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12 diciembre, 2011

Cartas marcadas




La nochevieja que cambiamos pesetas por euros, en aquel lejano 1 de enero de 2002, nos modificaron el modo de medir el índice de precios al consumo, el famoso IPC. No fue nada casual, sino que formaba parte de un timo a gran escala a las personas que trabajaban de un salario. Podrían haber esperado un año para modificar el sistema de medición y así ver de forma fidedigna si el cambio de moneda había producido alteraciones sustanciales. Como pueden ustedes imaginar, aunque no lo recuerden, el nuevo sistema sentenció que no se había producido una escalada de la carestía de la vida.  La realidad es que el precio de un café de 100 pesetas se transformó en 60 céntimos, pero solo durante un tiempo. No tardamos en ver un redondeo al alza y en menos de un año no había bar en la piel de toro en el que no te pidieran un euro por cada tacita. Los sueldos de 100000 pts. no se redondearon automáticamente a 1000 euros y hasta el año 2005 no aparece por primera vez el término mileurista como sinónimo de precariedad en las grandes ciudades españolas, porque en Extremadura ser mileurista era (y casi es) un chollo. Durante los años que se gestó la crisis que ahora padecemos hubo unos listos, los que se enriquecían directamente con el precio de los productos, que nos pegaron un sablazo a los que vivíamos de un salario. Diez años después siguen jugando con nosotros a un póquer en el que ellos tienen nuestras cartas marcadas, nosotros no podemos ver las suyas, nos cambian las reglas en mitad de la partida cada vez que quieren y nos despluman sin piedad. ¿Y si empezamos a plantearnos lo de romper la baraja?

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 12 de diciembre de 2011.

21 diciembre, 2009

Como un tren


Los que usamos el tren en esta región deberíamos recibir la medalla al mérito civil y tener nuestros nombres en el callejero. Somos los que menos contaminamos en nuestros desplazamientos y los que más ayudamos a combatir el cambio climático del que tanto se ha hablado en Copenhague. A cambio, tenemos una red similar a la que había en el resto de España hace 50 años – vías únicas y ni un solo kilómetro electrificado – y siempre hemos tenido que quedarnos con los vagones que jubilaban en otras zonas. Los servicios ferroviarios, que siempre han dependido de los gobiernos centrales, nunca han tratado a todos por igual, pero a la hora de pagar no se hacen distinciones. Ya nos pasó el año pasado y este viene por el mismo camino. El IPC apenas ha subido, nuestros sueldos están congelados pero los billetes van a incrementarse un siete por ciento. Subirán todos los billetes menos los del AVE de largo recorrido. La verdad es que es una medida muy social: todos los curritos a rascarse el bolsillo con la excepción de los ejecutivos que van desde Madrid a Barcelona o Sevilla y a cargo de la empresa. Es así como nos pagan a los héroes del tren, a los que cada día nos invitan a usar otros medios de transporte más contaminantes. Nos esforzamos en hacer un planeta sostenible, asumimos perder algo de tiempo en aras de un mundo mejor, soportamos estoicamente retrasos injustificados, aguantamos los malos modos de algún que otro empleado – no todos – y acabamos pagando el pato. Estar como un tren, en Extremadura, no es sinónimo ni de calidad ni de excelencia de ningún tipo. Se lo digo yo, que lo vivo de cerca.

Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 21 de diciembre de 2009.

La foto es autoría de Mariano Álvaro.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...