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25 julio, 2011

Escenografía, atrezzo y vestuario

Hace más de 20 años asistí a una mesa redonda en torno a un festival de teatro, donde el inolvidable profesor Ricardo Puente Broncano apelaba al texto literario como elemento clave de la dramaturgia. El atrezzo, la escenografía, el vestuario e incluso los actores eran secundarios. Y allí intervenían otros hablando de modernas puestas en escena y el profesor volvía erre que erre con el texto, buscando a Valle-Inclán y a Buero Vallejo en el programa del festival, y arremetiendo contra obras representadas que jamás se habían publicado. He recordado aquel debate en un tiempo en el que la puesta en escena se ha convertido en casi todo, desde la ubicación de los asientos a las presentaciones públicas de los fichajes de cada nueva temporada. Nada se improvisa. Los complementos circunstanciales de modo, lugar y tiempo ocupan el elemento central del mensaje y los sujetos se olvidan de los verbos y complementos más directos. Ya no importa tanto qué se hace sino cómo se muestra. El sentido común de Miguel Sebastián invita a despojarse de corbatas a 40 grados, pero la tradición más rancia de Bono es incapaz de anteponer la sensatez a cualquier protocolo. Otra cosa es que existan sibilinas intenciones, y que tanto oropel sea un señuelo con el que confundirnos para acabar todos con un grave problema de lateralidad, en el que no sepamos dónde está nuestra izquierda, y terminemos creyendo que las ocurrencias son mejores que las ideologías. La escenografía, el atrezzo y el vestuario, como diría don Ricardo, no son nada sin el texto, sin el mensaje, sin ese meollo que tanto tarda en aparecer. 

14 julio, 2008

Corbatas y petróleo


Que los Ministros vayan sin corbata es una prueba palpable de que la sensatez puede llegar incluso a las altas instancias, y que para gobernar un país no es necesario llevar el cuello constreñido por fina seda de colores. No lo piensa así el señor Bono, que con 39 grados no se le ocurre otra cosa que ofrecer una corbatita a Miguel Sebastián para que haya que poner el aire acondicionado a 20 grados y las diputadas tengan que tirar de rebequita para asistir al pleno. Nunca he entendido por qué la moda o el protocolo tenían que estar por encima de la comodidad de las personas. A nadie se le oculta que en estas latitudes y en julio es absolutamente insensato llevar camisa de manga larga, chaqueta y un lazo en el pescuezo, pero la tradición no fue nunca amiga de la racionalidad. Ahora el ministro de Industria afirma que tenemos que reducir un 10% el consumo de petróleo en dos años. Fenomenal, y si consiguiéramos reducir un 20% en un año mejor que mejor, pero habrá que ver cómo se consigue. ¿Podemos mejorar los transportes públicos para que no se usen tanto los privados? ¿Podemos transportar las mercancías en un tren en vez de llevar 70 camiones por todas las carreteras? ¿Estamos trabajando en esta línea o sólo pensamos en AVEs de paso? No se si será que en cuanto uno se quita la corbata se llena de buenas intenciones, pero gobernar es algo más que expresar buenos deseos y habrá que empezar por ver si estamos preparados para esa urgente reducción del consumo. Por cierto: si en un par de años hay que gastar menos, a lo mejor no hace falta refinar tanto. Aclaren esto un poquito, por favor.


Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 14 de julio de 2008.

08 julio, 2008

Racimo

Me acabo de enterar de la noticia. Por fin dejará España de fabricar bombas de racimo. Para congratularse... y para preguntarse qué narices tenían en la cabeza Bono y José Antonio Alonso, los anteriores ministros, para que en 4 años - a pesar de la insistencias de ONG's como Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras y Greenpeace- no hubieran hecho nada al respecto.

Un poquino tarde.

14 junio, 2008

Érase una vez...

Érase una vez un país en el que gobernaba una familia de reyes. Ellos se pasaban el poder de padres a hijos y no contaban para nada con la gente pobre y trabajadora. Un día de abril de hace muchos años, la gente pobre y trabajadora se cansó, mandó a la familia del rey a coger un barco en Cartagena, y los reyes se fueron a Italia a refugiarse, donde gobernaba un señor que se llamaba Mussolini. Durante unos años las cosas cambiaron, se hicieron escuelas, las mujeres pudieron votar, hicieron una bandera roja, amarilla y morada,... y muchas cosas más.
Pero había unos señores a quienes no les gustaba la nueva situación así que hcieron una guerra para que todo volviera como antes ( o peor). Ganaron la guerra y durante 40 años no hubo libertades para nadie, ni para hombres, ni para mujeres, se prohibían los poemas y las canciones, no se podían decir muchas cosas,...
Hubo unos valientes que se enfrentaron al tirano, y sufrieron torturas ,y dieron con sus huesos en las cárceles, y....
Pasó el tiempo. Pasó tanto tiempo que a muchos se les había olvidado que hubo quien arriesgó su vida por nuestra libertad. Y decidieron hacerles un homenaje, tarde, pero homenaje. Y alguien sacó de nuevo la bandera de la libertad en aquel palacio. Pero el nuevo dueño del palacio se enfadó mucho, porque aunque se lamaba Bono, no era nada bueno.
Y colorín colorado, a la tricolor han ultrajado.
P.S.
Esta noche voy a contar este cuento. De momento es triste, pero a lo mejor, un día, llega a tener final feliz.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...