendremos paradojas como no poder ir en tren de Toledo a Ciudad Real o de Plasencia a Salamanca. Podremos dando una vueltecita por Madrid, que como sabemos es el centro del Universo. Y es que no aprendemos. Cuando se habla de deuda histórica pongo siempre el mismo ejemplo: en España hay líneas eléctricas de ferrocarril desde los años 40 y en Extremadura nunca se ha puesto ni un solo kilómetro. Hablar de vías dobles electrificadas en Extremadura es como hablarle del fax a Alfonso XII, pero si van en coche entre Madrid y Zaragoza circularán al lado de unas vías dobles y electrificadas por la que ya no pasan apenas trenes y por las que aquí hasta suspiraríamos. Y no sólo Obama habla de los trenes españoles sino que Aguirre y Monago se han reunido para pedir que la línea a Lisboa no se comparta con la de mercancías. Esperanza pide que arreglen la actual vía para mercancías, quizá porque no sabe que los 60 km. entre Mérida y Cáceres se hacen en una hora y diez minutos, casi como hace 50 años. A los que usamos el tren todos los días nos gustaría ver por allí a los políticos, para que supieran de primera mano qué se puede hacer por los ciudadanos de a pie.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 4 de mayo de 2009.


La imagen es de una de esas vías dobles electrificadas que existían e España en los años 40 y 50. En Extremadura nunca invirtió el poder central ni una sóla peseta en nada de esto. Ni en los años 60, ni en los 70, ni en los 80, ni en los 90. Yo creo que es el ejemplo más claro para ejemplificar la dueda histórica de una tierra abandonada durante décadas por los poderes centrales.

18 septiembre, 2008

El error del siglo XXI (1)



Hace unas semana leí esta carta en EL PAÍS. Días después, en mi habitual viaje a mi tierra, pude observar una línea ferroviaria doble y electificada (lo que nos gustaría poder en contar en Extremadura con línea electrificada, aunque no fuera doble) totalmente infrautilizada entre Madrid y Barceona. Todos los trens baratos, que podrían ir por esas vías a más de 200 por hora, han desaparecido en favor de un AVE que es carísimo para la inmensa mayoría de los bolsillos. 

Pero como es el tren que usan los pijos, los dirigentes políticos, los ejecutivos y los comunicadores, aquí estamos preparando toda la geografía para el mayor histórico de la ordenación territorial. 

En la estación de Mérida han colocado un carísimo stand para vendernos la moto de las bondades de  este proyecto estúpido de (in)comunicación llamado AVE. En el mapa se aprecia claramente que, una vez más, la línea que unirá Madrid con Extremadura y Lisboa pasará a escasos kilómetros de Toledo pero no parará. Ya pasó lo mismo en 1992. EL Ave a Sevilla permitía ver Toledo, pero no se podía ir. En la carta alguien se queja de la imposibilidad de viajar en tren de Ciudad Real a Toledo, y por los planos que veo en Mérida cada mañana, tampoco podremos ir de Cáceres a Toledo. Bueno sí se podría. Imaginemos un japonés que viene a España y quiere conocer Toledo y Cáceres. Tal vez podría dedicar un día a Cáceres y otro a Toledo. Pero no podrá ser. EL cerebro que está planificando la gran cagada del XXI ha previsto que el japonés vaya a Toledo desde Madrid, y que si quiere proseguir hasta Cáceres, deberá retroceder 70 Km hasta Madrid y volver a ver Toledo de pasada mientras enfila tierras extremeñas. Tampoco podrá haber lanzaderas que lleven a estudiantes de Talavera a Toledo o a trabajadores de una ciudad a otra. 

He comparado esta situación ferroviaria de Extremadura con la de una casa en la que no hay agua corriente y hay que lavarse en una tina con agua. ¡Eso sí!, han empezado las obras de un jacuzzi/sauna/hidroterapia/... que habrá que pagar a un precio desorbitado y limitado a unos miembros de la familia. Y el problema es que nadie se atreve a reclamar un simple plato de ducha y agua corriente (fría y caliente) para todos.

Luego está la muerte del tren convencional. En algunos lugares de España había líneas decentes, electrificadas, que permitían ir a 200 por hora en algunos tramos. Pero allá a donde llega el AVE, el resto de trenes desaparece. 

Este fin de semana he intentado buscar billetes y transbordos para unir una localidad oscense que está en la antigua línea Madrid-Barcelona con Badajoz. IMPOSIBLE. Gastando una barbaridad en el AVE Madrid-Zaragoza pero sin posibilidades de enlace  por un lado u otro. 

El mal ya está hecho, pero habría que intentar evitar que se hiciera aún mayor. Seguiremos teniendo una estructura radial y no en red. ¿De Mérida a Sevila? - Por Madrid, ¿De Cáceres a Salamanca? Por Madrid. ¿Es que nadie va a poner en tela de juicio esto? ¿Es que no hay nadie que se esté dando cuenta del error histórico?

Sobre este asunto seguiré escribiendo porque tiene tela que cortar


Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...