Ya dije que este recorrido de agosto por mis libros no era ni crítica literaria, ni hit parade particular. Es una sucesión de libros escogidos al azar y que de una manera u otra han dejado una huella. Un personaje al que admiré fue Manuel Vázquez Montalbán. Sus comentarios radiofónicos a primera hora de la mañana en el programa de Luis del Olmo eran el soplo de aire fresco para orientarte en el mundo. No fui seguidor de sus novelas negras pero sí de sus columnas de los lunes en la contraportada de El País. Durante mucho tiempo mi sueño fue escribir una columna cada lunes en la contraportada de un periódico. Con el tiempo, el sueño se ha convertido en una pequeña pesadilla, aunque muy gratificante.
En enero de 1999 leí El Libro de los espejos del Subcomandante Insurgente Marcos. Marcos fue un nombre muy importante ese año y la lectura del libro de Manuel Vázquez Montalbán supuso un nuevo soplo de aire fresco, de fuerza para creer en un mundo mejor. No sé si el tiempo me hará desdecirme. Espero que no.
Me quedo con el verso de Pedro Salinas que encabeza El Libro de los espejos.
Para cristal te quiero,
espejo nunca.
