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11 enero, 2023

Brasilia y Washington

Los dos países más poblados de América tienen como capitales a ciudades que no son ni las más grandes ni las más famosas del país. Con una diferencia de dos años y dos días, ambas han sido portadas de todos los noticiarios del planeta debido a sucesos casi idénticos en su origen, desarrollo y desenlace, con unas puestas en escena muy similares y donde hasta el vestuario o el maquillaje parecían una imitación deliberada.

 

Estos dos episodios han fracasado al otro lado del Atlántico por varias razones, pero la principal de todas es que tanto Estados Unidos como Brasil, a pesar de sus diferencias, son dos Estados con mayúsculas, dos países en los que fantochadas de este tipo jamás podrían salir victoriosas. Si la legalidad constitucional permitió a Trump y a Bolsonaro vencer en sus elecciones de 2016 y 2018 respectivamente fue porque los sistemas electorales y de garantías funcionaron, tanto cuando ganaron como cuando perdieron.

 

Aunque el pueblo ha descabalgado a estos dos personajes, las ideas de extrema derecha se extienden por el mundo y ya han alcanzado el poder en algunos países europeos o en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos cercanos. No necesitan programas muy elaborados para convencer porque la consigna gritada tiene más eficacia. Cuentan, además, con el apoyo de comunicadores de gran audiencia que dulcifican a diario discursos xenófobos, machistas y ultranacionalistas, que extienden la inquietud por todo lo diferente y esparcen entre las clases medias-bajas el miedo y el odio hacia el paupérrimo que viene de fuera, es de otra raza o profesa otra religión

 

Ya pasó en Hungría, en Polonia o en Italia, así que no nos debería extrañar si algún día los tenemos, ya sea en solitario o del brazo de algún hermano mayor, escribiendo en boletines oficiales normas que poco tendrán que ver con el respeto a los Derechos Humanos y con los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad que fundaron nuestra era contemporánea.

 

Anteayer escuché de la voz de un joven brasileiro el devenir histórico de aquel país, desde la huida a Rio de Janeiro de la corte portuguesa en el XIX, hasta la última dictadura militar, la que empezó en 1964 y se extendió hasta 1985. Nos mostró también un vídeo de la toma de posesión de Lula, recibiendo la banda Presidencial de las manos de un niño negro de São Paulo, de un anciano de la Amazonia, de una cocinera de Paraná, de un profesor de portugués o de un activista por los derechos de las personas con discapacidad. Se suponía que era Bolsonaro quien debería haberle entregado la banda, pero andaba ya por Florida divirtiéndose y, sinceramente, creo que hemos ganado con el cambio.

 

Hay quien teme que lo ocurrido en Brasilia y Washington pueda contagiarse. Yo quiero creer que puede actuar como vacuna: si logramos la condena clara de todas las organizaciones demócratas, si conseguimos que nadie coquetee con los que se alimentan de las ideas de Steve Bannon, entonces sabremos que las capitales de nuestros países, sean grandes o pequeñas, no engrosarán la lista y se salvarán de los ataques de tipos con tantos cuernos, tantas banderas, tantos cartuchos, tanta ignorancia y tanta maldad.

 

Publicado en el diario HOY el 11 de enero de 2023 

 


 

06 febrero, 2019

A partir de mañana


Poner el respeto a los Derechos Humanos como principio fundamental para cualquier pensamiento o acción política o económica es la mejor manera de comenzar a entenderse. Todo sería más fácil leyendo los 30 artículos de la Declaración Universal, entendiendo su contenido y convenciéndose de que todo lo demás es discutible y matizable menos esos principios.

A todos nos pueden gustar más unos gobiernos que otros y comprometerse con los derechos humanos te lleva a muchas contradicciones que hay que saber resolver. Se puede ser muy de izquierdas y criticar los fusilamientos de Fidel Castro en 1989, y ser un ultraliberal conservador y abominar del bombardeo de Al Ameria en 1991 o del asesinato deliberado de periodistas serbios en abril de 1999.  Esa es la grandeza de espíritu que necesitamos en momentos como estos, la de ser capaces de quitarnos la venda ideológica y partidista y saber poner fin a unos problemas sin crear otros mayores.

Cuando Trump ganó las elecciones a finales de 2016 muchos pensamos que no pasaba nada, que un fantoche de ese calibre no iba a tener seguidores por todo el mundo. Y es que se nos olvidó pensar que el fantoche tiene hilos y que esos hilos son dirigidos por intereses que se pueden contabilizar en dólares, rublos, yuanes, o barriles de crudo. Si alguien ha pensado por un momento que son los derechos humanos y las libertades de los venezolanos lo que preocupan a gran parte de la clase política occidental, que sepa que le están engañando.

¿Se respetan los derechos humanos en Venezuela? Pues no. Las organizaciones internacionales independientes publican desde hace años informes fidedignos y reveladores al respecto. Y no solo de Venezuela sino de muchos lugares: de toda África, de Oriente Medio sin excepción, de muchos países de la propia Europa y de todo el continente americano, desde Alaska hasta el cabo de Hornos.  La cuestión es si torcer la legalidad con una torcedura mayor es el camino para desenredar la situación que se vive en uno de los países con mayores reservas de crudo.

Pero todo se está complicando: China y Rusia, que ocupan el pódium mundial de violaciones de derechos humanos, quizá no estén dispuestas a dejar a caer a Maduro con todas esas reservas de petróleo en manos del nuevo Monroe y su “América para los americanos”. Venezuela requiere diálogo, mediación, cirugía de mínima invasión y no un loco con una sierra eléctrica. Por eso es preocupante que sensatos europeos hayan apostado por Trump y seguido su estela, porque significa que aquel fantoche no está solo, va sumando adeptos y un tal Steve Bannon recorre el mundo asesorando por doquier.

A partir de mañana hay que preguntarse lo mismo que una vez “liberado” Kuwait en 1991 o Iraq en 2003.  ¿Cuando caiga Maduro van a comenzar a asediar a Arabia Saudí hasta que la monarquía abandone el trono y se permita votar a las mujeres en un régimen de libertades? Sí, yo también me sé la respuesta. 

Publicado en HOY el 6 de febrero de 2019

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