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30 julio, 2014

Ser valiente

Una de mis canciones preferidas de Joaquín Sabina es esa en la que desgrana un sinfín de deseos: que no te compren por menos de nada, que gane el quiero la guerra del puedo, que las verdades no tengan complejos, etc. Aunque no lleguen a estar de acuerdo con todos los versos, les aseguro que escucharla de vez en cuando es un sano ejercicio para tomar aire y afrontar con optimismo la vida. Hoy, que empiezo a publicar en el periódico al que mi padre se suscribió cuando llegó a Extremadura, no puedo dejar de recordar unos consejos que me dio con su ejemplo, porque no era de los que sentaba a sermonear de palabra: trata de ser lo más libre que puedas y no te conviertas en esclavo de nada ni de nadie. No es tarea fácil: intentar profundizar en la actualidad o en la realidad – que no siempre coinciden – puede traer no pocos problemas, incluso si ya has señalado en el frontispicio que esto de opinar es una ciencia incierta.




Si hay una cosa que me gusta de la prensa portuguesa es que muchos periódicos los leen personas de espectros ideológicos diametralmente opuestos, algo que en España casi ha desaparecido. Y la fórmula es bien simple: información veraz, contrastada y lo más aséptica posible, acompañada de análisis de todos los colores del arco iris, incluso muy contrarios a la línea editorial. Pero lo fundamental, por encima de todo, es que los medios nos cuenten lo que ocurre, que nos den todos los datos y que aprendamos a sacar nuestras propias conclusiones, que para eso se supone que somos lectores adultos. También es necesario que las verdades se cuenten sin mirar a quién benefician o perjudican, con criterios sólidos y que sirvan para todos los casos, porque esa es la única manera de acabar siendo creíble.

En Extremadura ha habido muy malas costumbres a la hora de encajar el ejercicio de la prensa libre. Incluso hay quien cuenta que hubo momentos en los que se amenazaba o premiaba con publicidad institucional en función de la docilidad. Ahora que se vive una etapa de transformaciones en los medios de comunicación, se vislumbran encrucijadas en las que habrá que optar por hacer seguidismo de todo lo que se fabrica en mil gabinetes, o por aventurarse a la hazaña de actuar en beneficio de una sociedad que necesita estar informada sin más artificios que la verdad.

Y es entonces cuando vuelve uno a recordar otros versos de la canción de Sabina: que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena. En la tesitura de ser héroes hasta el final, cueste lo que cueste, o acomodarse de manera indigna al sol que más calienta, imagino que debe de haber algún término medio, una especie de estado de equilibrio en el que se pueda contar lo que pasa y decir lo que se piensa, sin que haya que arrepentirse de ello.

Publicado en el diario HOY el 30 de julio de 2014.


29 diciembre, 2009

Opinar, informar y otras cosas.


Los medios de comunicación y la política mantuvieron a lo largo del siglo XX una relación de interdependencia. Una relación que les permitía sustentarse mutuamente mediante malabarismos que se equilibraban tirando de un lado y replegando de otro. Los ámbitos reducidos, como son ciudades o regiones, hacían que la relación alacanzase una cercanía tal que a veces era difícil distinguir el discurso periodístico del discurso político, especialmente por esa costumbre que han ido adquiriéndose quienes se dedican a la política de hablar en forma de titulares, dictar encabezados antes de que el o la plumilla ponga uno que no interese.

Hay cosas de la prensa portuguesa que me han parecido siempre interesantes. La primera es que se puedan leer muchos periódicos - sobre todo semanarios- desde cualquier punto del espectro político sin que te entre urticaria. No quiere decir que no haya líneas editoriales que apuntan a determinados posturas, pero se cuida que no haya descaro y se intenta tener un abanico plural de colaboradores y columnistas.

Por otro lado, los periodistas tienen que mostrar su independencia y preguntan y repreguntan a los políticos DE TODOS LOS COLORES. Los políticos saben, cunado van a una entrevista televisiva, que no se pueden salir por las ramas porque quien está enfrente va a ser capaz de decir, como he escuchado en más de una ocasión, eso de " O senhor Primeiro-Ministro não está a responder às minhas perguntas" (En España es impensable)

Echo de menos en España (y también en Extremadura, claro está) que haya condiciones para poder tener un periodismo independiente y con aparente imparcialidad. Pero también creo que la clase política española debería propiciar que eso existiera: que no haya llamadas de un político al director de un medio para que la persona que lleva asuntos de política regional, municipal o económica sea trasladada a otra sección porque no gusta lo que escribe, presionar para que no se hable de determinado asunto, mandar al ostracismo a una productora por realizar un reportaje incómodo, etc.

Los políticos que encajan bien las críticas, que se defienden de ellas y que digieren bien aquello que les sirve para aprender, acaban por no ser débiles sino sensatos y consecuentes. Nunca hay que temer a la prensa en las circunstancias actuales. Por suerte, o por desgracias, tiene menos poder que el que la literatura y el cine le han otorgado.

Acaba la primera década de este siglos y las cosas ya no pueden volver a ser como antes. Hace 15 años era imposible que nadie ganara unas elecciones en occidente sin el apoyo de, al menos un grupo mediático. Pero han ocurrido hechos (Obama es uno, pero no el único) que -según se afirma-han abierto una grieta en el sistema. Yo creo que no. Que Obama es el outsider al que han dejado entrar para que todos nos quedemos boquiabiertos y digamos "Yes, we can".

Internet puede ser la grieta que mine el poder de los media. Hace 15 años Ramonet y Chomsky escribían Cómo nos venden la moto . Era una época en la que diez personas podían controlar qué podía ser conocido y qué hechos pasarían a la categoría de inexistentes. Hoy hemos abierto la grieta y es por eso que hay un interés en controlar internet, un peligro para los políticos totalitarios disfrazados de demócratas, porque hace posible que una realidad acabe siendo conocida a pesar de que no salga en las portadas de los periódicos o en los telediarios.

19 mayo, 2008

Vidas privadas


Cuando me enteré de que el príncipe de Asturias se iba a casar con una redactora de TVE me estremecí por un momento ante la posibilidad de que se tratara de mi hermana. Por un instante me vi, de la noche a la mañana, pasando de enarbolar banderas tricolores a compartir mesa y mantel con un descendiente de Fernando VII y al que podría vocear el grito del cuñao sin ser arrestado. Por suerte, supe enseguida que la redactora se apellidaba Ortiz y que me había librado de tener que pararme a pensar qué ropa me ponía cada mañana. En cambio, hubo a una chica a la que la decisión de su hermana le tiene amargada la existencia: sale de su casa con unos fotógrafos al acecho y una cerveza con un amigo hace que el papel chuché informe de un nuevo romance.

Probablemente no se pueda impedir por ley que las televisiones y revistas tomen fotos y persigan a cualquier persona por espacios públicos, pero no me cabe duda de que se trata de un acto de una pésima educación. Lo preocupante es vivir en un país en el que millones de personas no tienen otro entretenimiento que comentar el vestido de fulanita o el peinado de menganito. Si existe esa bazofia intelectual llamada prensa del corazón es porque existen lectores y espectadores que consumen esos miserables productos. Lo ideal sería que a nadie se le persiguiera en su vida íntima porque la inteligencia colectiva hubiera dejado de preocuparse de lo que no tiene ninguna relevancia. Así que no nos engañemos: quienes amargan las vidas privadas no son los periodistas pesados sino la audiencia de unos contenidos que debieran avergonzar a cualquiera con algo de materia gris.
Publicado en la contraportada de EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 19 de mayo de 2008.

22 octubre, 2007

Prensa y política



A finales de los 80 se puso de moda un tipo de entrevista política caracterizada por la total sumisión del periodista hacia el gobernante. Victoria Prego fue abanderada de esta forma de hacer periodismo hasta que Javier Gurruchaga la enterró con una parodia en la que preguntaba a un enano canadiense que era clavado a Felipe González. Pero el género no estaba agotado: Urdaci y Buruaga lo llevaron a su punto más alto, sobre todo el día que éste le hizo a Aznar aquella pregunta difícil y contestó lo de “créanme cuando les digo que en Iraq sí hay armas de destrucción masiva.” En la misma época que aquí no se hacían preguntas mínimamente comprometidas, en Portugal había un primer ministro que se intentaba salir por la tangente en la televisión pública mientras que el entrevistador le interrumpía diciéndole “que no estaba respondiendo a las preguntas”. Unos han instaurado la norma de despellejar al político para no convertirse en periodistas cobardes, y otros han parcelado todo de manera que sólo se dejan entrevistar por los de su cuerda y se niegan a hablar con los medios que consideran adversos. Hoy y mañana se analizan en Badajoz las difíciles relaciones que existen entre la prensa y la política: la primera trata de influir en la segunda, y la segunda quiere controlar a la primera para que cuando influya lo haga por donde le conviene. Ante este panorama cada vez se hace más difícil aquella quimera de la independencia de los medios, pero cabría preguntarse si no hay un término medio entre dar continuamente agua bendita a los afines y vomitar sapos con culebras a los contrarios.
Publicado en EL PERIÓDICO EXTREMADURA el 22 de octubre de 2007

21 octubre, 2007

Curso Prensa y Política

Si os interesan Portugal o las relaciones entre los medios de comunicación y la política, os recomiendo que os paséis por el Palacio de Congresos y Exposiciones de Badajoz los días 22 y 23 de octubre. Importantes personalidades de los medios de España y Portugal pasarán por aquí. Es absolutamente gratis y os podéis inscribir en la web agoraextremadura.es. Nos vemos allí.

Historia de mi colección de "Fuellas"

Las navidades de 1984 las pasé, como era habitual, en Monzón. Y allí pude ver en el informativo regional de RTVE en Aragón una noticia sobre...