
Hubo un tiempo en el que las palabras tenían dueños. Si no eras capaz de acceder a una multicopista, a una vietnamita, a un recuadro de un periódico, a unos segundos en un micrófono, no tenías posibilidad de dar a conocer lo que pensabas.
Este siglo ha cambiado casi todo y esto es ya muy diferente. Será por eso que cada vez tiene menos importancia quién es el dueño del papel en el que se imprimen las palabras que a uno se le ocurren. Hoy hay blogs, páginas webs, foros de debate, listas de correo, SMS que se pasan, presentaciones de powerpoint impactantes y enlaces a vídeos que jamás emitirán las televisiones oficiales. La ley del silencio es, cada vez más, un título sugerente que evoca una película. Así que, pase lo que pasa y venga quien venga, se puede bajar el volumen de los altavces pero es imposible apagarlos.
P.S.: La foto ha sido escogida al azar: creo que es Carrillo de joven.
Este siglo ha cambiado casi todo y esto es ya muy diferente. Será por eso que cada vez tiene menos importancia quién es el dueño del papel en el que se imprimen las palabras que a uno se le ocurren. Hoy hay blogs, páginas webs, foros de debate, listas de correo, SMS que se pasan, presentaciones de powerpoint impactantes y enlaces a vídeos que jamás emitirán las televisiones oficiales. La ley del silencio es, cada vez más, un título sugerente que evoca una película. Así que, pase lo que pasa y venga quien venga, se puede bajar el volumen de los altavces pero es imposible apagarlos.
P.S.: La foto ha sido escogida al azar: creo que es Carrillo de joven.