08 marzo, 2009

8 de marzo

Hace tres años publiqué algo sobre los dichosos días mundiales. El 8 de marzo es diferente y creo que es una de esas fechas en las que debemos pararnos y reflexionar. Mañana dedico mi columna a la igualdad entre varones y mujeres, sin mucha profundidad, con las limitaciones que tiene una columna. Por eso creo que hay que pensar y repensar muchos de los problemas que nuestras sociedades tienen.

La inmensa mayoría de las mujeres del mundo continuan sin recibir la consideración de ser humano pleno de derechos. Siguen existiendo, en papel o de facto, títulos de propiedad de ellas como si fueran ganado o parcelas. Por lo tanto, a la hora de abordar los problemas de la mujer en el mundo, deberíamos colocar en primer lugar esa cuestión y no otra. No nos vale el relativismo cultural ante violaciones de derechos humanos muy graves que se cometen con el beneplácito de los gobiernos de casi todo el mundo.

Si nos fijamos en los problemas que tenemos en el llamado primer mundo, vemos que todo tiene una gravedad menor. Eso no significa que no sea importante y que las luchas feministas hayan dejado de tener sentido aquí y ahora. Por mucho que les pese a quienes quieren desprestigiar la palabra feminismo, intentando equipararla con el hembrismo, las mujeres siguen teniendo más dificultades que los varones en muchos aspectos de la vida y es por eso que el feminismo sigue siendo necesario.

Muchas veces nos hartamos de hacer leyes para resolver problemas y no nos damos cuenta de que la cuestión no radica en una nueva norma sino en hacer efectivas las existentes. Si el artículo 14 de la Constitución y el 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos fueran vigilados en su cumplimiento con el mismo celo que se hace con el pago del IVA o con el exceso de velocidad (allí donde hay radares) estaríamos hablando de más. Quizá sea ese uno de los escollos: no podemos poner un radar en cada ciudadano que nos haga saltar las alarmas ante discriminaciones por razón de sexo.

Me escandalizo cada vez que leo un estudio en el que se habla de la discriminación salarial de las mujeres. Siempre me hago la misma pregunta. ¿Por qué no cogen las nóminas en las que se demuestra esa discriminación, van a la inspección de trabajo y ponemos una sanción lo suficientemente gravosa como para que no merezca la pensa volver a discriminar?

Otra cosa que no consigo entender es las normas que se hacen para conseguir la reconciliación familiar y que parten de un concepto equivocado: los hijos (y los mayores) son una responsabilidad de la mujer y "subsidiariamente y en algunas ocasiones" también de los varones. Cuando se legisla ad mulierem en esos aspectos, se está discriminando en el intento de hacer desaparecer la discriminación.

Creo que la discriminación en nuestros países llamados occidentales parte de las relaciones humanas. En las parejas sigue existiendo (incluso en las más progres) una desigualdad que marca de un modo definitivo. Es muy difícil legislar en este sentido, porque si una mujer consiente la discriminación que ejerce su propia pareja poco podemos hacer los demás. Pero poco no significa nada, y hay algunas normas que sí que se podrían dictar para resolver esa cuestión.

Por ejemplo, soy partidario de que el permiso de paternidad sea de una semana (en lugar de los quince días actuales) pero que, a cambio, la baja maternal se pueda extender hasta seis meses siempre y cuando dos de ellos sean disfrutados, obligatoriamente, por el varón. [Se haría excepción en caso de familias monoparentales, obviamente]

Por muchas razones:

1. Implicar al varón (muchos no están concienciados) en el cuidado y el afecto a sus hijos.
2. Evitar la discriminación a la mujer a la hora de seleccionar el personal. Si cada nacimiento sabemos que va a "costar" un mínimo de dos meses y un máximo de cuatro, habremos conseguido hacer desaparecer muchas excusas.
3. Los niños son un bien de la sociedad y su "coste" (lo pongo entre comillas, yo creo que es una inversión y no un coste) no debe reacaer sólo en quien gesta, da a luz y amamanta la criatura. El resto de los cuidados que se dan a un niño los puede hacer un varón sin limitación física o mental específica en función de su sexo. Creo que sería una medida educativa en la sociedad y en la familia.

Me he encontrado a mujeres que cuando les he dado a conocer esta propuesta les parecía mal. Estaban a favor de poder tener seis meses de baja pero que los otros dos meses fueran optativos entre el padre y la madre. Yo creo que eso sería un error porque perpetuaría los estúpidos prejuicios del empresariado, que sigue viendo en las bajas maternales un problema que traen las mujeres (cuando es una situación que traen las familias). Esa posibilidad de opción haría que en el 95% de los casos fuera la mujer la que se los pidiera y no habríamos avanzado nada.

Creo que ya he escrito suficiente por hoy. Pero es un asunto que da para mucho más. Llevo hablando mucho de este tema con un viejo amigo y en algunas cosas creo que estoy de acuerdo con él. Quizá no debamos buscar la igualdad entre varones y mujeres. Tal vez lo más enriquecedor sea que los varones aprendamos de la manera de ver y de sentir que ellas tienen y que, por culpa de la educación machista, nos fue negado a los varones.

Sobre la violencia machista tengo que poner un día un post "elaboradito". ¿Dónde nace? ¿Es innata? ¿Se aprende? ¿Quién la enseña?

Pero eso lo dejo para otro día. Por cierto, feliz día a quienes luchan por los derechos de las Mujeres en todo el mundo.

La canción de Javier Krahe - tiene muchos años- es una descripción certera de ese machsita de todos los días que sigue habitando tantas casas.

6 comentarios:

Los viajes que no hice dijo...

Pues mira, no voy a debatir nada de lo que has dicho. Sólo te digo que me alegro de conocerte. Y creo que con eso ya he dicho todo.

Paco Centeno dijo...

Yo creo que mientras el 50% de la población, nosotros los hombres, los de las prebendas, no queramos implicarnos a fondo en el tema, no podremos conseguir lo evidente, la igualdad entre hombres y mujeres.
Y para eso hay que cambiar muchos cánones y costumbres de comportamiento, y abrir la "caja negra" de los hogares y ver la realidad que allí se da. Es probable que nos encontremos que mientras la sociedad propugna, propaga y grita igualdad, en los hogares se perpetúen los cánones que no deseamos.
Perdona la extensión. Un saludo

Puntos de vista y ... nada más dijo...

Gracias por ese comentario (que casi me hace sonrojarme). Lo difícil no es decirlo, lo que hay que hacer es vivir como se piensa para no acabar pensando como se vive. Lo intento (y sin pecar de inmodestia creo que algo consigo).

Paco: No había escuchado esa expresión que me parece muy descriptiva. La caja negra.

Yo creo que corremos el peligro de legislar en el aire, de construir una igualdad de apariencia que no se sostiene, con unos cimientos débiles. Por eso creo que la igualdad debe ser un asunto transversal que afecte a todo: educación, política, cultura, y sobre todo, familia. De nada me vale tener igualdad de derechos fuera si la situación del hogar me impide ejercerlos.

Si empezamos por reparar la caja negra el resto vendrá dado.

saludos

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola amigo:

Lo expresas muy bien: "Tal vez lo más enriquecedor sea que los varones aprendamos de la manera de ver y de sentir que ellas tienen y que, por culpa de la educación machista, nos fue negado a los varones".

Esto tiene mucho que ver con lo que dice Paco de la "caja negra". Estamos en una etapa histórica interesante, etapa histórica que nos fuerza a abrir esa enorme cantidad de "cajas negras" que tenemos como sociedad.

Recibe un muy fuerte abrazote amigo.

José F. Gras dijo...

"Hay 1.583 personas inscritas en la oficina de empleo que tengo más próxima, la de Zafra. El 60% son mujeres en paro."

Felicidades por tu entrada.

Un abrazo

Hitos dijo...

No quiero ser igual que los hombres, quiero tener las mismas oportunidades.

Me molesta enormemente que se hable de lenguaje sexista y frases como "miembras ponentas de la mesa" (cuando estabamos organizando el día de la mujer del año pasado).

Me erijo mujer monotarea mientras mi pareja sea monotarea. Reibindico no ser supermujer

Las tareas domésticas no son mías. Son parte del proyecto que tengamos como pareja y cuando los hijos crecen, parte del proyecto familiar.