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24 octubre, 2011

Lamentar buenas noticias


Cuando algunos escribíamos cartas a la embajada Libia preocupándonos por los derechos humanos en ese país, había quien tomaba té con Gadafi en su jaima y aceptaba con gusto caballos y otros regalos. Estos mismos no tuvieron ningún reparo en bombardear ese país, silenciar los desmanes del Consejo Nacional de Transición, tan sanguinarios como los del loco coronel, y aplaudir a rabiar su ejecución sumarísima y cruel sin juicio ni defensa. Algunos somos capaces de alegrarnos por el fin de la dictadura en Libia pero no conseguimos ser lo suficientemente malvados como para festejar el asesinato premeditado y televisado. No lo quisimos ni para Pinochet ni para ninguno de los generales argentinos que lanzaron al océano a una generación de jóvenes de ideas diferentes. Los conflictos graves y violentos se curan de verdad cuando hay arrepentimiento, reconocimiento del dolor causado y altura de miras para pensar más en el futuro que en el pasado. Es algo que ocurre aquí y en Pernambuco, aunque muchos tienen la lengua desatada para descalificar y echar por tierra las mejores intenciones. Hace una semana, sin ir más lejos,  estaba la mitad de la prensa española acusando de colaboración con banda armada a Kofi  Annan y a ex primeros ministros de Noruega o Irlanda, a quienes se les llamó ignorantes y mercenarios del terror. Desde el jueves se atisba una cierta luz y parece que la paz se acerca, aunque siempre haya quien encuentre pequeños inconvenientes para lamentar las buenas noticias. Cuando las armas dejan de usarse nos dan un motivo de alegría a todos los seres humanos. Hay que celebrarlo.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 24 de octubre de 2011.

21 marzo, 2011

La lucha es alegría



El día 12 de marzo las calles de Portugal se llenaron de gente joven. Respondían a una convocatoria realizada a través de redes sociales y se han autodenominado geração à rasca, generación en apuros. A diferencia de otros lugares, donde es difícil reunir a jóvenes para actividades diferentes al botellón, nuestros vecinos han dicho basta y se disponen a representar un papel activo en un escenario en el que se les suponía meros espectadores pasivos. Me ha costado encontrar una noticia sobre esto en la prensa española y apenas sabemos nada de Islandia, donde hay una revuelta ciudadana contra las mafias económicas que han provocado la crisis. Pero el mundo está más preocupado por evitar que en Libia se maten con las armas que les hemos vendido, y en dejar en buen lugar a la energía atómica. A los que ponían remilgos a la venta de armas a países violadores de derechos humanos, o dudaban de la seguridad absoluta de las centrales nucleares, les llamaban de todo, desde trasnochados hasta tocanarices. Ahora tienen un momentáneo repunte de credibilidad, pero en un par de meses todo olvidado: Almaraz se encuentra muy lejos de Cáceres (70 km. en línea recta) y estamos en una zona en la que nunca hay terremotos grandes (el del 1 de noviembre de 1755 fue de los más fuertes de la historia y dejó muchas huellas a nuestro alrededor). En fin, que llega el buen tiempo y le entran a uno ganas de salir a la calle como nuestros vecinos, animados por unos tipos llamados Homens da Luta, que van animando a la gente a luchar con alegría y que van a ir a Eurovisión con un mensaje más digno que nuestro Chikilicuatre.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 21 de marzo de 2011.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...