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10 febrero, 2021

Esperanza

Hace muchos años leí un artículo de Punset sobre el experimento que Walter Mischel había hecho con niños de cuatro a seis años. Solos en una habitación, sentados en una silla, con una golosina delante y una campana al lado, a los niños se les ofrecían dos opciones: si eran capaces de estar 15 minutos en la silla sin probar el dulce, recibirían doble ración. Si no podían resistirse, tendrían que tocar la campana y solo podrían comerse una golosina.

Mischel hizo un seguimiento de aquellos niños durante cuarenta años y descubrió que los impacientes acababan teniendo peores resultados académicos y desarrollaban más problemas que quienes se armaban de entereza y no caían en la tentación devoradora. Como no sé nada de psicología, no me atrevo a decir que nuestras sociedades adultas reproducen esos mismos comportamientos y nos dividimos entre los que no pueden aguantar esta situación ni un minuto más, y los que prefieren esperar un poco más y afianzar lo logrado.

Dicen que sufrimos una fatiga colectiva que nos puede llenar de pesimismo. Los optimistas pensamos que todo pasará y todo el mundo recordará estos días, unos con la pena por los seres queridos que se fueron y el resto con sentimientos encontrados. Entenderemos mejor a nuestros padres y abuelas, las que nos contaban historias de guerras y posguerras, y cada uno se convertirá en un relator diferente de sus experiencias con o frente al virus.

Está visto que el mundo abre paréntesis cada 102 años. En 1816 no hubo verano y todo el planeta se cubrió con las cenizas de un volcán indonesio. Dicen que aquellos años de luces tenues inspiraron el Frankenstein de Mary Shelley. 102 años después, tras la primera gran guerra europea, una gripe llamada española dejó cincuenta millones de muertos durante 2 años. Dio paso a unos años 20, que algunos llamaron felices, y en medio de toda la crisis surgieron movimientos tan creativos e interesantes como la Bauhaus o el surrealismo. 102 años después nos ha llegado esta pandemia, en la que todavía nos encontramos sumidos y donde debatimos entre si hay que salir deprisa y arriesgando o con mucha calma y asegurándolo todo.

Me temo que Mischel no descubrió medicamento alguno para armarnos de paciencia y sé que el optimismo no se vende en farmacias. Pero algunos confiamos en que tras este impacto global sabremos reponernos y, como en los siglos pasados, surgirán más escritoras como Mary Shelley, nuevas Bauhaus por el continente, una creatividad que lo inundará todo y, fundamentalmente, una toma de conciencia colectiva de que solo hay un planeta, nos pertenece a todos por igual, y que todo esto lo tendremos que superar juntos.

Cada vez queda menos para que volvamos a salir, a abrazar sin miedo a quienes queremos, a brindar con más ganas que nunca, a visitar pueblos y ciudades, a tomarnos todos los cafés prometidos, a conversar sin las voces apagadas por las mascarillas y sin los sonidos retumbantes de esos sucedáneos de vida que llaman videoconferencias. Ayer llegaba a Marte una sonda espacial llamada Hope, que es como llaman los ingleses a la esperanza. Nos va a hacer falta.

 

Publicado el el diario HOY el 10 de febrero de 2021

 


 

20 diciembre, 2010

Alarma


No todos nos alarmamos por las mismas cosas: a los millones de españoles que nunca montan en avión les preocupa poco que 600.000 se quedaran en tierra hace unos días. Pero la jugada de los controladores afectaba a un estrato social muy influyente  y el gobierno fue capaz de reunirse en sábado y hacer sonar las alarmas. El mismo número de personas se verán perjudicadas por la pérdida del subsidio de desempleo de 426 euros, pero los integrantes de este colectivo deben de ser tan poco glamurosos que no merecen ni un diminuto estado de precaución. Un atentado terrorista provoca la parada de las rotativas y programas especiales en radios y televisiones, con declaraciones de políticos, concentraciones silenciosas y entrevistas por doquier. La septuagésima mujer asesinada por su pareja este año no tiene nombre y seguirá sin tenerlo, no tendrá monolito en su memoria ni se decretarán tres días de luto. Europa es comida a dentelladas por los tiburones financieros mientras los gobiernos, confundidos ante las calificaciones de las agencias de rating, son incapaces de salir en defensa de sus ciudadanos más desasistidos como en su día hicieron con los bancos. Mientras tanto, la población se distrae viendo dar patadas al balón, regurgitando la basura que vierten las televisiones y comentando cotilleos infames. El mundo entero debería estar ya en la calle reclamando otro modelo de organización planetaria, que haga compatibles las palabras vida, dignidad y futuro. Pero no saltan las alarmas. El cloroformo social tiene una eficacia perfecta y la esperanza son cinco cifras cantadas por los niños de San Ildefonso.

05 noviembre, 2008

Cualquier cosa será mejor



Las elecciones americanas nos dibujan aparentemente un mapa de derrotados: las grandes ciudades cosmopolitas, como Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco o Los Angeles han apostado por Kerry. La llamada América profunda, desde Idaho a Florida, se ha decantado por Bush. Sería muy fácil culpar a Kerry de la derrota pero nunca los lamentos sirvieron para construir nada. Aunque una victoria demócrata no habría supuesto grandes diferencias, parece que el 2 de noviembre de 2004 ha creado una lista interminable de derrotados entre los que se encuentran los Derechos Humanos, la gran mayoría de la población mundial, los miles de muertos que la política de guerra preventiva esparcirá en los próximos 4 años, la Tierra, que verá como el mayor contaminador ignora los protocolos de Kyoto.

Como por el momento es difícil exiliarse en la Luna, habrá que hacer frente a un periodo triste para la Humanidad. Lejos de los maizales de Nebraska se pueden ir tejiendo redes capaces de hacer despertar a una ciudadanía que se duerme y que es capaz de sacrificar sus libertades a cambio de una falsa seguridad. El día que se pierda la estima por nuestra propia libertad será cuando estemos realmente derrotados. Hoy empieza todo.

No soy adivino, pero cuando usé la frase de "Hoy empieza todo" pensaba que algún día algo haría despertar, aunque fuese un poquito, a la inmensa mayoría de la sociedad de los Estados Unidos. 

No quiero enjuiciar nada. Daré mi opinión el primer miércoles después del primer lunes de noviembre de 2012. El cambio no llegará si todo se queda en los discursos perfectos. Hace falta algo más que discursos. Eso sí. Ahora, por lo menos, podemos escuchar sin sentir rabia o vergüenza ajena. Es suficiente, de momento.

Matonismo

En las escuelas siempre había un matón, alguien que se creía con el poder de amedrentar a quien le diera la gana y que contaba con el apoy...