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10 marzo, 2014

Juegos de niñas

Una amiga me pone tras la pista de un folleto publicitario en el que los disfraces infantiles para niñas parecen cortados por el mismo patrón, como si no quedara más opción que ser princesa, lolita o una mezcla de ambas. Otro amigo me pasa una curiosa historia sobre un anuncio de la marca Lego en 1981, en el que una chica era protagonista de un juego con enormes capacidades educativas, y de cómo ha cambiado la marca en los últimos tiempos, con dos líneas bien diferenciadas de productos y con dos colores predominantes que las distinguen en mostradores y escaparates.

Anteayer celebrábamos el día de la mujer y hoy merecería la pena reflexionar sobre la educación global que se imparte para erradicar la marginación de la mujer y su reclusión en papeles tradicionales que creíamos totalmente superados. Hace ya tres décadas desde que Joaquín Sabina cantara que las niñas ya no querían ser princesas, pero si se acercan a una tienda de juguetes o a un reality con jóvenes de poco más de veinte años, descubrirán que nos queda demasiado camino por recorrer para liberarnos de algunas mitologías malditas. Lo cierto es que hay una parte significativa de la sociedad que todavía considera a la mujer un ser de capacidades inferiores, y otro importante sector que cree que el poder de la fuerza, ya sea bruta, económica o militar, es un argumento de peso para imponerse en las relaciones humanas. Si no coeducamos de otra forma para aniquilar el totalitarismo de andar por casa, pronto habrá que volver a reutilizar aquel anuncio de Lego en 1981 y nos parecerá hasta un acto revolucionario.

Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 10 de marzo de 2014.

10 octubre, 2011

Revoluciones pendientes


María Moliner dedicó su diccionario a su marido y sus hijos “en restitución de la atención que les había robado”. Cada vez que busco una palabra recuerdo esa dedicatoria y medito sobre su enorme trabajo, la época que le tocó vivir y el sentimiento de culpa que traslucen esas palabras. Y la imagino enredada entre miles de fichas, descuidando el férreo papel de esclava familiar que la sociedad tenía asignado a las mujeres. Sí, ya sé que esta anécdota se remonta a 45 años atrás y que todo ha cambiado mucho. Pero esta misma semana compraba un libro de literatura juvenil que ha de leer mi hijo en el instituto, ambientado en el Camino de Santiago y escrito por una mujer con una curiosa nota biográfica. Junto a datos como que nació en Madrid, su titulación de perito mercantil o su trabajo en una librería, encontré una de esas oraciones concesivas que te ponen la piel de gallina: “Aunque está casada y tiene cinco hijos, logra encontrar tiempo para escribir”.  Al momento me pregunté si habría existido algún varón en el mundo que hubiera escrito algo así en la solapa de sus libros, que hubiera mencionado el tiempo que ha robado a sus hijos mientras se convertía en afamado escritor. Y la respuesta es que no, porque seguimos teniendo marcado en el subconsciente que solo las madres tienen la obligación de velar más por sus hijos y sus maridos que por sí mismas. El 15 de octubre tenemos una cita en las calles para hacer una revolución global y no deberíamos olvidarnos de las revoluciones pendientes que quedan por hacer en cada casa. Por cierto, María Moliner ya merecería algún honor en calles y plazas de Extremadura

09 marzo, 2009

Igualdad


Sabemos que desde aquel primer 8 de marzo las cosas han cambiado bastante. Todos nos hemos reído con ese contrato para maestras del año 1923, uno que casi todo el mundo ha recibido por e-mail, y en el que se les prohibía frecuentar heladerías y montar en coche con hombres que no fueran el padre o el hermano. Y nos hace gracia porque hoy nos parece increíble algo que nuestras abuelas vieron como normal. Que se haya avanzado mucho no significa que una tarea esté acabada: todavía estamos lejos de acabar con la discriminación de género incluso en el llamado primer mundo. Lo que debiéramos plantearnos, antes de continuar por rutas equivocadas, es si todo el camino que nos queda por recorrer hacia esa igualdad debe hacerse en el mismo sentido y con los mismos protagonistas. Si la igualdad consiste en que las mujeres asuman papeles que tenían prohibidos y que eran privilegio de los varones, podemos acabar reproduciendo, en otros cuerpos, los mismos errores de los que pretendíamos salir. Maldita igualdad si con ella sólo logramos que las mujeres puedan alcanzar altísimas responsabilidades en las que pasar trabajando 18 horas diarias, manifestando frialdad, incomprensión y falta de sentimientos humanos. Tal vez no sea preciso que las mujeres se parezcan más a los varones sino que éstos muevan ficha y busquen la igualdad haciendo un recorrido inverso que les permita disfrutar de todo lo que el machismo les ha impedido desarrollar plenamente: participar de cerca en la educación de los hijos, mostrar sensibilidad, dar rienda suelta a los sentimientos y adquirir esa virtud que llaman empatía.  No es poco.


Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 9 de marzo de 2009.

08 marzo, 2009

8 de marzo

Hace tres años publiqué algo sobre los dichosos días mundiales. El 8 de marzo es diferente y creo que es una de esas fechas en las que debemos pararnos y reflexionar. Mañana dedico mi columna a la igualdad entre varones y mujeres, sin mucha profundidad, con las limitaciones que tiene una columna. Por eso creo que hay que pensar y repensar muchos de los problemas que nuestras sociedades tienen.

La inmensa mayoría de las mujeres del mundo continuan sin recibir la consideración de ser humano pleno de derechos. Siguen existiendo, en papel o de facto, títulos de propiedad de ellas como si fueran ganado o parcelas. Por lo tanto, a la hora de abordar los problemas de la mujer en el mundo, deberíamos colocar en primer lugar esa cuestión y no otra. No nos vale el relativismo cultural ante violaciones de derechos humanos muy graves que se cometen con el beneplácito de los gobiernos de casi todo el mundo.

Si nos fijamos en los problemas que tenemos en el llamado primer mundo, vemos que todo tiene una gravedad menor. Eso no significa que no sea importante y que las luchas feministas hayan dejado de tener sentido aquí y ahora. Por mucho que les pese a quienes quieren desprestigiar la palabra feminismo, intentando equipararla con el hembrismo, las mujeres siguen teniendo más dificultades que los varones en muchos aspectos de la vida y es por eso que el feminismo sigue siendo necesario.

Muchas veces nos hartamos de hacer leyes para resolver problemas y no nos damos cuenta de que la cuestión no radica en una nueva norma sino en hacer efectivas las existentes. Si el artículo 14 de la Constitución y el 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos fueran vigilados en su cumplimiento con el mismo celo que se hace con el pago del IVA o con el exceso de velocidad (allí donde hay radares) estaríamos hablando de más. Quizá sea ese uno de los escollos: no podemos poner un radar en cada ciudadano que nos haga saltar las alarmas ante discriminaciones por razón de sexo.

Me escandalizo cada vez que leo un estudio en el que se habla de la discriminación salarial de las mujeres. Siempre me hago la misma pregunta. ¿Por qué no cogen las nóminas en las que se demuestra esa discriminación, van a la inspección de trabajo y ponemos una sanción lo suficientemente gravosa como para que no merezca la pensa volver a discriminar?

Otra cosa que no consigo entender es las normas que se hacen para conseguir la reconciliación familiar y que parten de un concepto equivocado: los hijos (y los mayores) son una responsabilidad de la mujer y "subsidiariamente y en algunas ocasiones" también de los varones. Cuando se legisla ad mulierem en esos aspectos, se está discriminando en el intento de hacer desaparecer la discriminación.

Creo que la discriminación en nuestros países llamados occidentales parte de las relaciones humanas. En las parejas sigue existiendo (incluso en las más progres) una desigualdad que marca de un modo definitivo. Es muy difícil legislar en este sentido, porque si una mujer consiente la discriminación que ejerce su propia pareja poco podemos hacer los demás. Pero poco no significa nada, y hay algunas normas que sí que se podrían dictar para resolver esa cuestión.

Por ejemplo, soy partidario de que el permiso de paternidad sea de una semana (en lugar de los quince días actuales) pero que, a cambio, la baja maternal se pueda extender hasta seis meses siempre y cuando dos de ellos sean disfrutados, obligatoriamente, por el varón. [Se haría excepción en caso de familias monoparentales, obviamente]

Por muchas razones:

1. Implicar al varón (muchos no están concienciados) en el cuidado y el afecto a sus hijos.
2. Evitar la discriminación a la mujer a la hora de seleccionar el personal. Si cada nacimiento sabemos que va a "costar" un mínimo de dos meses y un máximo de cuatro, habremos conseguido hacer desaparecer muchas excusas.
3. Los niños son un bien de la sociedad y su "coste" (lo pongo entre comillas, yo creo que es una inversión y no un coste) no debe reacaer sólo en quien gesta, da a luz y amamanta la criatura. El resto de los cuidados que se dan a un niño los puede hacer un varón sin limitación física o mental específica en función de su sexo. Creo que sería una medida educativa en la sociedad y en la familia.

Me he encontrado a mujeres que cuando les he dado a conocer esta propuesta les parecía mal. Estaban a favor de poder tener seis meses de baja pero que los otros dos meses fueran optativos entre el padre y la madre. Yo creo que eso sería un error porque perpetuaría los estúpidos prejuicios del empresariado, que sigue viendo en las bajas maternales un problema que traen las mujeres (cuando es una situación que traen las familias). Esa posibilidad de opción haría que en el 95% de los casos fuera la mujer la que se los pidiera y no habríamos avanzado nada.

Creo que ya he escrito suficiente por hoy. Pero es un asunto que da para mucho más. Llevo hablando mucho de este tema con un viejo amigo y en algunas cosas creo que estoy de acuerdo con él. Quizá no debamos buscar la igualdad entre varones y mujeres. Tal vez lo más enriquecedor sea que los varones aprendamos de la manera de ver y de sentir que ellas tienen y que, por culpa de la educación machista, nos fue negado a los varones.

Sobre la violencia machista tengo que poner un día un post "elaboradito". ¿Dónde nace? ¿Es innata? ¿Se aprende? ¿Quién la enseña?

Pero eso lo dejo para otro día. Por cierto, feliz día a quienes luchan por los derechos de las Mujeres en todo el mundo.

La canción de Javier Krahe - tiene muchos años- es una descripción certera de ese machsita de todos los días que sigue habitando tantas casas.

17 junio, 2007

La cara de la moneda

Si alguna vez van a una sala de espera de pediatría o a una reunión de padres de alumnos del colegio se darán cuenta de que, salvo excepciones, sólo hay mujeres acompañando a los niños u ocupándose por los asuntos escolares. Volvía a reparar en ello el lunes pasado, cuando llevaba a mi hijo a unas pruebas de alergia y el médico, al verme entrar, se asombró y preguntó dónde estaba la madre. Le contesté que había pedido yo el permiso y que nos turnamos para estos menesteres. Me atreví a decirle si hacía la misma pregunta sobre el padre cada vez que venía un niño con la sola compañía de la madre y, con cierto malhumor, me respondió que eran las madres las que le servían para algo en estas situaciones. No andaba desencaminado en su apreciación porque en los minutos siguientes me preguntó por toda la vida, obra, milagros y enfermedades de mi hijo, algo que un padre que no hubiera estado acostumbrado a ir al pediatra habría sido incapaz de responder. Fue entonces cuando constaté que permanece en muchos subconscientes un concepto de normalidad sobre los papeles de varones y mujeres que cuesta mucho eliminar. El machismo no se tapa con las leyes y que sean hombres o mujeres quienes aparecen en la cara de las monedas es poco importante, pero precisamente esa irrelevancia nos debiera hacer reflexionar sobre qué llevó a ignorar a los personajes femeninos a la hora de acuñar nuestras recientes monedas: ¿no existían o no se pensó en ellas porque hasta el lenguaje las hace invisibles? Cuando en la sala de espera de pediatría haya tantos varones como mujeres estaremos empezando a salir del túnel de la desigualdad.
Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 18 de junio de 2007
P.S. No se pueden imaginar cuánto nos queda por hacer en el camino de la igualdad. Primero porque las nuevas generaciones de varones no vienen, ni mucho menos, con otro chip. En segundo lugar porque el fascismo machista se encargó de hacer ver que el feminismo no tenía sentido y era algo transochado, cunado en realidad lo que estaban haciendo era defender el status machista desarticulando el movimiento. La igualdad debe empezar desde el minuto 1 del partido: Con coeducación absoluta en la escuela, con re-educación de padres y madres, con igualdad en la pareja. Si una mujer consiente la desigualdad en la pareja está permitiendo que el machismo impere dentro y fuera de casa. Podremos hacer muchas leyes, pero necesitamos cambiar mentalidades. El día que veamos en una moneda a María Moliner, a la que en el año 1972 no dejaron ser académica de la lengua porque el resto de varones eran conscientes que ella sabía más que el resto, no habremos dado un paso pero sí habremos tenido un detalle.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...